FELICITACIÓN PARA GENTE AMARGADA

El piscolabis

«No hay nada como un villancico clásico para sincerarse en Navidad»

FELICITACIÓN PARA GENTE AMARGADA
JON URIARTE

Murió en Florida en 2013. Así que no podremos invitarle por nochevieja. Una pena. Porque dejó momentos memorables. Sobre todo, el mejor villancico para la gente amargada. Quizá no sea el más fino. Pero nadie podrá negar que se trata de una felicitación sincera. La firmaríamos muchos. Se llamaba Guillermo Álvarez Guedes y el tema lo creó hace años. Es más viejo que la tos. Pero me encanta. Y quiero compartirlo. Porque habrá alguien entre ustedes que no lo conozca y desee decir aquello de “Me cago en el año viejo, en el nuevo…y en tí”.

Al fin y al cabo, hay muchos amargados y otras tantas amargadas. Además se dan en ambos bandos. Entre quienes odian la Navidad y quienes la adoran. No se trata solo de que tengan una postura sobre el tema y la mantengan, importándoles un bledo que no pienses igual. Además, son unos plastas expansivos. Hay tantos, que hemos elaborado una lista que puede ampliarse tanto como quieran. Pero digamos que empieza así:

Los anti-navideños: Odian estas fechas. Muchas veces sin motivo. No se trata de que lloren ausencias. Simplemente les provoca alergia escuchar el tintineo de las campanas de un villancico. Hay de dos tipos. Quienes se lo toman en serio y desaparecen del mapa y quienes siguen sentados a la mesa, pero dando la tabarra. En su defensa deberemos decir que sufren el acoso de quienes están al otro extremo. Lo que nos lleva a la gente espumillón.

Gente espumillón: Llegadas las fechas, cada año y pase lo que pase, creen vivir en los decorados de la película 'Qué bello es vivir'. No serían dañinos si no fuera porque se empeñan en objetivos imposibles. Como juntar a quien no se quiere juntar.

El fugitivo: llegar llega, pero tarde. Cuando ya han puesto la mesa y hasta los langostinos están mirando la hora. Por lo general es hombre, aunque últimamente hay de todo. La cosa es llegar a mesa servida y sin mover un dedo.

La no cabemos: en esta ocasión suele tratarse de una mujer, por lo general mayor, pongamos tía soltera, a la que hay que recordar que hay sillas en la cocina y un taburete que nunca se usa, pero es muy socorrido. Lo malo no es que insistan en que no cabemos, sino que se empeñen en sentarse mal, en una esquina, en la silla coja y poniendo cara lánguida.

Los el año que viene no estoy: vale que todos tenemos fecha de caducidad. Y que hay quien se acerca a ella por razones obvias. Pero de ahí a decir todas las navidades eso de-A estas he llegado. Pero me da que son las últimas-hay un trecho. El suficiente como para que al resto se les baje el puntillo del aperitivo.

Los elefantes: llegan metiendo ruido y con trompa. Un año vale, pero todos es como para que hagan un ERE en tu casa y te expulsen de por vida.

El reina de Inglaterra: puede ser hombre o mujer. Tiene su horario. Británico. O francés. De hotel de jubilados guiris. Y si todo el año cena a las 9 de la noche, ese día no va a ser diferente. Si por ellos fuera pondrían las campanadas a las 21:30 y a menos cuarto todos a la cama.

Los empachados: se sientan a la mesa y te dicen que no van a comer nada porque están empachados.-Es que me han dado un mazapán y tengo ardor-te suelta año tras año. Aunque hay dos tipos. Quienes realmente luego no comen nada y el que acaba empachado eres tú y quien pasan las horas y se zampa hasta el mantel.

Los ajos: se repiten. Lo suyo es decir aquello de –Comemos demasiado. El año que viene no ponemos tanto entrante-. Lo gordo es que, a veces, suele ser quien hace la comida o se encarga de las compras. Pero casi siempre, es ese o esa que no deja ni las cáscaras.

El debates: llamado así porque sabe que no se debe hablar de ciertos temas en la mesa. Pero le da igual. Lo primero que hará antes de sentarse será pronunciar la palabra 'Puigdemont'.

Los sinceros: su nombre completo sería 'los sinceros y la madre que los parió'. Que no tiene ninguna culpa ella, pero es un desahogo. Se trata de esa gente que dice aquello de-Ah, es que yo siempre digo lo que pienso. Y me gustaría que hicieran lo mismo conmigo-. Ya. Seguro. Por suerte la naturaleza rara vez junta a dos personas así. Total que se salvan porque acaban rodeados de gente que se muerde la lengua por educación.

Los Panchos: que brindan y sueltan eso de-Para que sigamos teniendo 'Salud, dinero y amor'-. Como el bolero. Y tú ves el panorama en la mesa y encuentras a un recién separado, a una que está en el paro y a dos que llevan cara de hospital. Vamos, que muy oportuno no es el brindis. Va siendo hora de cambiarlo.

El petardo: en otra vida debió ser piloto de un bombardero. No se explica de otra manera su afán por explotar cosas. A poder ser, con premeditación, nocturnidad y alevosía. Le gusta que haga ruido pero, sobre todo, que provoque infartos. Personalmente, los detectaría siendo niños, se puede porque dan el cante, y los mandaba a poblar Marte.

El inoportuno: que no digo yo que no de pena. La da. Pero no hay otra fecha en el año para jugar un partido de veteranos y doblarse un tobillo. O montar en bicicleta cuando no lo has hecho en tu vida y abrirte la crisma en la primera curva. Y claro, acabáis en urgencias.

El mensajitos: todo el año es pesado. Pero llegadas estas fechas satura el Whatsapp con sus vídeos y sus mensajes. En media hora puede enviar 305. Doy fe. Y encima se enfada porque no le respondes al tercero que mandó.

El grupos de Whatsapp: siguiendo la senda del anterior, algo pasa en estas fechas que acabas apuntado, sin comerlo ni beberlo, a grupos de Whatsapp con gente que ni conoces, ni quieres conocer. O que conociste, pero desearías olvidar. Da igual. Estás atrapado. Yo estoy en uno de 'antiguos amigos de Judo'. Y eso que apenas estuve dos cursos, fue hace 44 años y solo llegué a cinturón amarillo.

El no me cuentes: como no conviene hablar de política, herencias o fútbol, intentas hablar de series o películas. Pero siempre hay alguien que solo ha visto el primer capítulo de esas series y ninguna de las películas. Con lo cual se pone como una furia si haces un comentario. Ojo, llegará agosto y seguirá igual. Hay gente que aún no sabe que el Titanic se hunde al final.

Ya que hablamos de finales, pondremos el nuestro. Pero ya digo que es un punto y seguido. Seguro que tienen más gente a quien cantar el villancico del 'Arbolito'. A veces me dan ganas de cantármelo a mí mismo. Porque todos lo merecemos. Aunque sea un poco. Para recordar que las fechas no tienen la culpa. Que lo de amargar a los demás no es un pronto que viene con las uvas, ni se quita con ellas. Es una actitud. Así que ya saben, que les vaya bonito 2018. Y que las próximas navidades podamos cambiar de villancico. Aunque me temo que seguiremos escuchando, por muchos años, al sincero señor Guedes.

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