La jugadora cántabra de baloncesto que escribió una carta a Yeray: «Quiero jugar solo un minuto»

Carlota Egusquiza, en el centro, recibe el cariño y el apoyo de sus compañeras./DM
Carlota Egusquiza, en el centro, recibe el cariño y el apoyo de sus compañeras. / DM

Carlota Egusquiza pelea por volver a la cancha pese a una dura recaída

LEILA BENSGHAIYAR

Como buena aficionada al fútbol hace suya la famosa frase de Luis Aragonés: «Ganar, ganar, ganar y volver a ganar». No todos los héroes son famosos, vuelan o llevan capa y antifaz. Carlota Egusquiza, Loty para los amigos, es jugadora de baloncesto en el Olímpico 64 de Madrid. Una camiseta que espera volver a defender pronto, en cuanto su estado de salud se lo permita. Nacida en Torrelavega hace 29 años pero afincada enla capital hace ya 12, se encuentra librando una terrible batalla. Un combate en el que lleva inmersa desde hace dos años. Ganó una vez y volvió a jugar unos minutos. Hasta anotó un triple que le supo a gloria. Lo mismo que contar su historia al futbolista del Athletic Yeray Álvarez. Un relato de lucha contra el cáncer. El mismo enemigo al que vuelve enfrentarse otra vez. Y con la misma idea en la cabeza. Regresar a la cancha. El baloncesto. Aunque sea «sólo un minuto».

Su historia comenzó allá por 2015, en el mes de agosto, pocos días antes de celebrar su cumpleaños. No se esperaba la torrelaveguense que la vida tenía preparada para ella una sorpresa. Un regalo envenado. Al acudir a una revisión ginecológica de rutina le fue diagnosticado un cáncer de cuello de útero. «Yo acudí al médico a una revisión normal y allí me dieron la noticia. Me encontré con la enfermedad. Me dijeron que tenía algo y que había que analizarlo. Me pilló muy de sorpresa porque no tenía síntomas de nada. Recuerdo que incluso llevaba el bikini puesto porque después me iba a la playa con una amiga. La noticia me descolocó por completo. Con 27 años fue un shock», explica. Después de someterse a varias pruebas para comprobar el alcance de la situación y obtener los resultados del TAC se quedó un poco más tranquila: «Con las pruebas de imagen los doctores me comentaron que el problema no se había extendido por el resto del cuerpo, sino que estaba localizado en el útero. Ahí empecé a ver las cosas un poco más claras y pude quitarme algo del miedo inicial que sentía, que era terrible, porque no sabía si iba a superarlo o no. Soy muy hipocondríaca y no me quería morir».

La carta y la promesa para el jugador del Athletic de Bilbao

A pesar de que en esos momentos Carlota pasaba por el peor trago de su vida, en la unidad del dolor del Hospital UniversitarioMarqués de Valdecilla a consecuencia de un empeoramiento en su delicado estado de salud a cuenta de su lucha contra ‘el bicho’, sacó fuerzas de flaqueza para escribir una carta –que se publicó en este periódico– de apoyo al rojiblanco Yeray Ávarez, que estaba por aquel entonces luchando contra un cáncer de testículos que le atacaba por segunda vez. «Me dieron la oportunidad de escribirle y lo agradeceré siempre. Me ayudó mucho verbalizarlo y decirle a él lo que necesitaba que me dijeran a mí en ese momento», recuerda emocionada. «Me ha traído muchas cosas buenas escribir esas líneas. Fue muy bonito y catárquico también».

El jugador agradeció el gesto. Fue la propia novia de Yeray, Enerirtz, quien llamó a Carlota para darle las gracias y transmitirle todo lo que esa misiva significó para el central de Barakaldo. A día de hoy, Carlota y Yeray siguen en contacto. Una promesa media entre ellos. Cuando el rojiblanco pise San Mamés de nuevo para defender la camiseta de los leones, Carlota estará en la grada para animarlo. Un regreso que esta luchadora no se perdería por nada del mundo.

A partir de aquí los acontecimientos se sucedieron rápido. Aunque su residencia habitual está emplazada en Madrid, Carlota regresó a Cantabria para estar arropada por su familia y, en septiembre, le operaron para acabar con el tumor, que en ese momento medía ya once centímetros, un tamaño considerable que asustó hasta a la propia doctora: «Era una ‘pelota’ bastante grande y tocaba la pared abdominal. Me dijeron que tenían que vaciarme por completo, toda la zona, porque se trataba de un caso raro. Si no lo limpiaban bien era muy posible que el tumor volviese con el tiempo y prefirieron curarse en salud». Le extirparon el útero, aunque conservaron los ovarios. A pesar de su juventud ya no podrá ser madre. «A la ginecóloga fue lo que más le costó decirme, porque con solo 27 años ya nunca podría ser mamá de manera natural. Incluso me ofrecieron ayuda psicológica. Aunque yo lo llevo muy bien porque la maternidad es algo que no me he planteado todavía. Quizá más adelante me pese, pero en el momento no me importó. Yo lo que quería era curarme. Lo demás me daba igual».

Una histerectomía simple y 18 grapas en una cicatriz que le llega del ombligo al pubis, además de una treintena de sesiones de radiotearapia para terminar de barrer bien la zona completaron el proceso. El postoperatorio fue muy duro. «Estuve muy fastidiada de los abdominales. Me habían quitado músculo. No podía reírme, ni doblar el tronco, ni toser y tenía unos dolores terribles. Las agujetas de pretemporada se quedan en nada comparado con lo mal que lo pasé». Pero nada desanimó a la heroína. Es luchadora, fuerte y perfeccionista.

