De héroes a villanos

Chris Parker, el mendigo al que se endiosó por consolar a los heridos del Manchester Arena, ha sido condenado por robar a las víctimas. No es el único en aprovecharse de la desgracia

Todavía hoy, las flores siguen recordando a las 22 víctimas del Manchester Arena./Reuters
Todavía hoy, las flores siguen recordando a las 22 víctimas del Manchester Arena. / Reuters
IRMA CUESTA

Chris Parker llevaba casi un año durmiendo en la calle cuando el destino le brindó la oportunidad de hacerse el héroe. El chaval, un indigente de 33 años sin oficio ni beneficio, estaba en la puerta del Manchester Arena la noche del atentado que sacudió a Gran Bretaña. «Mientras todos salían felices por las puertas de vidrio escuché una explosión. A los pocos segundos vi un flash blanco, humo, y sentí los gritos. Caí al suelo y, cuando logré levantarme, en vez de correr seguí mi instinto y me acerqué para intentar ayudar. Había gente tirada en el piso por todos lados», aseguró este fenómeno al que poco faltó para que le nombrarán sir. Teniendo en cuenta su labor –afirmó haber arropado a una niña a la que la explosión extirpó las piernas y consolado en sus últimos segundos de vida a una mujer de 60 años– tampoco era de extrañar. De hecho, el muchacho contó una historia tan convincente que hubo quien decidió iniciar una campaña de recogida de fondos que llegó a juntar algo más de 50.000 euros.

Las cosas habrían ido de maravilla para Chris si no fuera porque, tres meses después de aquella fatídica noche del 22 de mayo, fue acusado de robar a dos de las víctimas que se cobró el atentado. Ahora, 225 días después, ha admitido ser el autor de esos robos y, en definitiva, no ser tan generoso y valiente como se le suponía. Parker, que no se librará de una condena porque las cámaras de seguridad confirman su 'hazaña', le quitó la tarjeta de crédito a Pauline Healey, una mujer que aquel día resultó gravemente herida, igual que su hija Samantha, y vio morir a su nieta de 14 años. Las imágenes recuperadas por la policía no dejan lugar a dudas: muestran al joven robando el bolso de Pauline mientras la niña agoniza en el suelo.

La historia, por increíble que parezca, es una más de las muchas que aparecen cada vez que el ISIS golpea sin piedad cualquier parte del mundo. Chris Parker no es el primero, ni el último, que decide aprovechar una tragedia en su propio beneficio y, de paso, colocarse el disfraz de héroe durante un tiempo. Solo hay que remontarse a 2001 y recordar el caso de Alicia Esteve, alias Tania Head, para darse cuenta de hasta qué punto puede llegar la mezquindad de algunos.

Aquella mujer de origen español engañó al mundo durante años con una rocambolesca historia que se inició en el momento en el que decidió asumir la identidad de Tania Head, una de las muchas personas que estaba en el World Trade Center aquel 11 de septiembre de 2001 en el que dos aviones se estrellaron contra los rascacielos sembrando de cadáveres Nueva York. Según contó entonces a todo aquel que quiso escucharla, a pesar de sufrir quemaduras y tener un brazo roto, logró bajar 78 pisos por las escaleras y sobrevivir. El destino –aseguraba– quiso que su marido no corriera la misma suerte y falleció aquel día. Por eso, decidida a superar lo ocurrido de la mejor manera posible, fundó una asociación de ayuda a los familiares de las víctimas junto con otros supervivientes de los atentados.

Nadie pensó nunca que EE UU pudiera recibir un golpe como el que supusieron los atentados del 11 de septiembre. Después de aquello, nada volvió a ser lo mismo.
Nadie pensó nunca que EE UU pudiera recibir un golpe como el que supusieron los atentados del 11 de septiembre. Después de aquello, nada volvió a ser lo mismo. / Efe

Seis años después, gracias a un periodista de ‘The New York Times’, se supo que Tania no era Tania, sino una tal Alicia; que su marido no pudo morir en el atentado contra las Torres Gemelas porque nunca había estado casada, y que aquel fatídico día ni siquiera estaba en Estados Unidos. De hecho, la impostora estaba en Barcelona, en donde vivía su padre.

Para asombro de medio mundo, la mujer había usurpado la identidad de una de las víctimas reales y construido una farsa con la que, según se demostraría años más tarde, estaba encantada.

En 2012, con motivo del estreno del documental titulado ‘The woman who wasn’t there’ (La mujer que nunca estuvo allí), se supo que ‘Alicia’, a la que se había perdido la pista tras descubrirse el fraude, estaba felizmente instalada en Barcelona trabajando en Inter Partner, una empresa a la que accedió gracias a un fantástico currículum y un perfecto inglés. Ni que decir tiene que la compañía de seguros le rescindió el contrato nada más enterarse de sus mentiras, pero lo realmente increíble es que todavía tuviera el descaro de colgar en su Facebook el siguiente mensaje: «Mi vida es una farsa. Desde que me pillaron en el asunto de las Torres Gemelas no he levantado cabeza, pero sigo viviendo en la más absoluta ficción».

