Recuperan a 50 metros de profundidad el cuerpo del buzo vizcaíno fallecido en Ribadesella

Efectivos de la Guardia Civil desembarcan en el puerto el cuerpo del submarinista fallecido./Nel Acebal
Efectivos de la Guardia Civil desembarcan en el puerto el cuerpo del submarinista fallecido. / Nel Acebal

Fueron dos de sus compañeros del grupo de submarinismo que se sumaron a las labores de rescate los que hallaron el cadáver de la víctima, muy cerca del pecio

TERRY BASTERRARIBADESELLA.

A 50 metros de profundidad y a 30 a babor del pecio ‘Neretva’ localizaron en la mañana de ayer los efectivos del operativo de rescate el cuerpo del buceador vizcaíno desaparecido el sábado en aguas del concejo de Ribadesella. La búsqueda se reanudó a primera hora de la mañana de ayer aprovechando la mejora de las condiciones meteorológicas y a las 10.30 horas dos compañeros de la víctima los que dieron con los restos mortales del fallecido.

Bécares formaba parte de un grupo de siete submarinistas vascos y cántabros con una dilatada experiencia en inmersiones de gran profundidad. Se habían desplazado al Oriente asturiano para sumergirse en el ‘Neretva’, un mercante de bandera croata hundido en 1992 a dos millas de la costa de Ribadesella y que se ha convertido en un atractivo para los amantes de esta práctica deportiva debido al arrecife que se ha formado en él y a la gran cantidad de fauna marina que lo frecuenta.

Fue al poco de iniciar el descenso hacia al pecio cuando sus compañeros perdieron de vista a este dentista de Getxo con consulta en Barakaldo. Las condiciones de la mar no eran las mejores en aquel momento y a la poca visibilidad se unía una fuerte corriente. Dieron aviso a Salvamento Marítimo y, pese a los esfuerzos por encontrarle con sucesivas inmersiones, tuvieron que desistir y regresar a puerto.

En la tarde del sábado al operativo compuesto por un helicóptero y dos embarcaciones de Salvamento Marítimo se incorporaron los buzos de los de la Guardia Civil (GEAS) con base en Gijón y que durante la mañana habían estado destinados a labores de seguridad en el Descenso Folclórico del Nalón. Realizaron dos inmersiones al pecio pero no lograron localizar el cuerpo.

Investigación

En la mañana de ayer, antes del amanecer, se reanudaba la búsqueda. Las condiciones meteorológicas habían cambiado. La lluvia y las nubes del sábado habían dejado paso a una jornada soleada en la que la visibilidad era muy buena, según indicaron desde la Guardia Civil. A las siete partían del puerto deportivo de Ribadesella los buzos del GEAS y cuatro compañeros del fallecido que se presentaron como voluntarios.

A diferencia de los GEAS asturianos, que llevan bombonas de oxígeno comprimido, estos buzos cántabros y vascos utilizaron un sistema de respiración conocido como ‘Rebrether’ y que utiliza parte del oxígeno exhalado para mezclarlo con helio y reutilizarlo. Esto permite, además de realizar un descenso más rápido, permanecer un mayor tiempo bajo el agua. Da una mayor autonomía al buceador y por ello hay aficionados a esta práctica deportiva que lo utilizan para descender a grandes profundidades.

Efectivos de Salvamento lo trasladaron al puerto, donde aguardaban la mujer y el hijo del fallecido Dolor

Fueron precisamente dos de sus compañeros los que localizaron a las 10.30 horas de ayer el cuerpo de Arístides Bécares. Posteriormente los agentes se encargaron de emergerlo hasta la superficie y trasladarlo a puerto a bordo de la embarcación San Carles, de Salvamento Marítimo. Allí le esperan, además del resto de grupo de buceadores, varios familiares del fallecido entre los que estaba su mujer y su hijo.

Ayer se inició también la investigación para determinar las causas de la muerte del submarinista vizcaíno. El cuerpo fue trasladado al Instituto de Medicina Legal de Oviedo para realizarle la autopsia, mientras que el equipo de inmersión del fallecido quedó custodiado por la Guardia Civil para que los GEAS lo analicen y determinen si sufrió algún fallo. De esta manera se trata de determinar si la muerte de Arístides se debió a causas naturales o fue consecuencia de algún problema técnico en el equipo de respiración que portaba el difunto.

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