Ana María Lajusticia, la gurú bilbaína del magnesio: «Antes se reían de mí, pero ahora me copian»

Ana María, de 93 años, sigue llevando una vida activa./E. C.
Ana María, de 93 años, sigue llevando una vida activa. / E. C.

Experta en nutrición y dueña de una empresa de suplementos alimenticios que llevan su nombre -y su cara-, esta licenciada en Químicas de 93 años ofrece algunos consejos para mejorar la salud. Y empieza por uno muy simple: ingerir proteínas desde el desayuno

Solange Vázquez
SOLANGE VÁZQUEZ

A Ana María Lajusticia la llaman la gurú del magnesio, porque a sus 93 años no deja de insistir en los beneficios de tomar este suplemento dietético, que se ha puesto de moda en los últimos años aunque ella lleva más de cuatro décadas destacando sus propiedades. Lúcida, risueña y apasionada en sus argumentaciones, esta bilbaína, nacida en el número 12 de la calle Ercilla y licenciada en Ciencias Químicas, ha dedicado buena parte de su vida a estudiar sus efectos sobre el organismo. Empezando por el suyo. «Todo empezó por mis problemas de salud», recuerda. Poco después de cumplir los 40, le diagnosticaron artrosis y diabetes y, en lugar de resignarse, decidió usar sus conocimientos para mejorar su calidad de vida, así que empezó por cuidar su alimentación y, posteriormente, probó a tomar magnesio. Los resultados fueron excelentes, asegura, y quiso desentrañar el porqué de esa mejoría. Esto la llevó a escribir varios libros sobre el tema y a crear su propia marca de suplementos alimenticios, cuyo producto estrella es el magnesio. Considerada una pionera de la investigación nutricional en España, afirma que ella no ha inventado nada: «Simplemente, investigué y entendí... Y, aunque hace décadas casi se reían de mí, ahora hasta las grandes farmacéuticas han sacado sus propios suplementos de magnesio».

-Se la ve a usted pletórica a sus 93 años.

-La genética ayuda, es evidente. Mis dos hermanas, que viven en Bilbao, tienen 91 y 90 años y también están muy bien. En algunas cosas, hasta mejor que yo. ¡Somos tres nonagenarias!

-Son la mejor publicidad para el magnesio...

-Bueno, no es solo el magnesio. La alimentanción es el otro pilar...

-Cuente, cuente...

-¡Nosotras desayunamos fuerte! ¡Las tres! Normalmente, la gente no lo hace bien.

-¿Cuál es el error?

-Yo antes también lo hacía mal. Hasta los 50 años, era de tomar muchos hidratos de carbono en el desayuno, como cruasanes, ensaimadas, pan con mantequilla y mermelada... Pero tenía mucha artrosis y me dieron cortisona. Y, entre eso y que comía mal, hice una diabetes. Entonces pensé ‘¡Ana, tú eres química, tienes que organizar mejor la alimentación...!’. Y lo primero que hice fue cambiar mi desayuno y tomar por la mañana 50 gramos de pan integral, un huevo frito y una loncha de jamón de york.

-Un desayuno de campeones... Mucha proteína, ¿no?

-Es lo que hay que hacer, pero con sensatez, claro. Le voy a poner unos ejemplos. Al hacer la digestión de las proteínas, generamos aminoácidos que sirven para la fabricación de las conexiones nerviosas, como, por ejemplo, los neuropéptidos, que intervienen en mecanismos de aprendizaje y memoria, en la regulación de la ingesta de comida y bebida, en el comportamiento sexual, en el control de la tensión arterial, del dolor... Otro ejemplo de lo importantes que son las proteínas: un aminoácido que se genera al digerirlas es el triptófano, que sirve para hacer la serotonina, la llamada hormona de la felicidad, que da bienestar, calma la ira, regula la temperatura...

-Entendido, ¿pero las proteínas hay que tomarlas ya en el desayuno? No a todo el mundo le apetece...

-¡Sí! Porque los aminoácidos procedentes de la digestión de las proteínas que se toman por la noche ya no están en el cuerpo por la mañana, desaparecen en pocas horas... Fíjese en la palabra desayunar. Des-ayunar. Es decir, dejar de ayunar. La primera comida del día tiene esa función: ingerir nutrientes y, sobre todo, aquellos que sabemos que sólo están unas horas en la sangre. Así, además de las proteínas y algo de hidratos de carbono, es correcto tomar en el desayuno vitamina C, bien un zumo de naranja, un poco de tomate, una rodaja de piña, kiwi si le cuesta ir al baño...

«Hay que cenar verduras y pescado, que además en el País Vasco hay muy buenas materias primas» la cena ideal

«Al principio tomaba cloruro de magnesio que compraba en la droguería. Se lo daban los veterinarios a los animales» primer contacto con el magnesio

-A usted le mejoró la salud con su huevo frito y su jamón york...

-Sí. También empecé a tomar frutos secos a media mañana y media tarde, chocolate negro sin azúcar...

-¿Y cómo ‘descubrió’ los beneficios del magnesio?

-Yo siempre digo que no he descubierto nada. Pero investigué... y entendí. Mire, hubo un grupo de médicos franceses que se dieron cuenta de que los heridos de la Primera Guerra Mundial que estaban recuperándose en balnearios con aguas magnesianas estaban mucho mejor que los que se encontraban en hospitales corrientes. Llevaban mejor las cosas, se curaban más rápido, estaban de mejor humor, sus estancias eran más cortas, sufrían menos infecciones en sus heridas... Sin embargo, ahí se quedó la cosa. Nosotros, en la carrera de Químicas, no sabíamos para qué usaba el cuerpo el magnesio, solo nos decían que las plantas lo utilizaban para hacer la clorofila y que también sirve para aleaciones ligeras y ladrillos refractarios... y punto. Pero desde 1972 y 1974 empezaron a saberse más cosas. Y un día una hija mía me trajo un librito de un jesuita, el padre Puig, que decía lo mismo que estos médicos franceses... Me puse a investigar.

