Los orígenes de la galaxia

La robot María, de ‘Metrópolis’ (1927), sirvió de inspiración para C-3PO. En los bocetos de diseño de Ralph McQuarrie, el androide de protocolo es prácticamente idéntico al de la película de Fritz Lang./
La robot María, de ‘Metrópolis’ (1927), sirvió de inspiración para C-3PO. En los bocetos de diseño de Ralph McQuarrie, el androide de protocolo es prácticamente idéntico al de la película de Fritz Lang.

George Lucas tomó de clásicos del cine escenas y personajes para dar forma a la primera entrega de su ‘space opera’

Luis Alfonso Gámez
LUIS ALFONSO GÁMEZ

Todo en ‘La guerra de las galaxias’ remite al cine clásico. Desde el texto inicial donde nos explican que la princesa Leia vuela hacia su planeta con los planos robados de la Estrella de la Muerte hasta la condecoración de los héroes en la base rebelde de Yavin 4, George Lucas (Modesto, California, 1944) trasladó hace 40 años a la pantalla grande la primera entrega de su ‘space opera’ echando mano de escenas y personajes del ‘western’, el cine de ciencia ficción y bélico, la fantasía, las aventuras y hasta la propaganda nazi. Desde John Wayne hasta Leni Riefenstahl han dejado su huella en la galaxia muy lejana.

Antes de crear su propio universo, el entonces joven director intentó comprar los derechos de las aventuras de Flash Gordon. No lo consiguió y escribió ‘Una nueva esperanza’, como después fue rebautizada la película de 1977. El comienzo de ese filme y de todos los demás de la saga –excluido ‘Rogue One’– homenajea al serial cinematográfico ‘Flash Gordon Conquers the Universe’ de los años 40 que el Lucas niño vio en la televisión en los 50. Porque el prólogo con letras que se alejan hacia el infinito estaba ya en las aventuras en blanco y negro de Flash Gordon, donde también había un emperador malvado (Ming), una princesa que salvar, un peludo aliado de los héroes...

El maestro Campbell

La trilogía original relata el ascenso de Luke Skywalker, un campesino del desértico Tatooine que acabará liberando a la galaxia y redimiendo a su padre, la personificación del Mal. Para narrar su historia, Lucas contó con la ayuda involuntaria del antropólogo Joseph Campbell, cuya obra ‘El héroe de las mil caras’ (1949) leyó mientras se recuperaba en 1962 de un accidente de tráfico. Le cautivó la idea del viaje del héroe, el modelo de relato épico que se repite en leyendas, mitos y relatos religiosos de todas las culturas. Consiste en un individuo –Arturo, Moisés, Frodo...– que lo abandona todo y debe superar una serie de pruebas para alcanzar su objetivo. Lucas encontró en Campbell a su maestro. «Se ha convertido en mi Yoda», reconoció en 1985. Y el antropólogo consideró la trilogía galáctica una actualización del mito.

Prólogo del serial de ‘Flash Gordon’..Sydney Greenstreet, Jabba el Hutt, en ‘El halcón maltés’. La cantina galáctica está basada en el Rick’s Cafe Americain de ‘Casablanca’.

Luke decide emprender su viaje y adiestrarse para caballero jedi después de que las tropas imperiales arrasan la granja de humedad de su tío Owen Lars. A Ethan Edwards, el soldado confederado interpretado por John Wayne en ‘Centauros del desierto’ (1956), el ataque comanche al rancho de su hermano, llamado Lars, le lanza al rescate de su sobrina Debbie (Natalie Wood), única superviviente de la masacre y secuestrada por los indios. Luke conocerá poco después a su socio de aventuras, el contrabandista Han Solo, en el puerto espacial de Mos Eisley. «No encontrarás nunca un lugar como éste tan lleno de maldad y vileza», le advierte Obi-Wan Kenobi.

Mos Eisley es la Casablanca de la película homónima de 1942, la cantina es el Rick’s Cafe Americain y el cinismo del capitan del ‘Halcón Milenario’ es el del personaje de Humphrey Bogart, que tampoco sabes nunca qué camino va a seguir. Además, Jabba el Hutt está inspirado en el señor Ferrari, el villano tocado con un fez al que da vida en ‘Casablanca’ el actor británico Sydney Greenstreet, que había debutado en el cine en ‘El halcón maltés’ (1941). Eliminado de ‘La guerra de las galaxias’ hasta su reedición en 1997, Lucas había pedido a sus diseñadores que Jabba tuviera una apariencia «extraña y grotesca, como Sydney Greenstreet».

Samuráis y nazis

Los dos personajes más entrañables, los únicos que salen en todas las películas, son R2-D2 y C-3PO, una especie de El Gordo y El Flaco mecánicos. El segundo es idéntico a María, la androide ‘Metrópolis’, la película de Fritz Lang de 1927. Y los dos son una versión robótica de Tahei y Matashichi, el par de pícaros que, en ‘La fortaleza escondida’ (1958) de Akira Kurosawa, se llevan como el perro y el gato, pero no pueden estar el uno sin el otro. Al igual que R2-D2 y C-3PO, son el hilo conductor de una historia que les supera y, tras entrar en escena huyendo de una batalla, como los robots galácticos cuando escapan de la nave de Leia abordada por Darth Vader, ayudarán a una princesa.

Otra de escena clave de ‘La guerra de las galaxias’, la de Luke contemplando en Tatooine una doble puesta de sol en la última noche de su vida como granjero, tiene su origen en ‘Dersú Uzalá’ (1975). En la cinta de Kurosawa, el capitán Vladímir Arséniev y el cazador Dersu Uzala no ven dos soles, algo imposible en la taiga siberiana, sino el Sol y la Luna en el cielo a la vez. ‘El Imperio contraataca’ (1980) volverá a beber de ‘Dersu Uzala’ cuando Han rescata en Hoth a un Luke semicongelado y lo mete dentro de un tauntaun, una lagarto peludo bípedo, para mantenerlo en calor.

Los jedis, esa especie de samuráis espaciales, tienen su máximo exponente en Darth Vader, cuyo traje vital y casco parecen una armadura japonesa sacada de un museo. Pero el Imperio es nazi, desde los uniformes de oficiales como el gran moff Tarkin (Peter Cushing) hasta la denominación de las tropas de asalto. Y en la batalla final son los rebeldes los que vencen en un ataque a la Estrella de la Muerte que es un remedo del de ‘The Dam Busters’ (1955), en el que un escuadrón bombardea una fábrica alemana al fondo de un fiordo noruego. No es una casualidad. Gilbert Taylor, el director de fotografía de la película británica, lo fue también de ‘La guerra de las galaxias’, cuyos héroes derrotan al Imperio nazi, pero, curiosamente, reciben sus medallas en una ceremonia que parece sacada de ‘El triunfo de la voluntad’, la película propagandista Leni Riefenstahl de 1935.

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