Del flirteo al suicidio colectivo

Autolesiones de un jugador de 'la ballena azul', otro ritual de suicidios difundido por redes sociales.
Autolesiones de un jugador de 'la ballena azul', otro ritual de suicidios difundido por redes sociales. / ELCORREO

La menor guipuzcoana involucrada en el grupo que planeaba una muerte pactada se implicó por un «tonteo» con el inductor

AIENDE S. JIMÉNEZ

La menor guipuzcoana de 15 años que participó durante varios meses en un grupo de Instagram en el que sus integrantes pactaron un suicidio colectivo que iba a llevarse a cabo el 17 de agosto, frustrado por la Ertzaintza gracias a su trabajo conjunto con la Fiscalía guipuzcoana, conoció al gestor del grupo e inductor del suicidio a través de un chat de un juego de internet. Entre ellos comenzó enseguida «una especie de flirteo», tal y como aseguró Hugo Prieto, jefe del Área de Delitos contra las Personas de la Policía autonómica.

Tras ese primer contacto y unas conversaciones en Instagram, el instigador introdujo rápidamente a la menor guipuzcoana en un grupo privado en el que ya participaban otras cuatro personas, además del propio gestor. Los jóvenes hablaban en ese mismo foro de realizar un suicidio colectivo, y se autoinflingían lesiones por orden del líder como muestra de que estaban dispuestos a cumplir su promesa.

Durante unos dos meses la menor guipuzcoana asistió a conversaciones en las que cada participante proponía una forma de llevar a cabo el suicidio. «Algunos hablaban de cortarse las venas con cuchillas de afeitar, otros de utilizar un cuchillo, y otros de ingerir una gran cantidad de pastillas», desvela Prieto.

Dos meses en los que su entorno no fue capaz de detectar lo que la menor estaba a punto de cometer. Fue ella misma quien, finalmente, decidió comunicar a una educadora de la Diputación encargada de su vigilancia lo que estaba ocurriendo.

Unos hechos que no hacen sino demostrar lo fácil que resulta para algunas personas manipular la mente de jóvenes «con deficiencia de adaptación y problemas sociales que buscan en la red a otro grupo de iguales que sean capaces de entenderles», afirma el jefe de la Ertzaintza. En este caso, los integrantes del grupo compartían sus inquietudes «y se retroalimentaban con sus problemas», añade Hugo Prieto.

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