Cruceros para revivir los ochenta

Fiesta en la piscina, en una edición anterior./El Barco Ochentero | El Correo
Fiesta en la piscina, en una edición anterior. / El Barco Ochentero | El Correo

'El Barco Ochentero', adaptación española de las exitosoas travesías temáticas, ha vuelto a surcar el Mediterráneo a los sones de La Guardia o Los Inhumanos

CARLOS BENITO

En los 80, nuestra idea de un crucero procedía casi exclusivamente de 'Vacaciones en el mar', la serie televisiva que navegó por nuestras pantallas durante buena parte de la década. Identificábamos la experiencia con un ambiente elegante, sofisticado, en el que las parejas se arreglaban para la cena, mantenían conversaciones de civilizado ingenio y sorbían cócteles bajo un sol siempre encendido, mientras sonaba una música con finos arreglos de cuerda. Desde luego, aquel concepto de un crucero estaba muy alejado de la imagen de cientos de personas con pelucas de fiesta coreando «qué difícil es hacer el amor en un Simca 1000, en un Simca 1000», pero también es verdad que ninguno de los participantes en 'El Barco Ochentero' se llama a error sobre el espíritu del viaje: se trata de flotar por el Mediterráneo y zambullirse hasta el fondo en los recuerdos de un tiempo en el que todos eran más jóvenes. Tres décadas más jóvenes, según las crueles matemáticas.

'El Barco Ochentero', que zarpó de Barcelona e hizo escalas en Palma de Mallorca, Palermo, Roma, Savona y Marsella, es el resultado de combinar oportunamente dos tendencias de nuestro tiempo. Por un lado, está la nostalgia de los 80, que ha llevado a una generación entera a vivir con la mirada puesta en el retrovisor. Fueron años de explosión de las libertades y de música divertida, una época tan alejada de la grisura opresiva de la posguerra como de la sobreabundancia cultural y de ocio de la actualidad: como apuntan los sociólogos, los niños y los jóvenes de entonces compartían de manera unánime las mismas referencias (desde programas de televisión hasta chicles o juguetes), que ahora, ya adultos, les están sirviendo de contraseña colectiva en forma de recuerdos.

El 'Costa Diadema', en Palma de Mallorca. Debajo, los cruceristas vascos Gonzalo y Salva en la fiesta de disfraces. Y, por último, José Luis Moro, de Un Pingüino en mi Ascensor, toca en otra travesía del crucero .

Los datos

El barco.
Los 800 cruceristas de 'El Barco Ochentero' forman parte del pasaje del 'Costa Diadema', con 19 cubiertas, 15 bares, 3 piscinas...
Recorrido.
Barcelona-Palma-Palermo-Roma-Savona-Marsella-Barcelona.
Los artistas.
Danza Invisible, Modestia Aparte, La Guardia, OBK, La Frontera, Tennessee, Miguel Costas (ex-Siniestro Total/Aerolíneas Federales), Luis Livingstone y Santi Sánchez. Además, pinchan DJs como Toni Peret, Quique Tejada o Antonio Albella (Locomía).
Precio
De 805 a 1.750 euros.

La otra tendencia es, por supuesto, la de los cruceros temáticos, un formato que ha contribuido al resurgimiento de este modelo de vacaciones. Muy raro tiene que ser uno para que no exista algún crucero dedicado a sus intereses: en Estados Unidos, los hay para aficionados a la cerveza, al tricotaje, a la adivinación del futuro, a las muñecas Barbie o a los vampiros. Y, por supuesto, se multiplican los consagrados a productos audiovisuales y géneros de música: lo mismo se puede navegar con cara de zombi en un crucero de 'The Walking Dead' (con maquilladores profesionales, claro) que escuchar en directo a The Beach Boys (los de verdad, no tributos de tercera) en el 'Flower Power Cruise'. Seguramente, el crucero musical más conocido es el '70,000 Tons Of Metal', cuya octava edición recorrió el Caribe en febrero con tres mil 'heavies' a bordo, mientras tocaban bandas como Kreator, Sepultura, Cannibal Corpse, Exodus o Metal Church.

De Kiss a Chanquete

«Precisamente, nosotros nos enteramos de que en Estados Unidos organizaban un crucero sobre el grupo Kiss y pensamos que ese mismo formato se podría trasladar aquí con artistas de los 80», comenta Raquel Recena, una de las promotoras de la iniciativa española. Lo de 'El Barco Ochentero' es menos atronador, aunque los ochocientos cruceristas, integrados en el pasaje del 'Costa Diadema', han disfrutado de un programa generoso de conciertos, sesiones de DJs y fiestas que se combinaba con las excursiones a las distintas ciudades. La noche del sábado, por ejemplo, fue el turno del gallego Miguel Costas, que repasó el repertorio de sus dos grupos históricos, Siniestro Total y Aerolíneas Federales, mientras que en la última jornada se sucedieron sobre el escenario Luis Livingstone (de Dr. Livingstone, Supongo), Tennessee y Santi Sánchez (ex-Los Inhumanos) a modo de juerga final. «El crucero es una experiencia fantástica, una de las pocas maneras de convivir directamente con los artistas -explicaba Santi a este periódico desde Roma-. Los festivales establecen una barrera, pero aquí todos ven la cara B del artista, desde el desayuno hasta la noche. Ven su faceta más humana y tratan con ellos». Lo sabe bien, porque ha participado en las cuatro ediciones del crucero: «El año pasado -recuerda- cerramos el concierto con 'del barco de Chanquete no nos moverán'».

