Una ola de 23,8 metros

Frente a las fauces del gigante. El surfista sudafricano Jake Kolnik aguarda el impacto de la ola rompiente en un campeonato en Ciudad del Cabo, Sudáfrica, en 2011./Nic Bothma/ EFE
Frente a las fauces del gigante. El surfista sudafricano Jake Kolnik aguarda el impacto de la ola rompiente en un campeonato en Ciudad del Cabo, Sudáfrica, en 2011. / Nic Bothma/ EFE

Captan la mayor ola del hemisferio Sur. El calentamiento global las está haciendo más grandes

ISABEL IBÁÑEZ

El carguero químico sueco 'Stolt Surf' zarpó de Singapur el 4 de octubre de 1977 rumbo a Portland (EE UU). Pasados unos días donde reinó la tranquilidad y los marineros filipinos tocaban la guitarra y cantaban para entretener a la tripulación, la agencia de rutas meteorológicas avisó de la proximidad de una gran tormenta y les aconsejó desviarse hacia aguas del Pacífico Norte. El instinto del capitán Guttorm Oddenes, viejo lobo de mar, le decía que no debía obedecer, pero los argumentos de la tecnología se acabaron imponiendo y viraron hacia el norte. El día 18 de ese mes, el barómetro descendió de golpe, la mar empeoró, y al cabo de las horas, el día 20, el buque se daba de bruces con un ciclón. Las olas no eran desmesuradas, rondando los 10 metros. De pronto, sin previo aviso, se vieron frente a un muro de 22 metros de altura.

No es una película, ocurrió en la realidad y quedó documentado gracias a la sangre fría del ingeniero jefe Karsten Petersen, que en medio de aquel infierno se dedicó a tomar fotos en lo que es el mejor documento gráfico de lo que debe ser vivir algo así en mitad de la nada. Más tarde recuperaremos la historia del 'Stolt Surf', víctima de una de esas 'freak waves' u olas monstruosas que sin avisar se forman en medio del océano. Hace unos días, una boya de medición cerca de las islas Campbell, 700 kilómetros al sur de Nueva Zelanda, registró la mayor ola detectada en el hemisferio Sur, de 23,8 metros, durante un temporal antártico. Y pudo haberlas más grandes, pero las boyas no miden todo el rato. Lo confirmó MetOcean Solutions, del Instituto Meteorológico neozelandés, desbancando el récord de 22,03 metros captados en 2012 por una boya australiana.

Aunque gana el hemisferio Norte. El problema radica en las mediciones: el récord de Nueva Zelanda se basa en una ola individual medida desde el valle hasta la cresta, mientras la Organización Meteorológica Mundial (OMM) registra «las alturas significativas», aproximadamente la altura media del tercio mayor de todas las olas observadas. Así, los 19 metros captados en 2013 entre Islandia y Gran Bretaña ganan de calle.

«E iremos viendo olas mayores por dos motivos -explica Agustín Sánchez-Arcilla, catedrático de Ingeniería Hidráulica, Marítima y Ambiental de la Universidad Politécnica de Cataluña-; primero, porque todos los modelos llevan tiempo indicando que crecen por el cambio climático, por los fenómenos meteorológicos que son cada vez más extremos; y también porque vamos teniendo mejores y más sistemas de medición. Hoy en día no solo medimos la altura de las olas con las boyas, cuyo número ha aumentado mucho, también desde satélites».

Garret McNamara surfea la ola de Nazaré (Portugal), de 23,7 metros.
Garret McNamara surfea la ola de Nazaré (Portugal), de 23,7 metros. / R. Marchante/ Reuters

Pedro Liria es ingeniero experto en dinámicas marinas, investigador del Centro Tecnológico Azti, en el País Vasco -gestiona la boya de Euskalmet en San Sebastián- y surfista. Explica que ese récord del hemisferio Sur se irá batiendo «porque hasta ahora había muchos menos sistemas de medición allí, en el Sur hay mucha más superficie de océano y menos tierra, con lo que era difícil obtener registros. Los récords se tienen que batir por la calidad de los datos, al margen de que la tendencia a largo plazo hable del efecto del cambio climático». Dice que las olas son mayores entre los 40 y los 60 grados de latitud hacia el norte y hacia el sur, al margen de las que puedan formarse por grandes tormentas y huracanes.

Así prosigue Petersen: «Pronto quedó claro que no era una de las tormentas habituales con 'solo' olas de 10 metros. No, en el 'Stolt Surf' experimentamos para nuestro asombro que cuando las grandes olas se estrellaban contra nosotros... ¡teníamos que mirar hacia arriba para ver la parte superior! Y eso era desde la cubierta del puente, que ya está a 22 metros sobre el nivel del mar. ¡22 metros! ¡Y tenías que mirar hacia arriba! ¡Locura! Varias veces experimentamos enormes olas que se estrellaron a más de esa altura, y algunos segundos muy largos solo vimos agua de mar a través de las ventanas. En esos terribles momentos no sabíamos si el barco estaba bajo el agua o flotaba. Pero como un milagro las ventanas volvieron a despejarse y 'Stolt Surf' siguió su valiente batalla contra las olas».

