Las Navidades favorecen que se coma un 75% más de lo habitual

Las Navidades favorecen que se coma un 75% más de lo habitual

El nutricionista Javier Aranceta aporta las claves para disfrutar de estas fechas sin ganar un gramo de más

Fermín Apezteguia
FERMÍN APEZTEGUIA

Navidad no tiene por qué ser pantagruélica. Puede disfrutarse de la buena mesa, incluso no privarse prácticamente de nada, sin tener que pegarse un atracón de todo. Es cuestión de organizarse bien, con sentido común, y tener presentes algunas pautas que van a marcar la diferencia entre unas fiestas para disfrutar de su recuerdo o archivar en el olvido. Por ejemplo, ya se sabía que cuando se come sin compañía se tiende a comer menos. Ahora se sabe además cuánto menos. Dos personas que comparten mantel, entre la conversación y la sensación de bienestar, se meten en el cuerpo un 35% más de comida que si estuvieran solos. A partir de tres comensales, como serán la mayoría de las mesas navideñas, esa cifra se eleva nada menos que al 75%. «Es mejor comer con cabeza, porque la mitad del peso que ganemos en este tiempo se quedará con nosotros para siempre», advierte el médico nutricionista Javier Aranceta, que esta semana ha acudido foro Encuentros con la Salud de EL CORREO para hablar sobre cómo prevenir los excesos en Navidad.

Diferentes estudios estiman que cada persona gana entre 400 gramos y 4 kilos durante estos festejos. Es decir, que cuando se marchan los Reyes nos quedamos ‘per se’ con 200 gramos y dos kilos de más. Para evitarlo, ahora que aún se está a tiempo, la primera decisión sabia es elegir para la mesa producto fresco y de temporada, que es más barato y resulta más sano. «La tradición dice que en Navidades se comía lo que había en casa», recuerda Aranceta. Apostar por una buena técnica culinaria también ayuda. La cocina al vapor es la más saludable y una coliflor -un clásico- cocinada con aceite de oliva, poca sal y aromatizada con anís o hinojo se digerirá mucho mejor que con un sofrito.

Está demostrado que...

Vajilla
Los alimentos saben mejor cuando es blanca. El plato rojo es el que menos invita a comer.
Colores
Los contrastes de color en la mesa (servilletas de uno, platos de otro) contribuyen a que se coma menos.
Las tres erres
Reduzca residuos poniendo cantidades razonables de comida. Reutilice de manera segura (nevera y congelador) y recicle con envases seguros.
Prudente
Valore la posibilidad de comer con agua y bebidas sin alcohol ni gas.

Para el segundo, lo mejor es un pescado, al horno o a la parrilla. «Si queremos cordero, tendremos que hacer un primero más liviano con, por ejemplo, una crema de calabaza o una ensalada». Salvo que una enfermedad crónica lo impida, los nutricionistas rechazan cada vez más la vieja idea de «prohibir» determinados alimentos y abogan por equilibrar los menús y controlar las cantidades.

Para evitar problemas digestivos, los postres deberían servirse media hora después del último plato, preferiblemente de fruta, como piña o papaya -ambas muy digestivas- o helado de limón, que resulta muy refrescante. Si se quiere dulce, la recomendación sana es olvidarse, o reducir al máximo, turrones y bombones, y alegrar la mesa con una macedonia o una compota navideña, con manzana, peras e higos.

Té verde con zumo de limón

Otra opción sería elaborar un goxua (nata+bizcocho+crema pastelera) o una intxaur-saltsa (crema de nueces), dos delicias que tienen una ventaja y un inconveniente, eso sí, salvable. La virtud de este tipo de postres es que permiten mantener vivas las tradiciones y, al mismo tiempo, hacer partícipe a toda la familia, incluidos los niños, de la elaboración del menú navideño. «Es muy importante no cargar a la tía soltera o la abuela con todo el trabajo, como se hacía antes. Hoy todos tenemos muchos líos y compromisos», recuerda el experto, presidente de la sección de Nutrición de la Academia de Ciencias Médicas de Bilbao. La pega es que se trata de postres contundentes, muy calóricos, pero si la toma se limita «a dos o tres cucharadas», el ‘pecado’ no podrá considerarse como tal.

El rosado, más digestivo

La bebida merece un capítulo aparte. Como la comida, debe ser de calidad, y elegirse en función de las condiciones de cada comensal. Primer mandamiento, una cuestión básica: si se va a conducir, no se bebe; y si se bebe, debe ser con moderación. Si prefiere las burbujas, y le sientan bien, elija un buen cava y luego no ande mezclando con otros vinos. Las personas sensibles a la histamina (hormona que actúa como potente dilatador de los vasos sanguíneos) han de evitar el tinto, que les dará sueño. El blanco se desaconseja para las que se ven más afectadas por los sulfitos, porque les suele dar dolor de cabeza. Los rosados no tienen tanto predicamento entre los gurús de la mesa, pero son los que dan menos problemas, porque son más ligeros. En todo caso, lo más saludable, lo que no puede faltar en la mesa, es el agua. Mejor embotellada en cristal, que para eso es Navidad.

Si aún así al día siguiente uno se siente pesado como una morsa, hay un brebaje sanador que no falla. Contra los problemas digestivos o la pesadez por exceso de alcohol, té verde con el zumo de medio limón y una cucharadita de bicarbonato. En ayunas, mano de santo. «De manera inteligente, puede sobrevivirse a la Navidad», resume Aranceta, presidente también del comité científico de la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria.

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