Las herencias solidarias dejan a las ONG vascas 137 millones en una década

Proyecto de mujeres en la India./R.C
Proyecto de mujeres en la India. / R.C

Organizaciones laicas y religiosas recibieron el pasado año 73 legados para fines sociales

AMAIA CHICO

Las mujeres adivasis de la India recibieron hace un par de años una ayuda inesperada de unos 20.000 euros. La persona donante, guipuzcoana, había fallecido, y en su testamento decidió dejar un legado solidario para el desarrollo económico, sanitario y de los derechos sociales de las mujeres de esa comunidad que habitan en las localidades de Narmada y Surta, en el estado de Gujerat. La vía para llegar hasta allí fue en este caso Medicus Mundi, una de las ONG vascas que de vez en cuando recibe uno de estos «regalos» en forma de herencia, donados por personas que deciden marcharse «haciendo un bien, un bien necesario».

Organizaciones sin ánimo de lucro, laicas o de carácter religioso, son las principales destinatarias de estas herencias solidarias que el pasado año sumaron en Euskadi 7,6 millones de euros, pero que tres años antes llegaron a alcanzar los 50 millones. Una cifra récord lograda gracias a las 93 personas que ese año fallecieron y habían dejado escrito en su testamento ese último gesto solidario, la mayoría de las veces como «continuación» a su trayectoria vital.

Ese pico es el más alto de toda esta última década, en la que personas anónimas, con o sin familia y con más o menos patrimonio, han repartido más de 137 millones de euros entre decenas de organizaciones sin ánimo de lucro que trabajan en proyectos de cooperación y sociales variopintos, al lado de casa o a miles de kilómetros de aquí.

«Hay situaciones muy emocionantes, pero también muy tristes», reconocen en Alboan

Los datos recabados desde 2007 hasta 2016, y facilitados por el Colegio de Notarios del País Vasco, hablan de un total de 641 herencias solidarias, divididas casi a partes iguales entre entidades laicas y religiosas. Las cifras, que en cuestión de dinero, oscilan entre los 2,6 millones legados un año, en 2008, y los mencionados 50,5 donados solo hacen referencia a las organizaciones sociales y religiosas sin ánimo de lucro de Euskadi. Pero también las instituciones públicas, aunque en menor medida, han recibido en alguna ocasión herencias particulares de vecinos que quieren hacer una última contribución a las políticas sociales de su ciudad o de su territorio.

«Cada caso es especial»

No hay un perfil de donante ni una donación tipo. En la última década, se legaron ante notario en Euskadi 326 herencias a nombre de ONG, y 315 a nombre de entidades religiosas. Legados de muy distinta cuantía y que esconden detrás historias personales variopintas. «Cada caso es especial y único», asegura María del Mar Magallón, directora de la ONG vinculada a los jesuitas Alboan, y acostumbrada a gestionar una decena de herencias al año. Siempre las ha habido, explica, y en el caso de su organización la mayoría proceden de personas que en vida tuvieron relación con Alboan y conocen de cerca su trabajo. De algunas, de hecho, son conscientes desde antes del fallecimiento, cuando la persona realiza en vida el testamento y les comunica su decisión.

«Hay legados con un fin concreto», explica. Por ejemplo, el más cuantioso que han recibido nunca. Fue el año pasado. «Una persona fallecida en Bizkaia donó 4,5 millones de euros para las ‘mujeres africanas que sufren agresiones o ataques en contextos de violencia’», informa Magallón citando literalmente la voluntad de la finada. Fue un legado extraordinario que Alboan aún debe gestionar, en «varios ejercicios», explica su directora, y a través de programas específicos y en colaboración con otras entidades locales que se dedican en el terreno exactamente al trabajo con mujeres víctimas de violencia.

Pero más allá de esa excepción, la mayoría son donaciones más modestas aunque igual de importantes. Las últimas recibidas por Alboan han oscilado entre los 200.000 o 500.000 euros, aunque Magallón recuerda con afecto los 6.000 euros que una mujer de Gipuzkoa, «con 15 o 20 sobrinos», les dejó a ellos y a otras tres ONG del territorio, después de repartir otra parte de sus bienes de forma equitativa entre sus familiares.

«Vendemos los pisos a precio de tasación. No especulamos», explican en Medicus Mundi

O el caso de otra señora «soltera, con una hermana también fallecida», que legó su herencia a un proyecto en India y al servicio jesuita de atención a los refugiados. «Hay situaciones muy emocionantes, pero también muy tristes», reconoce la directora de Alboan, refiriéndose a los recelos o disputas familiares que se ha encontrado a la hora de que los albaceas o los notarios comuniquen el reparto del testamento.

La Iglesia, entidades dependientes de ella como Cáritas –que ha declinado su participación en este reportaje–, ONGs dedicadas a la cooperación en países en vías de desarrollo, o asociaciones más próximas de atención sanitaria de emergencia, asistencia o de lucha contra enfermedades como el cáncer son destinatarios habituales de unos legados solidarios que permiten, en muchos casos, garantizar el inicio o el mantenimiento a largo plazo de proyectos a los que no llega la financiación pública. La fuente esencial para el trabajo de sensibilización o cooperación de muchas de esas entidades de tamaño reducido, como Medicus Mundi Gipuzkoa.

«Último gesto generoso»

Su tesorero, Agustín Almandoz, agradece estos «regalos caídos del cielo» con los que algunas personas, quizás, «revierten a la sociedad» los cuidados que ellos recibieron en vida, reflexiona. O simplemente, suponen «un último gesto de generosidad» tras «vidas solitarias y realidades durísimas», o tras todo lo contrario, tras una existencia acomodada. «En los últimos dos años, nosotros hemos recibido tres herencias compartidas entre varias organizaciones que sumaban desde los 200.000 hasta más de un millón de euros», informa Almandoz. Y en una de ellas, la más reciente, han tenido que poner a la venta un piso para hacer el reparto. «Nos movemos por el principio de no especulación», explica este voluntario, encargado de gestionar correctamente estos legados. Se fija «el precio de tasación y la primera oferta que lo cubra» se lo queda.

Almandoz agradece «la confianza» que esas personas depositan en sus organizaciones, sometidas, no obstante, a auditorías y que deben dejar constancia de que han cumplido la última voluntad del donante. «En la mayoría de los casos, no obstante, nos dejan libertad para destinar el dinero al proyecto que queramos, son herencias no finalistas». Y aunque en la mayoría de los casos también esos legados llegan en forma de dinero o inmuebles, también hay bienes difíciles de enajenar. «Una señora nos dejó unas joyas que siguen guardadas. Algunas eran buenas, pero ningún joyero nos las quiso comprar», cuenta. «Al final las llevaremos a Emaús»

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos