Muere Capitán, el perro que veló la tumba de su dueño durante diez años

Capitán dormía sobre la tumba de su dueño./EFE
Capitán dormía sobre la tumba de su dueño. / EFE

El animal, de 16 años, caminaba con dificultad a causa de la edad y había perdido la visibilidad en un ojo

Silvia Cantera
SILVIA CANTERA

Se había convertido en casi una institución en el cementerio argentino de Villa Carlos Paz, en la provincia de Córdoba. Además de enterradores y floristas, el camposanto cuenta a diario con la visita de quienes van a ver a sus familiares y amigos que reposan allí. Entre ellos, Capitán, un perro que durante diez años estuvo velando la tumba de su dueño. Argentina llora ahora la muerte del animal, un derroche de fidelidad que pese a tener ya dificultades para caminar a causa de la edad y haber perdido la visibilidad en un ojo, nunca quiso separarse de Miguel Guzmán.

Capitán, mestizo con mezcla de ovejero alemán, fue encontrado muerto en el baños del cementerio. Acostumbraba a dormir sobre la tumba de su amo, aunque su cadera cada vez le complicaba más esta tarea. «Le faltaba el habla nada más, era un dulce total», le recuerda Marta Clot, la florista del camposanto, en una conversación con EFE.

El perro fue un regalo sorpresa que Miguel Guzmán le hizo a su hijo Damián en 2005. Sin embargo, el padre murió tan solo un año después. Entonces, el perro desapareció de la casa familiar, aunque volvió unos días más tarde. Durante una semana se quedó en la calle, pero siempre cerca de la vivienda. Al tiempo, desapareció.

La familia pensó que el perro había fallecido o que alguien había decidido adoptarlo. No dejó rastro. Por eso, la sorpresa fue mayúscula cuando se reencontraron con Capitán en el cementerio en el que fue enterrado Miguel. El perro descansaba sobre la tumba de su amo. «Nunca vi una cosa tan fiel», comenta Clot, que se encargó de alimentar y de dar la medicación al can.

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El animal caminaba por el cementerio cada día y al atardecer que acercaba a la tumba de Miguel. Así, durante diez años. La idea es que, como el perro pasó la mayor parte de su vida en el camposanto, sus restos reposen allí, para que ni siquiera la muerte lo separe de su dueño.

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