«Dar a luz en casa te empodera, eres dueña de tu cuerpo»

Oihana ha parido en su hogar en Vitoria, junto a su pareja, Gorka, dos matronas y sin intervenciones: «Lo único que temía era que me dijeran que no podía hacerlo y me llevaran al hospital»

Eider Burgos | Yvonne Fernández
EIDER BURGOS | YVONNE FERNÁNDEZ

42 semanas y cuatro días. Yuma se estaba tomando más tiempo de lo establecido para venir al mundo y la escena que sus padres le habían preparado para recibirlo empezaba a verse incómodo. En casa, con una piscina, una imagen de la playa, la foto de una amiga que ya dio a luz -«para que me diera fuerzas»- y la postal de aquel viaje en el que ya hablaban del bebé.

Yuma no llegaba y el tiempo se había agotado: el jueves 8 de febrero a Oihana le inducirían el parto en el Hospital Txagorritxu de Vitoria. «El día anterior le pedí a Gorka -su pareja- que quitase la piscina; no quería volver del hospital y verla».

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El reloj marcaba las 5.30 horas del jueves cuando, a tres horas para la inducción, a la fotógrafa del alumbramiento, Yvonne Fernández, le sonó el teléfono: «¡Vente a todo correr!». «En medio de muchísima nieve» puso ella rumbo a Vitoria; a las siete de la mañana estaba en casa de la pareja. Oihana estaba de parto: finalmente iba a dar a luz en casa. Diez horas más tarde, tras paseos, masajes y baños, dejándose su madre caer de una barra en el pasillo, Yuma nació.

La mejor opción, la de cada mujer

«Siempre he tenido claro que quería un parto natural en casa», afirma Oihana una semana después, tras una visita al pediatra. «Aquí estás más tranquila. Te puedes mover cuando te apetece, ducharte, comer, que te den un masaje… Tú eres la protagonista y nadie te dice cómo tienes que hacer las cosas. Eres dueña de tu cuerpo, te empodera. En los hospitales, aunque hay gente maravillosa, es diferente; muchas veces sin querer o porque siguen un trabajo muy metódico, es más brusco. En casa es tu manera de hacer las cosas y si me necesitas, te acompaño. Estás rodeada de gente en la que confías». «No es cuestión de hacer apología de parir en casa», apostilla su chico. «La mejor opción es distinta para cada mujer. Para ella, un hospital suponía un estrés y en casa se sentía más segura».

Oihana pasó de una pelota de pilates a la piscina hinchada en su casa. / Yvonne Fernández

- ¿Y nunca tuvieron miedo de los posibles riesgos?

- Mi único miedo fue durante el parto, a que la matrona me dijera que no podía hacerlo yo sola y que me tenían que llevar al Txagorritxu -contesta Oihana-. Tampoco iba a dar a luz en casa a cualquier precio: en el momento en que viéramos un riesgo, lo haríamos en el hospital.

Solo los embarazos de bajo riesgo son aptos para ser atendidos en el hogar. Esto es, «que solo sea un bebé, que venga de cabeza, que las pruebas médicas estén en orden y que la casa donde se realice esté, como mucho, a 40 minutos de un hospital que atienda partos. Además, debe tener calefacción y agua corriente». «Y si el día del parto hay problemas, nos vamos a un hospital, en coche particular o en ambulancia si es más grave», desgrana Silvia Burgo, matrona que se dedica en exclusiva a la atención privada desde 2013 y que el pasado jueves atendió a Oihana. Ella misma ha dado a luz a sus tres hijos en casa.

«No somos nada intervencionistas -explica sobre el procedimiento-. No utilizamos ningún analgésico ni realizamos tactos para determinar la dilatación; dejamos que la madre se mueva libremente, a no ser que veamos que haya una postura que la beneficie».

Gorka sujeta a Oihana en la piscina. / Yvonne Fernández

Las claves

Desde la semana 20.
El trabajo de las matronas Silvia y Daniel no acabará tras el parto de Yuma. Siguen en contacto con la familia durante la lactancia, con consultas cada vez más espaciadas. Será el punto y final a un servicio de «contacto continuo» que comienza en la semana veinte de embarazo, justo después de la segunda ecografía, cuando se confirma que el embarazo marcha correctamente.
Congeniar.
Las matronas y la pareja realizan una serie de encuentros «distendidos» con los que conocerse y preparar juntos el día del alumbramiento. Revisan el historial clínico de la madre, antecedentes sanitarios... «También entramos en el plano emocional. Nos ayuda a saber cómo afrontará el día del parto», explica la matrona Silvia Burgo.
El precio.
En la semana 37, se firma el contrato. El precio total, 2.100 euros, aunque con otras matronas puede variar entre los 2.000 y los 2.500.
Disponibilidad total.
«Solemos atender a una mujer cada vez, porque estamos 24 horas disponibles para ella», explica Silvia. «No puedes predecir cuando va a ocurrir, así que quedas con la cuadrilla y saben que puede que no aparezcas, ir una hora al cine puede ser un estrés... Y cuando tienes hijos se vuelve muy complicado».

