Mabel Lozano: «Los jóvenes consumen cada vez más sexo de pago»

La cineasta y activista Mabel Lozano./Paco Navarro
La cineasta y activista Mabel Lozano. / Paco Navarro

La cineasta y activista publica un libro que da voz a un exproxeneta que captó y explotó a 1.700 mujeres. «Para él valían lo mismo que una Coca-Cola»

ARANTZA FURUNDARENA

«Captó y explotó a 1.700 mujeres. En España la trata sale baratísima». Con esta frase define Mabel Lozano al desalmado macarra, ahora arrepentido, que ha dado pie a su libro. La actriz, directora y activista toledana lleva doce años utilizando el cine como «herramienta transformadora» y poniendo voz a las víctimas de la prostitución y la trata. Pero faltaba que hablara el verdugo...

Ahora, a punto de cumplir los 50, Lozano lo ha conseguido gracias al testimonio de 'El Músico', ex jefe de la mafia de la prostitución y ex propietario de doce de los más importantes macroburdeles de España, que se ha prestado a contarle su vida... Ella la ha resumido en un libro titulado 'El proxeneta'.

Esto no es una novela.

–No. Es una historia real contada en primera persona. Y su protagonista existe. Se llama Miguel y ha sido un proxeneta condenado y sentenciado a 27 años en Herrera de la Mancha de los que cumplió solo tres. Él mismo dice que se cumplió la ley pero no la justicia, en comparación con las 1.700 mujeres a las que captó y explotó. En España la trata sale baratísima.

¿Cómo llegó hasta él?

–Llegó él a mí, me buscó por mi trabajo, por mi compromiso, a través de un policía que es amigo de ambos.

Supongo que un tipo así le produciría rechazo.

–He pasado por muchas etapas con él, pero también hay que tener en cuenta que Miguel podía haber seguido con una existencia fácil, ganando un montón de dinero, y sin embargo ha decidido cambiar y contarlo, poniendo en riesgo su vida.

Él dice que fue violado de niño.

–Por un cura, en un orfanato... Eso no le justifica pero explica que tenía muchas papeletas para delinquir. En ese orfanato le hicieron catedrático para lo que iba a ser después: uno de los grandes ideólogos de la trata en este país. Él y sus socios descubrieron que el negocio no solo estaba en explotar a las mujeres, sino en captarlas en su país de origen. Una vez deshumanizadas eran vendidas y alquiladas miles de veces.

¿Y qué le llevó a arrepentirse?

–Se enamoró de una víctima de trata y a partir de ahí empezó a mirar a las mujeres prostituidas como seres humanos. Hasta entonces para él valían lo mismo que una Coca-Cola de las que venden en los burdeles. Eran meros trozos de carne, máquinas expendedoras de dinero.

Él arriesga su vida al contarlo... ¿Y usted la suya?

–Si yo le contestara que sí, me vería como una heroína. Y no lo soy. Heroína es Daniela, víctima de trata brasileña, que consigue salir de ahí a pesar de la dificultad y ahora se dedica a rescatar a otras mujeres en la misma situación. Pero soy madre, vivo en un mundo globalizado donde existe la esclavitud y quiero algo mejor para mis hijos.

Hablando de esclavitud... La que nos hace llorar es la que vemos en el cine: aquellos campos de algodón.

–Yo a esa gente le diría: Mira el piso que tienes ahí, donde hay montones de mujeres explotadas, vejadas y que viven en cautiverio. Mira la rotonda que tienes a la salida de tu ciudad, mira el puticlub de carretera por el que pasas cada día. Eso está sucediendo aquí y ahora, exactamente igual que lo hemos visto en 'Venganza', la famosa película de Liam Neeson. Y lo peor es que cada vez chavales más jóvenes se acercan al sexo de pago.

¿En la era de la liberación sexual?

–Sí, en este siglo. Lo hacen porque es muy barato afectiva y económicamente y por falta de información. Para ellos esto tiene que ver con el ocio, con el divertimento. Y no con lo que es: un delito terrible que vulnera los derechos humanos, y un negocio multimillonario.

¿Y dónde está el hombre evolucionado?

–Hay una involución total en los jóvenes. Son cada vez más machistas. Ellos y ellas. Además, los proxenetas y tratantes nos llevan años de ventaja, han agasajado a los jóvenes convirtiendo en discotecas esos burdeles, con copas muy baratas y el sorteo los fines de semana (tal cual) de un polvo gratis, a elegir chica. Los jóvenes de hoy consumen muchísima prostitución de polígono y de calle, donde están las rumanas que al final de la noche si no han hecho el dinero que les exige su chulo venden su cuerpo por cinco o diez euros.

