El IVA y las mujeres

Elena Martínez de Madina
ELENA MARTÍNEZ DE MADINA

Se levantó el escándalo. Resulta que lo que todo el mundo de Hollywood sabía, no se sabía. O mejor dicho, se sabía, pero no se decía. Es ahora que actrices de reconocido prestigio (Maryl Streep, por ejemplo) conocidas en todo el orbe, han iniciado una campaña contra el acoso y abuso sexual sufrido por parte de ciertos sujetos, empezando por destapar al famoso productor Harvey Weinstein, al director James Toback, y a una larga lista de hombres relacionados con el mundo del cine. Y para las que no solemos ir a la meca del cine a dar una vuelta, nos aclaramos más si nos dicen que tienen que ver con películas como ‘Shakespeare in love’, ‘El señor de los anillos’ o ‘El paciente inglés’. La campaña impulsada por Alyssa Milano es el hashtag ‘MeToo’ (yo también), eslogan creado hace diez años atrás por la activista Tarana Burke, y que pretende poner de manifiesto el acoso y abuso sexual que sufren las mujeres.

Para muchas cabezas pensantes, Hollywood queda muy lejos, y el mundo del cine también. Es decir, debe ser un problema «de ellos», de los americanos y los artistas. Pero las mujeres se van animando, y ahora ya hay una lista de diputados británicos para que se les investigue por abuso sexual. Asimismo, el Parlamento europeo también se ha puesto en marcha y, paradojas de la vida, la hoy comisaria Europea de Justicia, Consumidores e Igualdad de Género, también se ha declarado víctima. Es decir, que el ya llamado ‘efecto Weinstein’ resulta que no es tal, y que esto es una pandemia mundial.

Y las cuestiones que ponen en duda las declaraciones de las mujeres siempre son las mismas: ¿Por qué denunciar ahora algo que ha sucedido en el pasado? ¿Seguro que ellas no tienen la culpa, no se insinuaron, no lo buscaron? ¿Por qué lo permitieron? ¿Está de moda ahora denunciar a los hombres? ¿Cualquier cosa es acoso sexual, abuso? ¿No exageran? Los comentarios de cierto personal masculino son de lo más variopinto, y en una única dirección con la pretensión de desacreditar a las mujeres, y dar por válidos actitudes y comportamientos inaceptables, se mire por donde se mire.

Sabemos que es muy difícil denunciar cualquier tipo de abuso, porque lleva implícito una nociva relación de poder. Y cuando digo poder, me refiero al poder en muchos ámbitos. Los abusos los sufre toda la población, tanto mujeres como hombres y en cualquier contexto. Los abusadores tienen una cierta tara perversa (condición indispensable) y utilizan su estatus, sea el que sea, para fastidiar la vida del otro, porque tienen una cierta impunidad o ventaja, y además disfrutan con ello: en el trabajo, en la escuela, en la familia… de ahí los casos de mobbing, bullying… etc. El clásico esquema de fuerte contra débil. Coge un tarado y dale poder, verás lo que pasa.

Pero las mujeres sabemos perfectamente de qué están hablando esas otras mujeres. Y es que además de los abusos universales de poder, el ser mujer tiene un plus, un valor añadido que hay que pagar, es lo que podríamos llamar el ‘IVA de las mujeres’. Es objeto carnal, de deseo y de maldad desde que el mundo es mundo, o sea, desde Adán y Eva. Si aquella ya era mala, que con sus artes de seducción engañó al pobre Adán y condenó a toda la humanidad a vivir con el pecado original, ¿qué no harán las de hoy en día, que saben leer y escribir? Ésta ha sido la base de nuestro sistema y de nuestra educación. Y no creo que exagere. ¿Qué pasa en otros lugares del mundo con diferentes religiones? ¿Cuál es el papel adjudicado a las mujeres? Pues que muchas son repudiadas, porque hay que pagar dote cuando las encajas con alguien, cuando las casas, vaya. Otras, también son una carga, e incluso las donas cuando son niñas. Y otras muchas son moneda de cambio para que una familia entera progrese… Sin contar, lo de mujer pura o mujer impura y otras santas lindezas. Éste es el panorama… ¿Y alguien se atreve a decir que no se cree este «rollo de las mujeres»?

Recuerdo expresiones, yo creo que hoy inexistentes, pero no por concepto, sino porque han sido sustituidas por otras, del tipo de: «ése es un viejo verde»; «ése es un tocón», «ése tiene la mano muy larga» o «no quiero ir sola a donde no sé quién (hombre)»… etc. Y todo esto no nace de nuestra imaginación, ha sido soportado y admitido por todos. Pero el resultado siempre ha sido el mismo: silencio. No voy a tocar ahora el tema de los abusos en los colegios y en las iglesias,… (en ese caso tanto niños como niñas). Pero el resultado es el mismo, el silencio, y la causa, el miedo al poder.

Aquí, cierto es que hay excelentes campañas promovidas por Emakunde y otros colectivos contra el abuso sexual, los micromachismos y en apoyo a la denuncia, pero no conozco ‘MeToo / Nik ere’ a la vasca. No sé si es por una cuestión de identidad cultural, porque no nos gusta lo que viene de EE UU o porque aquí no pasa nada. Pero como me consta, porque soy mujer, que aquí sí pasa, no estaría de más seguir animando a denunciar. Pero volvemos a lo de siempre ¿Quién es la guapa que tiene suficiente poder y respaldo, tanto de mujeres como de hombres, para denunciar por abuso o acoso sexual a alguien querido, respetado, admirado, jatorra, colega, en esta tierra donde nos conocemos todos? Ahí está el quid. No somos Maryl Streep.

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