CUANDO EL MÓVIL SEA PRESIDENTE

7 de cada 10 jóvenes solo votarían a través del móvil

CUANDO EL MÓVIL SEA PRESIDENTE
Santiago Nunez
JON URIARTE

El 66% de los nacidos entre finales de los 90 y principios del nuevo milenio votarían en unas elecciones…si pudieran hacerlo desde el móvil. Y el 44% añade que para ello necesitarían que alguien les mandase un mensaje ese día para recordárselo. Tal cual. El estudio lo ha elaborado una agencia de publicidad británica y una compañía de investigación. Pero no es un caso aislado. Hay datos a diario, por ejemplo referidos a compras y consumo de ocio, que apuntan a que el mundo virtual está arrinconando al real. Y si ya no voy a pillarme unas zapatillas a la tienda, para qué voy a salir de casa para meter un sobre en una urna. Será el futuro, pero da miedo. Porque, además, está aquí.

No señalemos como bichos raros a las nuevas generaciones. Lo suyo es normal y esperado. Han nacido entre las nuevas tecnologías, son nativos de internet y si a un bebé de un año le damos una foto enmarcada intentará ampliar la imagen o pasar a la siguiente foto con sus dedos como si fuera una tablet o un Ipad. Pero nosotros tenemos más delito. Voy en el AVE por asuntos de trabajo. Han puesto una película. Creo que la estamos viendo una señora de pelo blanco y yo. El resto han sumergido sus ojos en los móviles o en las pantallas que llevan. En ese momento recibo un mensaje. Es de voz. Los odio. Ya no escribe nadie. El que invente los mensajes por telepatía se forra. La ley del mínimo esfuerzo. Lo que me lleva a otro dato. La mayoría de la juventud británica, y podría extrapolarse al resto de Europa, miente a sus amigos y amigas con falsas enfermedades, viajes inesperados o trabajos pendientes para quedarse en casa dándose una panzada de capítulos de su serie favorita. Disfrutan más. Aunque estén solos. O, precisamente, por ello. De hecho, las series de televisión pueden ser un motivo de infidelidad. Y sin necesidad de que exista otra persona.

Se ha detectado que lo que antes era, «me voy a la cama a ver la peli de la 2 porque eso que estás viendo no me gusta» quedó para los años en que había dos o tres televisiones en casa. Siendo una la oficial, la que compartía horario familiar y la que reunía al menos un rato a todos en la salita, el comedor o el salón. Ahora en cambio, cada cual puede montarse su propia cadena con sus programas. Y eso, ojo al dato, está generando cada vez más crisis de pareja. No solo cuando cada una de las partes ve una cosa. También, y aquí viene lo curioso, porque ha visto un capitulo más que el otro y lo ha hecho sin avisar. Suena raro pero es lo que hay. Quizá porque la tele que nos alienaba y era tan mala resulta que al menos nos mantenía juntos en el sofá y a la hora de la emisión de la serie. Ya no. Cada cual consume en su momento cuando puede o quiere. Nadie me dice cuándo tengo que ver o no algo. Se acabó lo de correr y dejar de lavarse los dientes o recoger la mesa porque empieza el programa o la película. Todo un avance. Pero tiene su cara oscura. Tendemos a que el mundo venga a nosotros y no al revés. Hasta la tienda más pequeña sabe que para sobrevivir debe añadir la venta por internet. De ahí que los grandes centros comerciales en EEUU estén siendo cerrados. Se está acabando lo de ir de tiendas. Y ya sabemos que todo lo que pasa allí acaba sucediendo aquí pasado no mucho tiempo. Por eso el pequeño comercio, que lo sufre aún más, merecería todos los premios. No solo por su resistencia. También y sobre todo, porque nos animan a salir de casa.

Que casi siete de cada diez jóvenes votarían siempre y cuando se pueda hacer desde el móvil y sin necesidad de salir de su habitación no es sino un ejemplo más del poder de la tecnología en nuestra mano. Lo que viene siendo el móvil. Nació para eliminar el cable y permitirnos movernos sin perder la comunicación y, cruel paradoja, nos está llevando a ser inmóviles. Cada vez hacemos más cosas a través de él. Trabajo, ocio, compras, relaciones sociales...incluso sexo. O no. De momento no han inventado un móvil que satisfaga sexualmente, más allá de proporcionarnos acceso a determinados contenidos. pero ver o hablar no es tocar. O sentir algo similar. Al tiempo. Claro que habrá un 44% al que habrá que avisar con un mensaje de que les llega el orgasmo. Lo digo porque vista la desidia lo mismo se les pasa y no se enteran.

Suena raro pero ya me creo todo. Como que acabemos eligiendo presidente a alguien votando por la misma plataforma y bajándome la misma app que utilizamos para reservar hoteles o puntuar restaurantes. Llegado ese momento el rey de reyes será el móvil. Y entonces no podremos enfadarnos porque el presidente de turno suelte su discurso de posesión como hicimos antes cuando vimos en una pantalla de plasma contar a otros sus miserias. Y ya no habrá ruedas de prensa, ni entrevistas porque los gobernantes se dirigirán solo vía twitter o lo que haya entonces. Desde que dan los pésames por esta vía no nos puede extrañar nada. A fecha de hoy hay directores de medios de comunicación y políticos que actúan y abordan temas dependiendo de las tendencias en las redes. Lo que también demuestra que el estudio con el que arrancábamos tiene mucho sentido. Si quieres mi voto, pónmelo al alcance de mi dedo. O de mi voz y le digo a SIRI que vote por mi. Hasta que votantes y candidatos dejarán de pisar la calle porque su único caminar será a través del dichoso aparatito. Que tendrá muchos nombres pero yo siempre le llamaré móvil. Al menos así no olvido para qué nació. Para que nuestra vida siguiera, como el planeta en que vivimos, en permanente y necesario movimiento.

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