LAS FRASES

Agustín Sánchez-Arcilla | Ingeniería marítima
«Hasta hace poco se creía que las olas monstruo eran cosa de literatura»
Pedro Liria | Ingeniero experto en dinámicas marinas de Azti
«Los récords se van a seguir batiendo; se mide más y mejor»

Estas, continúa Sánchez-Arcilla, dependen del viento, de las corrientes, que pueden realzar su altura, y de la batimetría, del fondo, que las moldea, como la ola gigante de Nazaré (Portugal)». Se trata de la mayor ola surfeada jamás, el récord estaba en manos de Garret McNamara, con 23,7 metros en 2011, aunque hace solo unos días Rodrigo Koxa se encaramó allí a un muro de 24,38.

Calamar gigante

Aunque no estamos hablando de olas que se agrandan al llegar a la costa y que son surfeadas, sino de esas que se forman en alta mar y que durante mucho tiempo se consideraron un mito, algo que pasaba cada 10.000 años y que los marineros agrandaban con sus relatos. Pero la desaparición de muchos barcos -200 buques tanque y contenedores de más de 200 metros de eslora en los últimos 20 años, según la Agencia Espacial Europea (ESA)- puede deberse a este fenómeno de las 'freak waves' u olas monstruosas, gigantes o vagabundas, que superan los 20 metros, más cerca de los 30, como un edificio de 10 plantas. Durante un huracán en 1995, la plataforma petrolera 'Draupner' en el Mar del Norte sufrió el embiste de una ola de 26 metros de altura. La ESA informó de que en 2001 y sólo en tres semanas, los satélites confirmaron diez olas gigantes mayores de 25 metros de altura en todo el planeta, especialmente en el Atlántico Norte y en la costa sudafricana. Así que las olas gigantes son una realidad más habitual de lo que se pensaba.

Momento en que el buque 'Stolt Surf' se enfrenta a una gran ola en 1977.
Momento en que el buque 'Stolt Surf' se enfrenta a una gran ola en 1977. / Karsten Petersen

«Son olas anormales que no se pueden predecir -añade Sánchez-Arcilla-. Se forman cuando coinciden dos o más crestas de olas que llegan de diferentes direcciones y que producen interaccciones que pueden hacer crecer al 'monstruo' hasta el doble de la altura de las olas que la rodean. Se pensaba que eran cosa de literatura, de relatos de marinos, pero cada vez serán más habituales. Olas que lo mismo mandan al fondo a un barco que sacan de las profundidades a un calamar gigante». El científico Wolfgang Rosenthal, del Centro de Investigación GKSS de Alemania, insiste en que muchas veces «las causas de los naufragios, y cada semana se hunden dos grandes barcos, no suelen ser investigadas a fondo como en un siniestro aéreo, y suelen explicarse con un socorrido 'mal tiempo'».

En febrero de 1933, el carguero de la Armada estadounidense 'USS Ramapo' fue embestido por una ola que, aseguran, medía 34 metros. Sobrevivió para contarlo. También en febrero pero de 1995, el crucero 'Elizabeth II' se encontró con una de 29 metros en el Atlántico Norte; el capitán Ronald Warwick describió aquello así: «Parecía que teníamos enfrente los acantilados blancos de Dover». Volviendo al 'Stolt Surf', claro que sufrió daños, pero llegó a puerto y 'vivió' hasta el año 2000, cuando lo convirtieron en chatarra. Las fotos de Petersen demostraron que los monstruos marinos existen.

EN ESPAÑA

Mediciones de boyas
Boya de Cabo Vilán, Galicia: 27,81 metros en 2014. Boya de Santander, Cantabria: 26,13 m. (2009). Boya del Cabo de Peñas, Asturias: 23,3 m. (2009)Boya del Cabo Vilán, Galicia: 21,9 m. (2010). Boya de Silleiro, Pontevedra, Galicia: 19.5 m. (2014).
15
boyas de aguas profundas conforman la Red Exterior de Boyas de Puertos del Estado. Las mediciones, que se realizan desde 1996, se amplían con una Red Costera de Boyas en 12 posiciones y 36 mareógrafos repartidos por toda la costa. Además, está las boya del Instituto Español Oceanográfico en Santander. Las comunidades autónomas tienen las suyas propias, con lo que los ranking pueden variar. De hecho, la boya de Matxitxako, en la costa vasca, gestionada por el Centro Tecnológico Experto en Innovación Marina Azti, captó una de 23,8 m. durante la tormenta Klaus de 2009.
7 metros en Cádiz
El Golfo de Cádiz pulverizó en marzo su récord con una ola de 7,3 metros (en la borrasca 'Enma'). Superó los 6,6 metros de abril de 2003.

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