EL ORO DE LEIOA

El Piscolabis

No son cuarenta ni tienen que ver con Alí Babá, pero saben lo que es conseguir el oro y robar el corazón a base de garganta

JON URIARTE

Los grandes buscadores siempre supieron encontrar las mejores pepitas. No se trataba de tamaño, sino de la calidad del oro. Y en Leioa han hallado un filón. Para empezar, las cincuenta pepitas que forman 'Leioa Kantika Korala'. Un coro infantil que, bajo la dirección de Basilio Astúlez, brilló tanto en Rimini que su éxito sigue deslumbrando por esos mundos. No solo son un grupo de paisanas y paisanos que han triunfado en un concurso internacional, celebrado en Italia, sino que además lo han hecho compitiendo contra coros de países tan acostumbrados a impresionar al respetable con sus gargantas que el triunfo tiene mucho de gesta épica. Es como si el Athletic, ya sé que no son días para mencionarlo mucho, ganara la Champions. De ahí que se merezcan, como poco, estas obligadas líneas. Nacen de un mensaje que alguien nos envió, que a su vez recibió de un orgulloso padre que quería gritar al mundo esta historia.

Es viernes y aún se nota la emoción de los mágicos días vividos en Italia. Como si hubiera pasado ayer. Por eso, mientras los protagonistas y sus familias leen y vuelven a leer el artículo publicado en EL CORREO, en su edición Margen Derecha, dedicado a la gesta, el director del coro no puede evitar mostrar una sonrisa que no cabe en el universo. Y es normal. Porque esas 45 chicas y 5 chicos, con 14 años de media, que forman el equipo que saltó al escenario en Rimini, eran una quimera hace 18 años. «Cuando llegué, en 1999, al conservatorio de Leioa me sorprendió que, constando de 700 alumnos y siendo tan prestigioso como multidisciplinar, no contara con nadie que cantara. De ahí la idea de crear un coro. Y, ya puestos, decidimos hacer algo diferente», rememora Basilio, demostrando de paso que las cosas no crecen de golpe, sino que necesitan su tiempo. Pero además hay otro detalle. El de que querían hacer algo que fuera más allá. Y se pusieron a ello.

Servidor es uno de aquellos niños de las generaciones de los 60 y 70 que fueron apuntados por su padre y su madre a cosas como, en mi caso, solfeo, txistu, danzas vascas y hasta a ballet, por aquello de que me gustaba una niña que iba a cierta academia. No es que abandonara estas disciplinas. Fueron ellas las que pasaron de mí. El solfeo me dejó en primero, el txistu se escondió al de un año, las danzas vascas me obviaron en menos tiempo y el ballet duró lo que tardé en darme cuenta de que la niña aquella sentía por mí lo mismo que Bisbal por Chenoa. A lo que habría que sumar el posterior cambio de voz, cosas de la adolescencia, que provocó que me echaran del coro del colegio. Pasaba de sonar infantil a parecerme a la protagonista de 'El Exorcista'. Así que muchos consideramos digno de aplauso y gran ovación el compromiso de los componentes de Leioa Kantika Korala. Y también la constancia y la habilidad de quienes les han acompañado y guiado en este largo y nada fácil camino. Sobre todo, porque fue valiente. Lo que vuelve a llevarnos al asunto de la diferencia. Resulta que este coro no solo canta. Actúa, baila... En definitiva, lleva al escenario historias en color. Como dice su director, no son un coro en blanco y negro. Nada de estar juntos, estáticos y sosteniendo partitura. Aquí, como decía la profesora de la serie 'Fame', lograr la fama cuesta y se paga con sudor. Si la música rock y pop han cambiado el concepto del concierto hasta convertirlo en un espectáculo, la música coral no debía ser menos.

Rusia, Italia, Lituania, Portugal, Polonia, Suecia, Eslovaquia, Guatemala, Indonesia y otros países, alguno de los cuales cuesta señalar en el mapa. Ese fue el panorama que vieron al llegar los nuestros a Rimini. Incluyendo coros de tierras como Estonia, donde según cuentan no hay niño o niña que no cante. Y además bien. Es algo tan habitual en sus aulas como el lápiz o la goma de borrar. Algo que, por desgracia, no sucede en nuestra tierra. Otro de los motivos por los que hay que subrayar el logro del coro de Leioa. Y es que, además y no es asunto baladí, obtuvieron unas puntuaciones jamás soñadas. En la modalidad folklore, 92.08 sobre 100. Lo que supuso ganar el primer premio. En coros infantiles y juveniles, 94,10 sobre 100. Otro primer puesto. Y así, a lo grande, lograron entrar en el Olimpo de las finales corales. El 'Grand Prix', solo reservado para elegidos. Y volvieron a ganar. Triple oro para casa. Ahí queda eso.

Hay otro detalle que no deberíamos dejar pasar. Un coro es un equipo. Cada cual con su vida y sus circunstancias. A lo que hay que añadir en este caso, que los componentes del de Leioa tienen diferentes edades. Pues bien, hasta eso es un valor. Y se nota en escena. No se trata de contar con las mejores voces. Sino que deben ser todas uno. En eso, también son los absolutos triunfadores. Confiesa Astúlez que tienen algunas canciones «amuleto». Sobre todo una. «Se titula 'Oihu hau', compuesta por David Azurza y que son seis minutos de pura fantasía, con el mundo de la sidra como eje central», nos cuenta, añadiendo a su relato detalles interesantes sobre la estética, la melodía y la puesta en escena. Nos hacemos una idea al escucharle. Pero casi mejor apuntamos estos interesantes datos y buscamos ya un hueco para verles en directo. Sería imperdonable no hacerlo. Porque no todos pueden presumir como nosotros de tener un coro, tan brillante, que es de oro.

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