Pieles con mucho que contar

Pieles con mucho que contar

Un estudio de Algeciras es pionero en hacer tatuajes sonoros. «Hay clientes que nunca se habían tatuado, pero esto es otra historia»

SUSANA ZAMORA

Solo recuerda que buceaba en una red social; ni siquiera lo que la había empujado en ese momento a ponerse frente al ordenador. En la inmensidad de ese océano informativo que es internet, saltaba de página en página, a golpe de ratón, un click tras otro, hasta que un contenido despertó su curiosidad. Aquello tan fascinante le descubría un mundo nuevo, una oportunidad a medio camino entre lo profesional y lo sentimental. Pensó en su madre, ya fallecida. A ella dedicaría su primer proyecto.

Pero tardó en llegar. Más de lo que ella inicialmente había imaginado. Maro Díaz dejó un mensaje en aquel dominio de la red interesándose por aquello que promocionaban. «En aquel momento, ni me fijé en quiénes eran», recuerda esta profesional del tatuaje, con 14 años de experiencia en el sector. Ocho meses después, en octubre pasado, halló la respuesta.

Se trataba de una empresa especializada en una novedosa técnica de tatuajes sonoros, algo que ya se conocía en EEUU, pero que esta firma rumana, Soundwaves Tattoo Network, había patentado en Europa. Buscaban colaboradores en todos los países y aquel mensaje de Maro sirvió para entablar la colaboración que tienen actualmente y que ha convertido su estudio de Algeciras (Cádiz) en el único que tatúa sonidos en España. Sección Áurea Tattoo&Piercing tiene la exclusividad con ellos durante este año para desarrollar este proyecto que une tecnología y arte, gracias a una aplicación de móvil que lee la onda sonora tatuada en la piel y la convierte en sonido. «El proceso es muy simple: el cliente nos manda el audio que quiere tatuarse, nosotros lo enviamos a la empresa y en pocas horas nos remite una gráfica en forma de ondas sonoras, que es el dibujo que tatuaremos en la piel», explica Maro.

El verdadero ‘milagro’ llega cuando, tras descargarse el cliente una aplicación en el móvil, la pasa por encima del tatuaje (a modo de lector QR) y reproduce exactamente el sonido que quiso inmortalizar en su piel.

El ronroneo de un gato, la risa de un niño, el llanto inconsolable de un bebé, el ‘rugido’ del motor de una moto, el ruido atronador de una tormenta, las órdenes incesantes de un entrenador deportivo o el conmovedor mensaje de amor en el lecho de muerte. Todos han sido tatuados por Maro y todos con un significado relevante para quienes decidieron llevarlos siempre con ellos. Ella fue la primera que probó la técnica grabándose unas palabras de su madre y, posteriormente, los ladridos de sus dos perras. Ahora, con su madre ya fallecida y sin sus mascotas, esos sonidos le reconfortan. Desde entonces, 18 personas siguieron sus pasos. Como Jesús Anillo, que entusiasmado con la idea y algo nervioso por los inciertos resultados, no dudó en tatuarse en la parte superior de su brazo izquierdo el mensaje que le dedicaron sus hijos: «Hola papi, soy Christian, te quiero. Hola, soy Daniela, te quiero mucho». Dos breves frases, de apenas diez segundos, «que llevo en mi piel, pero también grabadas en mi corazón», afirma Jesús. Asegura que son su «combustible» cada mañana al levantarse y el que le da fuerzas y ánimos para sobrellevar los turnos de noche en su empresa. «Algunos piensan que es absurdo tatuarse un audio cuando se tiene ya guardado en el móvil o en el ordenador, pero ahí pueden perderse. En mi piel, puedo escucharlo fácilmente cada vez que quiera y, en mi caso, siempre permanecerán conmigo esas voces infantiles, que algún día cambiarán cuando mis hijos crezcan», argumenta Jesús.

La realización de este tipo de tatuajes no entraña más dificultad que cualquier otro dibujo, pero sí más «precisión, pulso y responsabilidad», confiesa Maro. «Hasta ahora, todos han funcionado al reproducirlos, pero si la gráfica varía un solo milímetro o no se rellena bien, el trabajo no habrá servido para nada», advierte Maro. Por eso, hay que hacerlos en zonas lisas, evitando las articulaciones y, preferiblemente, accesibles a uno mismo para pasar el teléfono y que pueda leer la aplicación. Confiesa que esta técnica conlleva un plus de responsabilidad con el cliente. «Hay personas que nunca se han hecho un tatuaje y que se han atrevido con estos audiotatuajes solo por llevar grabados para siempre en su piel esos sonidos que son especiales para ellos. Esto es otra historia, por eso, imagínese que fallase la reproducción. Sería un fracaso».

