Cien años de la gripe española: la pandemia que cambió el mundo

Hospital de urgencia levantado en Kansas (Estados Unidos) para tratar la llamada gripe española./National Museum of Health
Hospital de urgencia levantado en Kansas (Estados Unidos) para tratar la llamada gripe española. / National Museum of Health

Originada en el medio oeste norteamericano, se expandió sin remisión por un mundo en guerra sin fármacos ni medios para combatirla

DANIEL ROLDÁN y MIGUEL LORENCIMadrid

Fue un asesino invisible, global y masivo. Implacable e insaciable, se cobró quizá cien millones de vidas en 1918. Aún hoy, un siglo después de su letal zarpazo, se le conoce con la impropia y falsa denominación de 'gripe española'. A explicar sus orígenes, analizar su historia, su mortífero rastro y sus secuelas dedica la escritora y periodista británica especializada en ciencia Laura Spinney (Yorkshire, 1971) su apasionante ensayo 'El jinete pálido. 1918: la epidemia que cambió el mundo' (Crítica).

Desde 2015, la Organización Mundial de la Salud impide que los nombres de las enfermedades y pandemias aludan a lugares, personas, animales o alimentos. Una directriz inexistente en 1918, cuando la gripe se declaró a la vez en todo mundo. Un planeta sumido en la primera guerra global, algo «que invitaba a muchos gobiernos a culpar de una enfermedad devastadora a otros países», explica Spinney.

«No sabemos seguro dónde empezó, pero hay muchas evidencias de que fue en los Estados Unidos. Así que, más que la gripe española, podría ser la gripe americana», plantea Spinney. Sabe que asociarla a un lugar «es inútil y puede estigmatizar a un pueblo». Explorando los orígenes biológicos de la gripe, cree «probable que viniera de un ave y se agravara por el estado de guerra en el mundo». «Podríamos llamarla 'gripe del pájaro de la guerra'», ironiza la experta.

«Tampoco sabemos quién fue el 'paciente cero', pero si la hipótesis de que el primer caso en humanos se dio en el medio oeste norteamericano es correcta, pudo tratarse de un pobre granjero que, en los primeros meses de 1918, fuera reclutado y entrenado para la guerra en un campo militar en Kansas», apunta. Sí está claro por qué se le llamó española. «La censura de los países que estuvieron en guerra hizo que no se informase de la epidemia para no desmoralizar a la población. Sin embargo, en España, se informaba de las muertes de la gripe en Burgos, Murcia o cualquier otro lugar. De ahí que se le pusiera el nombre de gripe española», explica el profesor de la Universidad Europea Pedro Gargantilla.

La estimación más reciente del número de víctimas mortales es de 50 millones de personas. «Pero el historiador que barajó este cálculo en 2002 argumentó en el mismo estudio que el número real de muertos por la gripe habría sido drásticamente minimizado. Que los informes sobre las áreas que sufrieron lo peor de la gripe -zonas pobres, rurales y aisladas- habrían sido maquillados», explica Spinney.

¿Derrotada?

La escritora sugiere que la mitad de las muertes que causó la gripe «no se habrían reportado correctamente, «de modo que no es descabellado llegar a la estimación más alta, con 100 millones de muertos». Una cifra que el profesor Gargantilla cree factible. «En China, fallecieron trece millones de personas y en la India, doce millones. Para valorar su impacto, tenemos que tener en cuenta que se han encontrado fallecidos en Alaska y en Nueva Zelanda», explica.

¿La derrotó la medicina o los anticuerpos humanos? «Siguió más o menos su curso natural», dice la experta. Los médicos carecían de tratamientos efectivos. No había vacunas, ni antivirales, ni antibióticos para tratar las complicaciones, la neumonía bacterina que mató a la mayoría de sus víctimas», explica Spinney. El 50% de los contagiados, indica el profesor de la Universidad Europea. falleció. «La carestía de muchos alimentos y el hacinamiento en las trincheras fueron un caldo de cultivo para la propagación», añade la profesora Pilar León, de la Universidad de Navarra. «El contagio se ralentizó y se detuvo, bien por la propia mortandad o porque los supervivientes desarrollaron cierta inmunidad -anticuerpos- hacia el virus», afirma, a su vez, la autora del libro.

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años duró, entre marzo de 1918 y marzo de 1920. Mató a entre 50 y 100 millones, es decir, entre el 2,5 y 5% de la población mundial. La Primera Guerra Mundial causó 17 millones de víctimas.

Paradójicamente, la gripe tuvo su lado positivo y cambió el mundo para bien. «Produjo la socialización de la medicina y contribuyó al 'baby boom' en la década de 1920», subraya Spinney. «Aceleró el fin de la guerra y ayudó a dar forma al acuerdo de paz que finalmente se acordó», sostiene. Generó, además, «nuestra pasión por el deporte y el aire fresco e hizo que la enfermedad -en cuerpo y alma- sea una preocupación central de la literatura mundial a partir de entonces».

El causante de aquella catastrófica mortandad está perfectamente identificado y «guardado en un laboratorio de material biológico de alta seguridad en los Estados Unidos». El virus H1N1, que «resucitó» en 2005 y de la misma cepa genética que mató a tantísima gente en 1918, «fue sin duda la causa real de la pandemia». Spinney cree que «otra pandemia de gripe es inevitable», pero que es «muy improbable» que alcance la misma escala. «Sería necesaria la misma y trágica sinergia de la guerra mundial y la gripe», dice. Hay, con todo, predicciones de hasta 33 millones de víctimas mortales para una futura gripe asesina. «Si queremos evitarlo necesitamos estar mejor preparados y el primer paso es entender que la vacuna, aunque no es perfecta, es la mejor protección».

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