La juventud vasca deja de ver hijos y matrimonio como meta para ser feliz

El estudio advierte avances en el ámbito de la igualdad, aunque persisten diferencias laborales./e. c.Gráfico
El estudio advierte avances en el ámbito de la igualdad, aunque persisten diferencias laborales. / e. c.

Considera que tiene menos oportunidades para elegir vivienda y profesión, e identifica paro y envejecimiento de la población como los principales desafíos

SERGIO GARCÍA

Los jóvenes vascos ya no son lo que eran; son, sencillamente, distintos. Los desafíos a los que se enfrentan y las necesidades que tienen son diferentes a los de hace 10 o 30 años, como lo son las herramientas de las que disponen para hacerles frente en un mundo cada vez más globalizado, donde los problemas para encontrar empleo -y mantenerlo-, las desigualdades sociales, la falta de crecimiento económico o el progresivo envejecimiento de la población han desplazado a preocupaciones como la vivienda, la educación y la violencia. Todo ello en un contexto que las encuestas califican, sin embargo, de relativo optimismo. El 78% se muestra muy o bastante esperanzado sobre el futuro que le espera a Euskadi (percepción que baja al 64% en el caso de los adultos), en un momento en el que para casi la mitad de la población consultada el impacto de la crisis ha tocado techo.

Son algunas de las conclusiones del último informe ‘Retratos de Juventud’, elaborado a partir de los sociómetros vascos del año pasado en base a 7.196 entrevistas efectuadas en tres tandas a jóvenes y adultos de diferente perfil. El estudio describe una población mayoritariamente satisfecha con la familia (el 75% se reconoce así), que aprecia valores como el cariño, respeto y concienciación, aunque desvela posiciones que en algunos casos parecen entrar en colisión con esta afirmación. Sólo el 17% opina que mujeres y hombres necesitan hijos para realizarse, aunque este porcentaje sube al 27% cuando hablan de sí mismos y al 35% si se les pregunta a los mayores de 30 años.

«Los toros desde la barrera»

A la luz de estos datos y de otros que profundizan en este escenario, el catedrático de Sociología de la UPV/EHU Ander Gurrutxaga describe «una generación satisfecha, pragmática, que valora su vida y las relaciones afectivas, aunque no se plantean el matrimonio ni los hijos como metas básicas para alcanzar el estadio ‘ser felices’». Una percepción sobre la que el director de Juventud del Departamento vasco de Empleo y Políticas Sociales, Ander Añibarro, alerta «porque somos un país que envejece», realidad que vincula con la estabilidad laboral, «por cuanto una fuente de ingresos estable y fiable es fundamental para iniciar una vida emancipada». Y Gurrutxaga remacha: «Conocen la dependencia generacional porque la viven, pero la ven como algo sobre lo que no tienen capacidad de decisión. ¿Qué pueden hacer, que no hacen, con los recursos que tienen?».

Baja el porcentaje de los que creen que el trabajo es un medio para ganarse la vida dignamente Mercado laboral

Quienes hoy estudian, valora Añibarro, «ven los toros desde la barrera, pero perciben lo que ocurre a su alrededor». El trabajo de la Administración, abunda, es lograr «las circunstancias propicias» para recuperar esa confianza. Es en este contexto donde adquieren especial importancia la conciliación familiar y, sobre todo, los obstáculos que plantea la maternidad en la carrera profesional, sobre el que llama la atención el 61% de los encuestados (73% entre los adultos), mientras que sólo el 14% lo hace de la paternidad.

El informe desmenuza a lo largo de 171 páginas ámbitos tan dispares como la igualdad entre géneros (destacando los avances en educación y salud y criticando el estancamiento en el mercado laboral o la política), la familia, Euskadi ante el futuro, la actitud hacia Europa, inclinaciones políticas y valores psicosociales. A juicio de Gurrutxaga, el panorama descrito muestra «fisuras» en la inserción de los jóvenes vascos, la más relevante referida a los problemas económicos. Detrás de esta queja tan compartida están «el valor del empleo, sus déficits y un temor expreso ante la precariedad y el sentido del trabajo. Ha calado en esta generación que el acceso al empleo es una cuestión no resuelta, más allá de la disposición de cada uno y la cualificación alcanzada. Un problema que condiciona la vida». En este sentido, sólo el 60% ve el trabajo como un medio para ganarse la vida dignamente, 11 puntos por debajo que hace veinte años. Definitivamente, «el trabajo tampoco da la felicidad», redunda el sociólogo de la UPV.

La encuesta describe una sociedad más tolerante, demócrata e igualitaria, pero el 30% cree que hay demasiados inmigrantes Valores

La radiografía revela también cómo se ve la juventud vasca, lo que saca a relucir adjetivos como trabajadora (93%), demócrata (76%), tolerante (72%)... Sólo la mitad de los encuestados la considera individualista, el 20% conflictiva y un 19%, religiosa. En este escenario, el informe repasa la percepción que los jóvenes tienen de la inmigración. Casi una tercera parte opina que hay demasiados extranjeros, 20 puntos por encima de lo que se pensaba hace dos décadas, pero 9 por debajo que en 2006. Una percepción de la que Añibarro culpa a la crisis -«cuanto más duros han sido sus efectos, menor era la aceptación de la población migrante»- y que, al igual que ella, ahora estaría remitiendo.

Promoción de la mujer

Esta es una generación que cree en las energías alternativas, partidaria de promover a la mujer en puestos de responsabilidad, que asume que aumentarán el número de inmigrantes, los problemas derivados del cuidado de los mayores, la protección del medio ambiente y el uso del euskera; un panorama en el que por contra se desplomarán las pensiones de jubilación y el número de hijos por familia. Pero, contra todo pronóstico, es una generación que confía en las instituciones. Gobierno vasco, parlamento, ayuntamientos... También más en la UE que los mayores de 30 años (47% frente a 36%), en los sindicatos (44% y 28%, respectivamente) y menos en la Iglesia (20% frente a 31%). Añibarro destaca que «muchos jóvenes están implicados con su entorno. Trabajan para mejorarlo, ya sea a través de asociaciones, incluso de militancia política. El voluntariado no les es ajeno...».

El 29% afirma estar muy interesado en la política, aunque sin llegar a los niveles anteriores a 2004; si bien sólo el 19% se sienten muy próximos a algún partido (Podemos es el mejor valorado, ojo, con un 5 en una escala del 0 al 10). Las aspiraciones independentistas se desploman: la mayoría de los menores de 29 años se sienten tan vascos como españoles.

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