«A un chico su jefe no le pregunta si va a tener hijos»

«A un chico su jefe no le pregunta si va a tener hijos»
IOSU ONANDIA

Helena (25 años) se topó en su primera entrevista de trabajo con un jefe que le cuestionó por su pareja o su intención de tener hijos

MARÍA REGOVitoria

El primer contacto de Helena Ciprés con el mercado laboral, ese donde la mujer soporta una mayor tasa de paro y un menor acceso a los puestos de poder, no resultó precisamente para guardar en el recuerdo. Y no solo por la mochila de nervios que carga quien sale en busca de un contrato. Había cursado Marketing y Publicidad y en su estreno en una entrevista de trabajo, hace año y medio, se encontró con la realidad machista que aún impera en algunos despachos. «Al principio había muy buen rollo, el jefe parecía majo, pero según fue avanzando me empezó a preguntar si tenía pareja, si había pensado casarme, si quería tener hijos...», recuerda esta vitoriana de 25 años convencida de que «esas cosas no se las hubiera dicho a un chico». «No son preguntas necesarias, no vienen al caso. Lo que hay que valorar es si una persona vale o no para un puesto, nada más», sostiene.

Unos días después se produjo la llamada que le confirmaba que la empresa, radicada en la capital alavesa y dedicada a la maquinaria, le había fichado aunque antes debía superar «un mes de prueba», algo que en un principio entraba en la lógica empresarial. Pero la alegría duró poco. En concreto, tres jornadas laborales. «Entonces vino el jefe a mi mesa y me pidió que fuera a su despacho. Allí me explicó que no encajaba y que se había pasado mi periodo de prueba, así que estaba en la calle», relata. Al disgusto por verse de nuevo fuera del mercado laboral se unió el gesto definitivo por parte de su ya exsuperior -y dueño de la compañía- que confirmó las malas sensaciones que Helena había tenido sobre él durante la entrevista. «Me dio el sueldo de los tres días en un sobre y aparte un ‘plus’, me dijo, por mi buena presencia», cuenta hoy con la tranquilidad relativa que en una cuestión así ofrece el paso del tiempo. La surrealista situación descolocó a la joven, que tomó el dinero y se marchó aunque no quiso que lo ocurrido se perdiera en su silencio y advirtió de ello a su centro de estudios, que contaba con esta empresa en su bolsa de trabajo.

- ¿Y no le dijiste nada cuando te dio ese ‘plus’ por buena presencia?

- Yo soy una persona que tengo siempre respuesta para todo pero, en ese momento, no sabía qué decir, me quedé en ‘shock’. Me pregunté si de verdad estaba pasando y no me salió nada. Cogí el dinero y me fui del despacho.

A su jefe -«de unos 40 a 50 años, soy muy mala para calcular las edades», comenta- sí que se le ocurrió pedirle horas más tarde que les echara una mano para realizar unas traducciones «porque llegaban unas personas de Noruega y nadie en la empresa hablaba inglés». «Y yo lo hice para que no se quedaran colgados mis compañeros. Traduje un manual entero en dos días y, cuando fui a cobrar, encima me dijo que le parecía un poco caro, pero pagó. No he vuelto a saber nada de él», comparte esta veinteañera que atiende hoy en una tienda de cosmética en un centro comercial de Vitoria. Después de aquella primera, y desagradable, experiencia se enfrentó a nuevas entrevistas de trabajo aunque «nunca» se volvió a encontrar con una pregunta que no tocaba, ni con actitudes machistas entre sus superiores o sus compañeros.

«Nadie luchará por nosotras»

Sin embargo, Helena considera que queda «mucho por avanzar» en todos los ámbitos. «A veces pienso que vamos para atrás, que hay muchas actitudes que se están normalizando», asume. De hecho, cree que «no era la primera vez» que su exjefe se desenvolvía con esas formas en una entrevista laboral o metía un ‘plus’ de ese tipo en un sobre. Y, a pesar de que no ha vuelto a sufrir una escena así, esta joven soporta como muchas otras comentarios fuera de lugar en la calle o, por ejemplo, cuando sale por la noche. «Te dicen algo sin conocerte de nada, sin saber cómo puedes reaccionar», lamenta. La solución, advierte, es tan sencilla y complicada como «luchar todas porque nadie lo va a hacer por nosotras».

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