Memorias fotográficas de una vida

Campeones. Piru Gainza, capitán del Athletic, enseña la Copa de 1956 desde el balcón del Ayuntamiento de Bilbao.

La familia de Javier García Rodrigo dona a Bizkaia una colección de 75.000 fotos que abarca 55 años

Luis Alfonso Gámez
LUIS ALFONSO GÁMEZ

«¡Todo el archivo fotográfico de mi vida se ha marchado!», se lamentaba Javier García Rodrigo, con el barro hasta las rodillas y un puñado de negativos en la mano, en el estanco de Ugao-Miraballes que regentaba su tía Eugenia y donde él echaba una mano. Era agosto de 1983. La riada había arrasado el local, como tantos otros en Euskadi, en aquellas inundaciones de 34 muertos y cinco desaparecidos. «El agua se había llevado el tabaco, la fotocopiadora y un armario de caoba traído de Cuba donde aita guardaba unas 200.000 fotos. Fue la única vez en mi vida que vi a mi padre llorar», recuerda Iñaki García Uribe. Por fortuna, la pérdida no fue total y, 34 años después, el hijo de ‘Javi el del estanco’ depositó ayer en el Archivo Histórico Foral de Bizkaia una colección de 13.868 negativos que corresponden a 75.000 fotos tomadas entre 1954 hasta 2009.

Javier García Rodrigo nació en 1936 por accidente en Arrigorriaga, donde su padre, que había llegado años antes de Castilla a Ugao-Miraballes, era entonces jefe de estación. Luego lo sería en Bilbao, Basauri y Vitoria. «Desde el origen del ferrocarril en España, todos en la familia habían sido ferroviarios. Aita rompió esa cadena». Con 17 años entró a trabajar en las oficinas de Talleres de Miravalles, una empresa, propiedad de Altos Hornos de Vizcaya, especializada en la fabricación de vagones. «Tenía un sueldo digno y, como vivía en casa de sus padres, se lo podía gastar en sus vicios, ir al monte y la fotografía. Así que se compró dos máquinas de fotos y dos tomavistas». A lomos de su moto, recorría en su tiempo libre Bizkaia y provincias limítrofes sacando fotos y grabando películas. «Empezó a hacerlo en 1954, cuando desde Orduña hasta Basauri no había más que tres motos».

A ‘Javi fotos’, como también le acabaron llamando «porque nunca se separaba de la cámara ni del tomavistas», le adiestró en la fotografía un amigo, «José Luis Arenas, el dueño de Foto Arenas. También era montañero y le enseñó a manejar una máquina de fotos y a revelar en blanco y negro». Con su cazadora, su casco y su Lambretta 150, el joven oficinista causaba sensación entre las mozas. «Señoras de la zona que ahora tienen 80 años me han dicho: ‘Yo quise ser novia de tu padre, pero, entre que era un ‘sosoman’ y que no paraba quieto, nunca pudimos tener una relación’».

El reportero que no lo era

En cuanto tenía oportunidad, se escapaba con la moto para sacar fotos o hacer montañismo. «Él quiere conocer, viajar. Cuando va a hacer un monte, de camino visita y fotografía un par de ermitas y un dolmen, por ejemplo». Como iba siempre con sus cámaras a cuestas, los fondos donados al archivo foral también incluyen «una colección de fotos de accidentes de tráfico en Bizkaia. Cuando aita se bajaba de la moto y sacaba fotos de un accidente, la gente creía que era un reportero de ‘La Gaceta del Norte’, ‘Hierro’ o ‘EL CORREO’».

Además de fotos de iglesias, caseríos, dólmenes, arrantzales, baserritarras, salidas de montaña, puentes fiestas, romerías, corridas de toros y paisajes, García Rodrigo fue testigo privilegiado de la Vuelta Ciclista a España, a la que acompañó «seis o siete años» en el coche escoba, y de las victorias del Athletic en los 50. «Pasaba del fútbol, pero, cada vez que el Athletic ganaba algo, allí estaba él en el Salón Árabe con un carné de Europa Press que no sé quién le habría dado. ¡Pero si era un estanquero!».

Con el tiempo, ‘Javi el del estanco’ se casó y tuvo dos hijos, un chico y una chica. Pero mantuvo su pasión. «Teníamos la suerte de vivir en un piso muy grande, de 140 metros cuadrados, y aita tenía un ala de la casa para su archivo. Además, debajo estaba el estanco, donde había una grandísima trastienda. Allí tenía un armario gigante de caoba, que había traído un abuelo mío de Cuba y llegó a tener dentro unas 200.000 fotos que se llevó la riada del 83». García Rodrigo hacía de cada negativo dos copias, una para el armario de caoba y otra para, por ejemplo, los padres de los niños que salían en la foto. Su hijo calcula que en los negativos que entregó ayer a la Diputación hay una cuarta parte de las fotos que se llevó el agua. Poco después, un perturbado apuñalaba en el estanco a la tía de García Rodrigo, que en 1984 se hacía cargo del negocio.

«Donar en vida evita que haya archivos que acaben en la basura»

«Gracias a estos fondos podremos abrir nuevas líneas de investigación etnográfica y dotar de más material a las que ya están en marcha, además de que, una vez digitalizados, nos permitirán difundir en internet nuestra historia del periodo al ciudadano de a pie. Visualizar lo que ha sido una época», dijo ayer la diputada de Cultura, Lorea Bilbao, que animó a quien tenga documentación a que la done «para generar conocimiento social». «Si donamos en vida, evitamos que se pierdan archivos que, de otro modo, acabarán en la sanjuanada o la basura», advirtió por su parte Iñaki García Uribe.

Al día siguiente de la muerte de ‘Javi fotos’, el 14 de febrero de 2010, su hijo Iñaki decidió donar todo su material gráfico a archivos públicos, y se embarcó en la laboriosa tarea de clasificarlo. Las 190 películas están depositadas desde hace tiempo en la Filmoteca Vasca y los negativos fotográficos, distribuidos en 33 archivadores, forman parte desde ayer de los fondos del Archivo Histórico Foral de Bizkaia. Clasificar las fotos le ha llevado a García Uribe cinco años y medio durante los que todos los martes, de ocho de la tarde a tres de la madrugada, se ponía a ordenar material. «Me llevaba al estanco un bocata de medio metro, trabajaba con la compañía de la radio y dormía cinco horitas en un camastro». Para la tarea, le ha servido de gran ayuda lo que le han aconsejado sus compañeros de Sociedad de Ciencias Aranzadi, de cuyo departamento de Etnografía es miembro.

Su próximo reto es organizar 40.000 diapositivas de su padre que también va a donar. Pero antes de eso quiere disfrutar de lo que ya ha conseguido, que los recuerdos en blanco y negro de ‘Javi el del estanco’ formen parte de la memoria de Bizkaia. «Es uno de los días más emocionantes de mi vida», decía ayer a este periódico tras donar los 13.868 negativos de su padre.

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