¿Qué hay detrás de esa mujer que se rifa?

–Un grandísimo drama. Hay necesidad, precariedad, deuda, coacciones, violaciones, amenazas, miedo, soledad, silencio. Aunque ellos no vean más allá de los tacones y del carmín.

¿Por qué no se pone fin a todo esto?

–Hacen redadas, pero como en España la prostitución es alegal y las mujeres que están dentro no se declaran víctimas de un delito (por el miedo, las amenazas, las deudas), poco pueden hacer. Igual que los cierran los abren al día siguiente. Y los proxenetas ganan tanto que les da para tener en plantilla a los mejores abogados. Y para lavar muchas conciencias.

¿Le ha llamado alguno de esos abogados?

–No me pueden decir nada porque todo lo que cuento en este libro es real y está avalado por sentencias firmes. Al revés, tienen mucho que callar. Y esto les va a hacer daño por primera vez, porque estamos dando voz al silencio. Mucha gente se cree que son cuatro paletos los que se dedican a vender mujeres. Y no. Este es un crimen organizadísimo.

¿Cómo se realiza la captación?

–Llevan 30 años, desde el 92, captando a las mujeres en sus países de origen. Tienden sus redes como una araña. Hay zonas enteras en Colombia y Paraguay empobrecidas, en la calle te encuentras con esas mujeres. Les ofrecen un trabajo en la hostelería o directamente en la prostitución. A cambio les dicen que van a ganar mucho dinero y van a poder ayudar a sus hijos, a sus familias... Cuando llegan todo eso es mentira. Se les retira el pasaporte, han contraído una deuda, tienen que pagar por todo cada día... Se inventó en España, en un club de Ciudad Real, un sistema de explotación total.

¿Y qué hacen con ellas cuando ya no les sirven?

–Se desechan. Es una materia prima que tiene fecha de caducidad. Máximo tres años. Hay que explotarlas de una manera salvaje durante ese tiempo y luego venderlas a un club de tercera o que ejerzan en la calle. Acaban drogadas, alcoholizadas, vendiendo su cuerpo por nada... Tiradas. Ya nadie las quiere, ni siquiera su familia. Nadie las reclama. Ni cuando mueren.

¿Qué acabaría con todo este horror?

–Las leyes. No los planes. En España hay planes contra la trata. Están bien pero son laxos. Necesitamos leyes. Una ley integral que proteja a la mujer, que condene todo tipo de proxenetismo, incluido el consentido. Y por supuesto necesitamos toneladas de educación. Educar a nuestros hombres: maridos, hermanos e hijos. Informarles de la realidad que esconden las luces de neón, que son cárceles de neón tras las cuales se oculta la esclavitud de nuestro siglo.

¿Cuántas esclavas puede haber ahora mismo en España?

–Miles. España es el país más importante de Europa de destino y tránsito, porque aquí la prostitución está muy normalizada y eso normaliza la trata. Actualmente se está captando a chicos muy jóvenes venezolanos por la precariedad del su país, y los están explotando en el nuestro.

Su libro comienza con una cita de Nietzsche: «Quien con monstruos lucha cuide convertirse a su vez en monstruo»...

–Eso me lo dice un amigo: «Ten cuidado, Mabel». Es que yo me relaciono con muchas víctimas, pero también con delincuentes, con monstruos. Ahora, en mi nuevo corto, 'Tribus de la inquisición', que está nominado a los Goya, cuento la historia de una mujer boliviana que vio quemar vivos a sus hijos mientras le ponían una pistola en la cabeza. Ese es un dolor que te corroe. Yo estoy siempre en ese abismo.

¿Y eso no le impide ser feliz?

–No. Me hace valorar más lo que tengo. Cuando llego a casa tengo a mis hijos, que son adolescentes, y vuelvo a la realidad. Pero sin olvidarme nunca de mi compromiso.

Se diría que ha hecho un viaje sideral desde 'La casa de los líos’'...

–No tanto. Lo que se veía de mí en 'La casa de los líos' no era yo, era una actriz. Siempre he sido muy comprometida con el mundo de la mujer: por mi madre, por mi abuela, por mujeres muy fuertes que han sufrido con hombres muy machistas al lado. Pero la gente vive de estereotipos y seguramente pensaban que soy una frívola.

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