Los humedales, tesoros líquidos de Euskadi

Un niño examina un panel informativo en el entorno de Urdaibai./
Un niño examina un panel informativo en el entorno de Urdaibai.
Día de los Humedales

Urdaibai, Salburua, los embalses alaveses y Plaiaundi están de fiesta y exhiben su riqueza natural, salvada con mucho esfuerzo y protegida por la ley

ELENA SIERRA

El pez payaso es muy conocido, hay otros que no lo son tanto. Por ejemplo, el pez conejo, que suena a cosa dulce pero que puede ser bastante agresivo en cautividad, incluso tiene espinas venenosas. Es gracioso el pez conejo: se mete en la boca lo que pilla en el acuario y luego, cuando suelta lo que no quiere, parece que está montando una fiesta porque es como si escupiera confeti. Una obra de arte de la naturaleza. Como el unicornio narigudo, que no es un invento, de verdad existe; éste surca la pecera como si nada fuera con él, ni la fiesta de conejo. Y la piraña, que ha protagonizado tantas películas de terror, resulta que no es tan fiera como la pintan. Bueno, no lo es si no tiene hambre... Nos pasa a muchos. Hay un pez cirujano, también. Suena todo a mezcla, a híbrido. Lo es. Y es solo una pequeña parte de lo que cualquiera que visite la Ekoetxea de la reserva de la biosfera de Urdaibai, en la Torre Madariaga, puede aprender sobre la vida animal. El propio entorno es, en sí mismo, pura hibridación, pura mezcla. En cuanto se pone un pie sobre el terreno queda bien claro: hay pedacitos de conchas entre las hierbas. ¿Pero esto qué es?

Esto es un humedal, una zona de tierra que se inunda. En este caso es el último tramo del río Oka en su desembocadura hacia el mar, así que las mareas mandan. Pero en la categoría de humedal entran lagos y ríos, acuíferos subterráneos, pantanos y marismas, pastizales húmedos, turberas, oasis, estuarios, deltas y bajos de marea, manglares y otras zonas costeras, arrecifes coralinos, y sitios artificiales como estanques piscícolas, arrozales, embalses y salinas. El caso es que la unión de agua y tierra convierte a estos lugares en entornos productivos y cunas de diversidad biológica, aparte de fuentes de agua y productividad que los seres humanos, y no solo, aprovechamos; hay un sinfín de especies vegetales y animales pululando por los humedales. Y toda esa vida, y la necesidad de protegerla, se celebra cada 2 de febrero. Mañana mismo.

Desde el mirador

El corazón de la reserva de Urdaibai es el mayor humedal del País Vasco, pero no es el único. Están también los de Txingudi, las lagunas de Laguardia, las colas del embalse de Ullibarri-Ganboa, Salburua y Salinas de Añana-Lago de Caicedo Suso, los más importantes en cuanto a variedad de especies y superficie e incluidos por ello en la lista internacional de conservación. Hay otros, como el de Saldropo, la vieja turbera cercana al puerto de Barazar, que tiene un sendero diseñado para conocer a fondo la riqueza del entorno. Es una ruta circular de poco más de dos kilómetros desde el que disfrutar de las vistas del macizo del Gorbeia y el Parque Natural de Urkiola.

1. Miembros del Urdaibai Bird Center colocan nidos para las águilas pescadoras. 2. Ers del valle salado de Añana.3. Dos cigüeñas descansan en el humedal de Salburua.

Con motivo de la celebración del Día Mundial de los Humedales, merece la pena plantearse una excursión a cualquiera de los vascos. En el de Urdaibai, aparte de visitar la Ekoetxea para saber qué es eso de la biodiversidad -que también somos nosotros, los humanos-, para asomarse al mirador de la torre y contemplar una panorámica espectacular a través de catalejos y binoculares de la isla de Izaro, la playa de Laida y la marisma. Y para quedarse con datos tan curiosos como que solo el 2,5% del agua del mundo es dulce, que allí hubo arrecifes tropicales hace muchos millones de años y que las águilas pescadoras que se reintroducen para recuperar la especie en la zona nacen en Escocia.