Tampoco lo hizo mal Cédric Rey, el hombre que hace poco más de un mes ha sido condenado a dos años de cárcel tras haberse comprobado que era un farsante dispuesto a hacerse con la indemnización a la que han tenido derecho las víctimas de los atentados de 2015 en la sala Bataclan de París, en los que fueron asesinadas 130 personas.

Cédric Rey, un enfermero de 29 años, no tuvo ningún problema en repetir, una y otra vez, un desgarrador relato detallando cómo había logrado sobrevivir al peor ataque terrorista vivido en la capital francesa. Con los ojos anegados por las lágrimas, aseguró ante las cámaras de un sinfín de cadenas de televisión que estaba tomándose una cerveza en la terraza de la discoteca cuando vio llegar a los atacantes. Explicó que uno de los yihadistas le había apuntado con su arma, pero que «una mujer embarazada» se había interpuesto y recibido las balas que iban destinadas a él.

En el colmo del descaro, Cédric exhibía un tatuaje con la fecha del 13 de noviembre, una silueta del Bataclan y, sobre ella, a una Marianne, el símbolo de la Francia de la libertad, igualdad y fraternidad, con una lágrima bajando por su mejilla.

Lo ocurrido en 2015 en la sala Bataclan conmocionó a buena parte del mundo. 130 personas perdieron la vida en aquel atentado.
Lo ocurrido en 2015 en la sala Bataclan conmocionó a buena parte del mundo. 130 personas perdieron la vida en aquel atentado. / Afp

La Policía comenzó a sospechar cuando Cédric se negó a seguir las pautas marcadas por los expertos del Fondo de Garantías de Víctimas de Actos de Terrorismo, a pesar de haber requerido inicialmente la indemnización. Dispuestos a conocer la verdad, a los gendarmes les llamó la atención que el muchacho insistiera en el asunto de la mujer embarazada que le había salvado la vida, porque entre las víctimas no había nadie que coincidiera con su descripción. Por si eso fuera poco, ninguno de los amigos con los que supuestamente había compartido juerga aquella noche estaba dispuesto a confirmar su coartada. Solo hubo que rastrear su móvil para comprobar que, en el momento del ataque, Rey estaba a 30 kilómetros de distancia del infierno.

Al menos siete personas han sido condenadas por estafa tras el trágico 13-N de París

Aunque su caso haya sido el más mediático, desde luego no fue el único. Según el periódico ‘Le Monde’, al menos siete personas han sido condenadas ya por estafa, o intento de estafa, tras el 13-N. Entre ellas una pareja que, después de asegurar que estaba en los alrededores del Estadio de Francia en Saint Denis cuando uno de los kamikazes hizo estallar su carga explosiva y cobrar una indemnización, afirmó también haber estado en Niza cuando, el 14 de julio de 2016, Lahouaiej Bouhlel embistió con un camión de 19 toneladas a la multitud que estaba celebrando el Día Nacional de Francia, matando a 85 personas e hiriendo a 303.

Ataque en Las Ramblas

También enBarcelona hubo quien, como María Tores, decidió aprovechar la coyuntura para hacer su particular agosto. «Mi nombre es María Tores, de Valencia, España. Soy la madre de Teresa Tores y la abuela de Antonio Tores. Mi hija y su hijo fueron dos de las víctimas del atentado de Barcelona. Estaban visitando a unos amigos y pasándolo bien cuando el desastre sucedió. Ahora están en el hospital. Ella con las caderas fracturadas y lesiones en la espina dorsal y mi nieto en coma debido a una lesión en la cabeza. El niño necesita una cirugía cerebral en una clínica privada. Los gastos se acercan a los 8.000 euros y el seguro sólo cubre la mitad. No somos ricos o pudientes. Sólo nos tenemos los unos a los otros». Este es el conmovedor mensaje que la señora colgó en la página Gofundme.com cuatro días después de la masacre, ilustrándolo con la imagen de un niñito intubado en la cama de un hospital.

Barcelona tardará tiempo en olvidar lo ocurrido el 17 de agosto del año pasado. Quince personas perdieron la vida en el ataque del ISIS.
Barcelona tardará tiempo en olvidar lo ocurrido el 17 de agosto del año pasado. Quince personas perdieron la vida en el ataque del ISIS. / Reuters

En este caso, fue una redactora del diario ‘El Mundo’ la que descubrió la farsa. Primero le sorprendió que un niño herido grave en España necesitara una intervención en una clínica privada y que no pudiera practicarse en un hospital de la Seguridad Social porque «el seguro sólo cubría la mitad»; luego, que el anuncio se publicase en inglés en un página enfocada, fundamentalmente, al público anglosajón. Solo hubo que echar un vistazo al listado de las víctimas oficiales del atentado para confirmar que, entre los heridos, no había ninguna Teresa ni Antonio Tores.

Buenos intentos todos ellos, pero ninguno a la altura del Enric Marco, el hombre que durante treinta años se presentó ante el mundo como un superviviente de un campo de concentración. Sin embargo, su historia era muy distinta. El caradura de Marco había estado en Alemania, pero trabajando para el III Reich como voluntario. Tres décadas tardaron en desenmascararlo.

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