«Katmandú es un lugar que afecta a los sentidos»

Gaizka Mentxaka, rodeado de niños durante su trabajo en Sudán con Unicef.
Gaizka Mentxaka, rodeado de niños durante su trabajo en Sudán con Unicef. / E. C.
VASCOS DE ALTOS VUELOS | Gaizka Mentxaka Trabajador de Unicef en Nepal

Con una atracción por otras culturas que desarrolló desde pequeño, este vizcaíno ha visitado más de 100 países

LEIRE FERNÁNDEZ

Gaizka Mentxaka tiene 36 años y desde los 19 no ha parado de viajar. En 17 años ha vivido en ocho países distintos y visitado más de 90. Un ejemplo perfecto de lo que es ser ciudadano del mundo. Con solo 11 años, hizo su primera incursión fuera de Euskadi sin sus padres, concretamente a Inglaterra, y desde entonces ya tuvo claro «que no iba a poder asentarme en ningún sitio. La geografía era mi asignatura favorita y me pasaba el tiempo mirando el atlas e imaginando viajes», recuerda.

Ya con la mayoría de edad, estudió la carrera universitaria de Dirección y Administración de Empresas en California, donde conoció a la que hoy es su mujer, e hizo un Máster en Acción Humanitaria entre Deusto, Dublín y Nueva York.

Actualmente reside en Katmandú, Nepal, donde trabaja en la oficina regional de Unicef para el sur de Asia. «Comencé en el comité vasco de Unicef en enero de 2008. Mi primer destino con la ONG fue Sudán, donde estuve 4 años, tras los cuales me ofrecieron venir a Nepal y no me lo pensé mucho, ya que era un cambio de aires radical y necesario. Había visitado el país de vacaciones y guardaba muy buen recuerdo de su gente y cultura», comenta.

A pesar de haber conocido tantos países y de que ya lleva instalado en Nepal un par de años, Gaizka reconoce que aún hay cosas a las que le cuesta acostumbrarse. «Katmandú es un lugar que afecta a los sentidos, tanto en lo positivo como en lo negativo. Las tres cosas que menos me gustan, y a las que todavía no he podido adaptarme, son la polución, el ruido y la falta de higiene de los alimentos. En el tiempo que llevo aquí he tenido que acudir de urgencias al hospital en dos ocasiones debido a comida contaminada. Ahora que empieza la temporada de monzón el riesgo es mayor», lamenta.

Guardián de los derechos del niño

Gaizka trabaja en la oficina regional de Unicef para el sur de Asia, donde dan apoyo a sus ocho sedes en el país (India, Afganistán, Bangladesh, Bhutan, Pakistán, Sri Lanka, Nepal y Maldivas) para que puedan llevar a cabo su misión de hacer cumplir los derechos del niño. «Esto conlleva intervenciones para mejorar la situación alimentaria, educativa, y sanitaria, además de garantizar protección contra el abuso y explotación de los niños más desfavorecidos. Nuestras prioridades regionales para este año pasan por prevenir las muertes de 250.000 recién nacidos, conseguir reducir el número de niños malnutridos en 12 millones, poder ofrecer educación primaria a 12 millones de menores no escolarizados, eliminar la polio, y conseguir que 120 millones de personas dejen de defecar al aire libre para prevenir enfermedades».

Los horarios también difieren de los nuestros. «Aquí se acercan mucho mejor que nosotros a lo que dictamina el sol. Lo normal es que un nepalí se levante a las cinco de la mañana y se acueste a las nueve. De hecho en mi primer mes en Katmandú alquilé un apartamento en el centro de la ciudad y no tenía que poner el despertador, ya que el alboroto de la calle a las seis de la mañana ya se encargaba de despertar a uno. Eso es impensable en muchas ciudades y pueblos de Euskadi donde no empieza la actividad hasta las nueve. Eso sí, muchos bares y restaurantes están cerrados a las ocho. Es otro ritmo de vida», detalla.

Afición a la montaña

La presencia de vascos en Nepal es muy habitual dada la atracción a la montaña (8 de los 14 ochomiles están allí) lo que ha permitido a Gaizka relacionarse con muchos compatriotas y a la vez que los nepalíes conozcan nuestra cultura. «La gran mayoría de los nepalíes que se dedican a cualquier actividad relacionada con la montaña conocen Euskadi por los innumerables montañistas vascos que vienen, y otros más futboleros que montañistas conocen al Athletic, ya que el fútbol es, junto con el criquet, el deporte más popular». También la importante respuesta que se dio por parte de organizaciones y particulares vascos durante la emergencia humanitaria a raíz de los terremotos de 2015 le dio la oportunidad de conocer a muchos de los que se desplazaron hasta allí. «Hay una cierta tendencia a o quedarse en Nepal o a volver asiduamente debido a los niveles de hospitalidad sin parangón de los nepalíes», afirma.

En cuanto a regresar a Euskadi lo tiene claro. «No a corto plazo, pero quizás dentro de un par de décadas cuando ya esté cansado de dar vueltas por el mundo, lo más probable es que mi mujer y yo acabemos asentándonos a medias entre California y Euskadi. Venimos en vacaciones y el año pasado compramos un caserío de 300 años que necesita una reforma completa y la idea es ir reformándolo poco a poco».

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