Silvia junto a su compañero, el bilbaíno Daniel Soler, llevan un equipo plagado de aparatos para escuchar al bebé, tensiómetros y una silla de parto. El resto, debía correr a cargo de la resistencia de Oihana en un alumbramiento que se prolongó durante diez largas horas entre las contracciones y cuatro horas finales de expulsivo. «Demostró una fortaleza física y mental sobrehumanos», recalca su pareja, Gorka. «Es lo que más me ha impresionado de todo este proceso. Cuando tenía miedo de que se viniese abajo, de repente ella salía con una broma. Me da hasta vergüenza decirlo -ríe-, pero cuando Yuma nació yo estaba hecho polvo y ella estaba en la cama tan feliz».

Lucha con el entorno

«No puedes hacer esto si no crees en ello, porque te toca luchar contra todo tu entorno», señala Gorka. Tanto, que no se lo contaron a sus familias hasta después del parto. Los padres de él sí se enteraron, solo porque su hermano se fue de la lengua. «Nos decían que para qué, teniendo el hospital y gastándonos tanto dinero», cuenta Oihana. «A mi familia no se lo dije por no preocuparles sin necesidad durante el embarazo. Quería pasarlo tranquila. Quería hacerlo así y no tenía por qué convencer a nadie».

En el hospital, sí se lo contaron a su matrona. También a un ginecólogo con el que acabaron teniendo un encontronazo. «Nos decía que estábamos locos, nos mostró gráficos de mortalidad infantil… En los últimos exámenes ya nos conocían como 'los que iban a dar a luz en casa' y teníamos un desfile de ginecólogos», recuerda la pareja. «Ellos, los 'gines', eran a los que les daba más miedo. Las auxiliares y las enfermeras fueron muy respetuosas».

El pequeño Yuma, recién nacido. / Yvonne Fernández

Yuma llegó directo a las manos de su padre. El parto, aunque largo -«eterno», para Gorka-, salió bien. «Creía que no lo iba a sacar nunca, ¡y luego hay otras madres que dicen que se les caen los niños!», bromea Oihana.

Tras el objetivo, Yvonne Fernández inmortalizaba el momento para este periódico, en silencio: «No dije nada en todo el día, solo intentaba no incomodar». El «escudo» de su cámara no le evitó las lágrimas: «Lloré como un magdalena, no sé si de la emoción o de qué. Es que ni te lo imaginas. Y eso que había visto varios vídeos días antes para concienciarme de qué iba a ser». Lo que vino después quedó en la intimidad. La última toma, para la familia al completo: Gorka, Oihana y el pequeño Yuma en su pecho.

Yuma sujeta el dedo de su padre mientras mama del pecho de su madre. / Yvonne Fernández

«Hay más demanda que matronas»

«Hace 14 años, cuando di a luz a mi primer hijo, había en todo el País Vasco un parto al mes y ahora andamos en los 60 al año. Hay más demanda que matronas», afirma Silvia Burgo en un cálculo rápido. «Muchas nos llaman porque han tenido una mala experiencia con su primer parto en el hospital y deciden que el segundo sea en casa».

Desde la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO), sin embargo, y «desde el respeto total a la decisión de cada mujer», no recomiendan el parto en casa»: «Es un escenario en el que no se dan las circunstancias idóneas para solventar cualquier eventualidad». Euskadi es, además, señala el organismo, una de las comunidades autónomas menos intervencionistas durante los alumbramientos. El Hospital de Cruces, por ejemplo, cuenta con la tasa de cesáreas más baja del estado (12,8%) y el 63% de los partos ya se realizan de forma espontánea, sin ninún tipo de instrumental, intervención ni epidural, si así lo desea la madre. El pasado año, el centro sanitario de Barakaldo registró la tasa de mortalidad infantil más baja de toda su historia: 5,4 de cada mil nacidos.

Silvia, por su parte, insiste: «No somos unos locos que vamos a ver qué pasa. Nos dedicamos a esto ofreciendo garantías y un trabajo solo profesional. Es una opción que debería hasta cubrir la Sanidad Pública».

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