El crucero británico de 'clásicos populares' llega este mes a Bilbao

La idea es la misma que la de 'El Barco Ochentero', aunque quizá con otro tono: el día 21 arribará a Bilbao el crucero 'Bravo!', que zarpa de Southampton dos días antes con un programa de actuaciones centrado en la ópera, la música clásica y el teatro musical. La estrella de la travesía es Katherine Jenkins, una de las grandes figuras de lo que se ha dado en llamar 'crossover clásico': la mezzosoprano galesa, de 37 años, acomete con la misma convicción un aria de Rossini que una versión de Dolly Parton. La superventas Jenkins ha cantado a dúo con Plácido Domingo y Andrea Bocelli y ha actuado para la reina Isabel, para Juan Pablo II y hasta para las tropas británicas desplegadas en Irak y Afganistán.

Junto a ella viajarán el tenor Alfie Boe y un variopinto cartel en el que se codean la cantante Ruthie Henshall (famosa por sus papeles en varios musicales), la soprano australiana Mirusia, The Celtic Tenors o los directores Anthony Inglis y Guy Noble, entre otros. También estará en el barco el chelista Julian Lloyd-Webber, que, aunque dejó de tocar hace cuatro años por una hernia discal, mostrará grabaciones de algunas actuaciones suyas y las comentará con los cruceristas.

Hay sesiones de pinchadiscos hasta las cuatro de la madrugada y fiestas de karaoke, de tribus urbanas, de playback, de disfraces... «Había gente que iba de Freddie Mercury, de 'Barrio Sésamo', de 'El gran héroe americano', de Alf, de la Bruja Avería, de 'Grease'...», enumera Gonzalo, un vasco que se ha enrolado por primera vez en el crucero, como parte de un grupo ochentero de WhatsApp. ¿Y de qué fue vestido él? «Yo estaba con un amigo que había traído pelucas y gafas. Él se disfrazó de 'Los Lunnis' y yo, bueno, me acabé pareciendo a Javier Bardem en 'No es país para viejos'. La verdad es que es muy divertido, hay gente que se apunta a todas las ediciones. Aunque yo soy más de rock que de pop, los grupos suenan muy profesionales: me gustaron La Guardia y también Modestia Aparte, que pensaba que iban a ser menos cañeros. Desconectas de tu trabajo e incluso te sientes joven. ¡Tengo 45 y en el barco soy un yogurín!». ¿Y resulta más fácil hacer el amor ahí que en un Simca 1000? «La mayoría somos solteros o separados. Todo el mundo hace sus deberes y echa sus fichas», informa.

Meterse en fregados

El pasaje del barco, con sus camisetas de 'Me duele la cara de ser tan guapo' o 'Besarte es como comer palomitas', sirve como prueba de que la nostalgia no tiene por qué ser tristona, de que el lamento por lo perdido puede ceder ante la celebración de lo vivido. «La nostalgia bien entendida es buena: todos tendemos a mitificar las épocas en las que lo hemos pasado muy bien, obviando el detalle de que teníamos 20 años. Lo que no hay que hacer es quedarse en el pasado, vivir en él», reflexiona Santi Sánchez. ¿Y qué tiene de especial la música de los 80 para propiciar eventos de este tipo? «La diferencia con otras décadas era que hacías lo que te gustaba y, si también le gustaba a la gente, vendías discos. Ahora, si se llevan los dúos, solo salen dúos; si se lleva el reguetón, solo sale reguetón... La música ha perdido frescura, en parte por culpa de la industria».

Desde luego, por ahora no parece haber mucha demanda de cruceros setenteros ni noventeros. «A los de los 70 igual les pilla ya un poco mayores. Lo del crucero noventero podría ser, aunque la cosa requiere que los grupos invitados tengan cierta capacidad de dejar de tomarse a sí mismos demasiado en serio. Eso en los 80 se nos daba bastante bien y por eso no nos importa mucho meternos en fregados de ese tipo», ironiza José Luis Moro, el comandante de Un Pingüino en mi Ascensor, que este año no ha estado en el barco pero sí ha ofrecido sus descacharrantes conciertos en otras dos ediciones. «Es un público entregado que tiene muchas ganas de pasarlo bien. Mucha gente que siente curiosidad me ha preguntado: '¿Qué tal, es muy friki?'. Y siempre les digo lo mismo: pues sí, y eso es lo que lo hace divertido».

El que prefiera más refinamiento siempre podrá apuntarse a una travesía temática de 'Vacaciones en el mar', que -cómo no- también existen, aunque el 'pingüino jefe' aporta otra posible interpretación de lo que puede ser un crucero ochentero: «El año pasado, entre los pasajeros que iban cada noche a los conciertos y a las fiestas, había un señor mayor que nos llamaba bastante la atención. Un día le preguntamos: 'Oiga, ¿es que usted era fan de los 80?'. Y contestó: '¡Qué va! Como tengo 80 años, pensé que un barco ochentero era para los de mi edad'. El caso es que el tío estaba tan feliz».

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