Hasta el momento, el negocio de Maro no ha dejado de crecer y ya piensa en ampliar horizontes más allá de la bahía de Algeciras. Es tal la demanda que ha recibido desde otros puntos de España, que en breve comenzará a desplazarse a otras provincias para atender a las más de 60 solicitudes que tiene ahora mismo en cartera. Reconoce que estos traslados encarecerán el precio actual, que oscila entre los 250 y 300 euros, «pero no mucho más», tranquiliza.

Al detalle

Trabajo preciso.
Los tatuajes sonoros no entrañan más dificultad que cualquier otro. Tan sólo requiere «precisión, pulso y responsabilidad. Si nos pasamos un milímetro, ya no se escucharía», advierte Maro Díaz.
5.000
profesionales del tatuaje hay en España, según la Unión Nacional de Tatuadores y Anilladores Profesionales (UNTAP). A ellos, se suman otros 10.000 que podrían estar actuando de forma ilegal, según sus cálculos.
Riesgos.
Los tatuajes biogenéticos, que son aquellos que contienen el ADN de otra persona, no deberían causar problemas al mezclarse con la tinta de tatuar, dado que van en unas microcápsulas no biodegradables.

Desde la Unión Nacional de Tatuadores y Anilladores Profesionales (UNTAP) consideran que alternativas de este tipo contribuyen al avance de un sector, «sumido en el ostracismo durante muchos años y marginado por los prejuicios sociales», declara Fidel Prieto, secretario de la organización. Según los datos que manejan, son más de 5.000 profesionales los que trabajan en esta industria del tatuaje en España, pero sospecha que pueden ser más de 10.000 los que lo hacen de forma ilegal. «En nuestro país, solo podemos trabajar con una marca de tinta, que es la autorizada por la Agencia Española del Medicamento, mientras que en Europa hay homologadas ocho. Esta falta de material no solo frena nuestro crecimiento, sino que aboca a muchos profesionales a trabajar a puerta cerrada usando material no autorizado para atender una demanda que se mueve, en muchas ocasiones, por modas», denuncia.

Lo que por el momento es tan solo un proyecto en Europa, aunque ya están patentados en EE UU, son los tatuajes biogenéticos, que son aquellos cuya tinta lleva el ADN de otra persona o mascota. Hasta ahora, en determinados circuitos, se utilizaba la tinta «mórbida», resultante de mezclarla con las cenizas de una persona fallecida. «Pero esto es revolucionario, porque el ADN queda encapsulado y no se disuelve en el organismo que lo recibe como ocurría con las opciones anteriores. Realmente estará allí para siempre», declaró al ‘The New York Times’ Edith Mathiowitz, profesora del Centro de Bioingeniería Médica de la Universidad de Brown, quien estuvo a cargo del desarrollo del producto.

Tatuajes con ADN

Según los expertos, la incorporación de ADN a otro cuerpo no debería entrañar ningún riesgo de transmisión de infecciones, «siempre y cuando fuera un ADN sano». Para el doctor Jaime Esteban, portavoz de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (SEIMC), aunque el ADN humano es una molécula que, en principio, no causaría problemas, su relación con determinadas enfermedades infecciosas podría plantear dudas al respecto. «De hecho, determinados agentes infecciosos (esencialmente virus) integran sus genomas en el ADN de diversas células humanas para mantenerlos latentes en el organismo infectado».

En el caso de la patente americana, que la empresa Endeavor Life Science empezará a comercializar con el nombre de Everence, «los riesgos se reducen al mínimo». El ADN que se envía a esta compañía puede obtenerse de un raspado bucal, pelo, piel, sangre o saliva. Una vez allí, lo procesa y lo introduce en unas microcápsulas compuestas de plexiglas (un polímero no biodegradable que evita que el ADN se propague por el organismo), que después se reducen a un polvo blanco, listo para ser mezclado con tinta convencional para tatuajes. «Como todo es microscópico, no debería alterar la forma en que la tinta se comporta en el cuerpo. Además, dado que las cápsulas están selladas, su contenido no podría entrar nunca en contacto con el tejido corporal. Al no ser biodegradables, no se absorben y, por tanto, se elimina el riesgo de ser detectado por el sistema inmunológico», se defienden.

Cada una de ellas puede contener material biológico, pero también arena, metal, agua bendita, cenizas de cremación, cerámica o tejidos animales y vegetales. En realidad, no importa qué, siempre que sea fisiológicamente compatible. Aquí, lo trascendental, será siempre su significado.

R. C.

Demanda

Sección Áurea Tattoo&Piercing, un estudio de Algeciras, tiene la exclusividad en España de la patente europea desarrollada por una empresa rumana. En breve, viajará por otras provincias para satisfacer la demanda creciente. Ya tiene sesenta en cartera.

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