-¿Al principio fue escéptica?

-Pensé: ‘¿Será posible que sea bueno para tantas cosas?’. Decidí probarlo. Me faltaba magnesio, pero no lo sabía: tenía calambres, forúnculos, arritmias, extrasístoles, necesidad de suspirar porque no me acababa de entrar el aire... Investigué y empecé a tomarlo: en mes y medio se me quitaron los forúnculos, las arritmias, el párpado ya no me bailaba solo, no me despertaba cansada, ni tenía por la noche esos ‘sustos’ como si me cayera... Y, en unos años, controlé mi artrosis.

-¿De dónde sacaba el magnesio?

-¡De la droguería! Tomaba cloruro de magnesio. Se lo daban los veterinarios a los animales porque sabían que era bueno... ¡y los médicos no nos lo recetaban a los humanos! Como había dificultades para encontrarlo, después creé mi propia marca.

El debate del magnesio

Alimentos 'empobrecidos':
El uso del magnesio en suplementos tiene detractores que aseguran que, con una alimentación variada y equilibrada, no haría falta tomar 'extras'. Ana María Lajusticia sostiene que los alimentos que tomamos son cada vez más escasos en esta sustancia debido, entre otras cosas, al uso de abonos sintéticos. Es decir, la comida está, a su juicio, 'empobrecida'. Tal y como explica, en suelos ricos en magnesio, como en el Rif, sus habitantes tienen ventaja. «¿Se han fijado en cuántos campeones de maratones proceden de esta zona?», pregunta.
Dónde está el magnesio de forma natural:
El chocolate negro puro es el alimento natural con más magnesio. Las legumbres, frutos secos y vegetales de hoja verde también son ricos en él.
Síntomas que pueden delatar falta de magnesio:
Dolores articulares, calambres, taquicardias, espasmos en párpados y cansancio.

-¡Con su nombre y su cara en el frasco!

-¡Sí! Algunos pensaron ‘esta mujer, qué vanidosa’, ja, ja, ja... Voy a decir por qué lo hice. Como trabajaba con médicos y les explicaba lo del magnesio, al principio muchos creían que yo estaba más para allá que para acá, casi se reían. Pero yo me dije: ‘Estoy muy segura de lo que digo , soy química y sé por qué funciona’. Así que... ¡con la cara y el nombre!

-¿Su formación académica no le sirvió para que la tomasen en serio?

-Me han llamado indocumentada, irresponsable, bruja... Y ahora resulta que grandes farmacéuticas como la Roche y la Bayer hacen lo mismo que yo... ¡Me copian! ¡Ahora me dan la razón, pero me hacen la competencia!

-¿Cree que el hecho de ser mujer le restó credibilidad hace décadas? Tiene pocas contemporáneas con estudios superiores...

-Mmmm, no sé, no creo. Más que nada, es que yo decía una cosa que no decían los médicos. ¿Cómo iba a saber una ‘quimicucha’ más que ellos?'

-Ha dicho usted que ha estado 40 años sin ir al médico...

-He estado 40 años sin ir, pero recientemente he necesitado ir al oculista, al dentista y, a raíz de un disgusto, tuve una subida de tensión. Pero ni mis hermanas ni yo tenemos prótesis, ni operaciones de la columna...

-Denos algún consejo más para tener una salud de hierro.

-Tomar algo de proteína no sólo en el desayuno... ¡en las tres comidas principales! Cenar verduras y pescado, que además en el País Vasco hay muy buenas materias primas. Y, a partir de cierta edad, retirar las grasas saturadas. También es bueno quedarse con algo de hambre y tomar fruta e hidratos con moderación...

-¿Qué le parece este ‘boom’ y esta fama a su edad?

-Estoy contenta. Libros que escribí en los 70 y los 80 los están reeditando, por ejemplo en Alemania, y se traducen a más de 20 idiomas... Pero lo que más me satisface es que veo que la gente puede mejorar sus problemas gastando poco dinero.

Enamorada de Bilbao

Ana María nació en la calle Ercilla y pasó la mayor parte de su infancia en la villa. De aquella época tiene «recuerdos maravillosos». «Íbamos al parque, nos disfrazábamos... Y cuando llovía nos quedábamos bajo la casa de los Anduiza». Pero, cuando ella tenía diez años, su padre, «que había hecho 15 kilómetros de la traída de agua a Bilbao y el pantano de Ordunte», aprobó unas oposiciones de Hacienda y se llevó a toda la familia a Canarias. «Tres años después, murió, pero pude seguir estudiando. Aunque a mi madre no le quedó paga de viuda ni nada, porque estábamos en plena guerra, teníamos derecho a ir al Colegio de Huérfanos de Hacienda. Luego hice la carrera de Químicas en Madrid», indica. Ya en su juventud, en el año 47, regresó a Bilbao, donde estuvo un tiempo trabajando en industrias como Minersa. Y conoció a su marido, un catalán. Se casó en 1949 y se trasladó a Cataluña, donde hizo su vida y tuvo seis hijos. Ahora, a sus 93 años -«cumplo 94 en julio», añade- sigue llevando una vida activa al frente de su empresa de suplementos alimenticios.

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