También se pueden realizar paseos que no requieren apenas esfuerzo por las inmediaciones. Del centro (946870402) hacia San Kristobal, Altamira o Sukarrieta. Hay muchas opciones, y en todas está muy presente el agua, salada o dulce. Otra opción es acercarse al Urdaibai Bird Center, en Gautegiz Arteaga (en esta época del año abre viernes, sábados, domingos y festivos de 11.00 a 17.00). Este museo vivo de la naturaleza es a la vez observatorio de aves y está gestionado por la Sociedad de Ciencias Aranzadi. Cada día es único, depende de los habitantes y visitantes voladores de la reserva.

Un anillo inmaculado

Urdaibai es ejemplo de cómo pueden convivir la naturaleza y las actividades del ser humano, con un modelo de desarrollo socioeconómico basado en el desarrollo sostenible que propició que fuera declarado Reserva de la Biosfera en 1984. Pero habrá algún descreído que se diga que eso, junto a una ciudad, es imposible. Pues que se dé una vuelta por Salburua, en Vitoria. Es cierto que su historia ha sido muy distinta a la de Urdaibai. Todo ese espacio que hoy es parte del Anillo Verde vitoriano, que está protegido -lagunas como las de Arkaute y Betoño, praderas y un robledal- y que sigue creciendo, fue en su día desecado para hacer sitio a los cultivos.

No fue hasta hace casi 25 años cuando se comenzó a trabajar para recuperar la riqueza del humedal, cuyas lagunas se alimentan de un acuífero cuaternario. Esto suena muy viejo. Ya. Lo importante es saber que la superficie es perfecta para los paseos y la observación, para estar al aire libre, y sin duda que hay que entrar en el Centro de Interpretación Ataria (945254759).

En el simulador

Si la Ekoetxea de Urdaibai ocupa una vieja torre, aquí el moderno diseño de madera y cristal está a ras de agua, como los puestos de observación de aves. Y tiene un mirador enorme, a ocho metros de altura sobre las lagunas, desde el que asomarse al azul y al verde, los dos colores de Salburua. A través de sus salas se va conociendo todo sobre el entorno, desde cómo es posible que este ecosistema esté ahí hasta qué animales lo hacen suyo según la temporada. Las rutas migratorias de distintas aves son parte fundamental de los conocimientos que se adquieren en Ataria y es posible imaginarse una de ellas gracias al simulador que sigue el viaje de la garza imperial, la avefría europea, el ánsar común y el carricerín cejudo.

No muy lejos está el embalse de Ulibarri-Ganboa, otro de los grandes humedales vascos, donde se encuentra el Observatorio de aves del Parque Ornitológico de Mendixur. Pero no hay que olvidarse de realizar una escapada a Gipuzkoa, y volver al humedal de costa. El de Txingudi, donde se encuentran el río Bidasoa y el mar Cantábrico, cuentan una historia de acoso del desarrollo urbano e industrial a la marisma, y aun así se conserva cerca de una cuarta parte de su extensión original. Hay dos zonas diferenciadas.

En el Parque Ecológico de Plaiaundi (Irun), que tiene dos 2 kilómetros de senderos en los que hay paneles informativos para conocer el lugar de primera mano y al aire libre, está en el centro de interpretación Txingudi Ekoetxea (943619389, abre todos los días excepto fiestas de guardar de 10.00 a 14.00 y de 15.30 a 17.30). Allí tienen una maqueta de toda la marisma que ayuda a hacerse la mejor idea del espacio. En Hondarribia, en Jaitzubia, los protagonistas vuelven a ser los paseos que acompañan al río hasta el mar como un pasillo verde que comunica las marismas del Bidasoa con el monte Jaizkibel.

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