Después de la radioterapia, en enero de 2016, le dieron el alta y regresó a Madrid. Había vencido a la enfermedad. Había derrotado al cáncer. Inmediatamente se propuso volver a coger un balón de baloncesto. Aunque tuvo que hacerlo poco a poco. Comenzó a trabajar –es fisioterapeuta– y también a entrenar para recuperar la forma física y retomar su adorado baloncesto. «Me puse al 100% física y anímicamente para volver a la cancha. Y conseguí la meta que me había propuesto. Volví a jugar. Tenía ganas de comerme el mundo».

No fue hasta el 8 de abril, fecha mágica para ella, que pudo competir con sus compañeras del Olímpico 64 de nuevo. El día que consiguió meter el triple de su vida. «Era el último partido de liga y ya estábamos descendidas. Pero yo quería jugar. Aunque fuera un minuto y luego me cayese de culo. Cuando mis compañeras vieron que salía a calentar con la equipación y me quitaba el gorro que llevaba, alucinaron. Fue el mejor momento de mi vida. Además tiré un triple y lo metí. Fue el triple de mi vida. Lo celebraron todos, hasta los árbitros», comenta emocionada.

Recaída

Todo parecía marchar bien. Carlota acudía a revisiones de control cada dos meses al Hospital Marqués de Valdecilla. La vida le sonreía de nuevo. Podía continuar su rutina con normalidad. Y así pasaron los meses y, de nuevo, llegó agosto. De nuevo, la fecha de su cumpleaños con más motivos que nunca para celebrarlo por todo lo alto.

«Me ofrecieron un tratamiento experimental del que no se sabía mucho»

Pero el destino tenía preparado para ella un nuevo revés. Uno, si cabe, más doloroso. El día 30, una fecha que tiene grabada con fuego en la memoria, durante una revisión rutinaria de control para certificar que todo marchaba sobre ruedas, Carlota recibió una mala noticia. Un auténtico mazazo hasta para una guerrera nata como ella. El cáncer estaba de vuelta, esta vez por partida doble y con una palabra maldita. «Metástasis pulmonar. Además con frenopatía en la ingle. Me sonaba todo muy mal. No me podían operar, sólo recibir quimioterapia para mantener los tumores a raya. Esta nueva lucha era una carrera de fondo y yo sólo podía aguantar. Pero siempre he sabido que esto lo iba a superar. Conmigo esto no va a poder», recalca.

De nuevo se agarró al baloncesto para mirar hacia delante con optimismo. Se volvió a marcar la meta de acabar con el cáncer para pisar otra vez la cancha. Retomó de nuevo la quimioterapia. Recibió hasta tres diferentes. Pero el tratamiento solo conseguía frenar el crecimiento de la enfermedad, no eliminarla. «Me dijeron que tenía que vivir con el cáncer para siempre. Que no me iba a curar. Es algo crónico y sólo puedo controlar que los tumores no crezcan. Me costó pero tuve que aceptarlo». Con todo, Carlota aún tenía que pasar una de las peores experiencias de su particular vía crucis. «La peor época de mi vida», recuerda con la voz temblorosa.

«Mi objetivo es volver a jugar antes de que acabe la temporada.Y lo voy a conseguir»

El tumor de la inglé se le complicó. Fue creciendo hasta llegar a los 14 centímetros y le provocó una tremenda hinchazón en la pierna, aderezada con trombosis venosa profunda y daño en los riñones. Estuvo hospitazalida un mes, con morfina diaria por los insoportables dolores y casi pierde la extremidad. Aún hoy tiene secuelas.

Única en Europa

«A pesar de todo nunca he tirado la toalla», recalca. Y eso al final también cuenta. Cuando todo pintaba ya muy negro, un claro se abrió para dejar entrar un rayo de luz. «Me ofrecieron un tratamiento experimental del que no se sabía mucho». Lejos de asustarse, aceptó inmediatamente. «Mi tumor mutó y genera sus propias proteínas para alimentarse. Estas pastillas bloquean ese proceso, así no sigue creciendo».

Al principio era escéptica, sobre todo porque esta medicación no está al alcance de cualquiera. Es necesario realizarse unas pruebas y enviar las muestras a Estados Unidos para comprobar que la persona es compatible con el tratamiento. En el momento que Carlota envió las suyas, el Hospital Universitario 12 de Octubre le comunicó que, desde el centro, se habían enviado alrededor de 150 muestras y ninguna había resultado compatible. Es más, en toda Europa todavía nadie había logrado una respuesta positiva. No le importó. Desánimo no es una palabra que entre en su vocabulario. Además, la fe ciega de su padre acabó por convencerla. «Vamos a esperar y verás como puedes tratarte, verás como tú sí que puedes, me decía sin parar». Y así fue.

Una mañana recibió la esperada llamada del hospital. «No me lo podía creer, resulta que soy el único caso en Europa». Comenzó a notar la mejoría casi desde el primer momento. Su pierna se deshinchó paulatinamente y volvió a caminar. Un TAC reveló que los tumores habían decrecido y los dolores desaparecieron. Las ganas de volver a la cancha, esas nunca se había ido. Poco a poco ha vuelto a entrenar. A tirar canastas junto a sus compañeras del Olímpico 64. «Mi objetivo es volver a jugar antes de que acabe la temporada. Y lo voy a conseguir». No lo duda. Es el partido de su vida y su carácter competitivo la empuja a batallar con más fuerza. Es su manera de afrontar los días.

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