«Las familias de los asesinos de las Ramblas vivirán el duelo más difícil»

Jorge L. Tizón, en la sede de los Cursos de Verano de la UPV en el Palacio Miramar.
Jorge L. Tizón, en la sede de los Cursos de Verano de la UPV en el Palacio Miramar. / MICHELENA
Psiquiatra Jorge L. Tizón

El experto considera «muy difícil» evitar el odio tras atentados como los de Barcelona y Cambrils

TERESA FLAÑO

Jorge L. Tizón imparte estos días, dentro de los Cursos de Verano de la UPV, una serie de ponencias bajo el título general ‘Procesos de duelo: Qué y cuándo acompañar, aconsejar o intervenir’. El psiquiatra catalán, profesor de la Universitat Ramon Llull, explica que es «muy difícil» evitar el odio tras atentados como los perpetrados en Barcelona y Cambrils. «Hay que ayudar a modularlo con otros sentimientos y emociones más positivas», apunta.

– ¿Cuando se producen muertes como las provocadas por los atentados de las Ramblas y Cambrils, se dan las mismas etapas del duelo que podríamos llamar ‘convencional’: negación, ira, negociación, depresión y aceptación?

– A la larga, los momentos serán los mismos, solo que modificados por el tipo de emociones que predominan. El shock es mucho más importante y puede dar lugar a un estrés traumático de entrada o a los pocos días o semanas. En el caso de una muerte por homicidio, la ira puede ser mucho más potente, como el sentimiento de impotencia. Esto complica mucho la progresión porque sintiendo miedo u odio ante otro ser humano va a ser muy difícil elaborar el duelo, que consiste en volverse a vincular con seres humanos.

– ¿En estos casos predomina el odio y la ira?

– Evitar el odio es muy difícil. Hay que admitir que está ahí. Hay que ayudar a que se puede modular con otros sentimientos y emociones como el amor, el apego, el cariño, el deseo... Es una larga tarea, fundamentalmente social.

– ¿Cree que a los allegados del asesinado les reconforta ver que detienen a los asesinos e incluso que los matan? ¿El sentimiento de venganza es un paliativo al dolor ante la muerte de un ser querido?

– Reconforta si produce paz y reduce el miedo. Si es por venganza, reconforta a quien esté metido en una onda de odio. Si esta es pasajera se entiende como una parte del duelo, pero si continúa el placer de que maten a los malos puede resultar peligroso porque crea gente muy dañina.

– ¿El mejor tratamiento es exteriorizar los sentimientos, llorar, gritar, enfadarse, mostrar la rabia...?

– Cada persona es diferente. Algunos no llorarán nunca; otros, en cambio.... Pero no solo hablo de los familiares, sino también de los profesionales que acudieron a ayudar. Algunos acabaron llorando en las esquinas y se sentían hundidos, con un agotamiento psicológico y psicosomático. Unos se horrorizan, sienten miedo y horror, otros lloran por la pérdida... Cada uno de nosotros somos un mundo y hay que respetar esas diferencias. Lo importante es que la persona tenga un hombro, en el caso que quiera, donde apoyarse.

– Me imagino que estar viendo constantemente imágenes del atentado perjudicará el proceso de duelo.

– No forzosamente. También depende mucho de cómo sean. Recuerdo el caso del ataque del multiasesino noruego Anders Breivik, que mató a 77 personas en una isla, la televisión de ese país presentó de una forma exquisita el dolor. Si se presenta con intimidad y con cuidado, puede ayudar. Si se muestra como espectáculo, para ganar espectadores, puede aumentar los aspectos paranoides del duelo. Se puede pensar: «Me están utilizando» o «están utilizando a nuestros muertos». Pero hasta en este último caso depende de la persona.

En el caso de los atentados de Barcelona nos encontramos con familias que viven su luto pero en circunstancias muy distintas: los allegados a los muertos en las Ramblas, los familiares de Pau Pérez, al que no se le consideró víctima hasta el lunes, y los familiares de los asesinos que a su vez murieron por disparos de los Mossos.

– En una tragedia así se dan muchos tipos de duelos. Por supuesto, el de los cercanos a las víctimas inocentes y el de los familiares de los asesinos. Estos últimos duelos van a ser todavía más difíciles de elaborar, muy complejos. No hay que olvidar tampoco el de las instituciones. Las luchas institucionales han estado a punto de explotar. Algunas han mostrado una actitud casi paranoide diciendo «nosotros lo hemos hecho todo bien» y ahora tienen que preguntarse qué van a hacer en el futuro. También hay duelos culturales, como el de la comunidad musulmana... Por cierto, se está empleando la palabra abatir, cuando solo se debe utilizar para las piezas, los animales. Al emplearla en este caso se está cosificando a los asesinos y ése es el primer paso hacia el odio.

Volver al lugar

– ¿Es bueno para los supervivientes volver al lugar donde sucedieron los atentados?

– Sí, porque es una vía para afrontar lo sucedido, de aproximarse, pero no hay que forzar. Es una muestra de que se puede sobrellevar mínimamente la situación y puede ayudar a elaborar los recuerdos y suavizarlos.

– ¿Y los homenajes como el que se ha realizado estos días en recuerdo a las 156 víctimas del avión de Spanair que se estrelló hace nueve años?

– Sí, si lo organizan las propias familias. Hay que volver a las acciones comunitarias. Además hay que ayudarles con apoyo económico y logístico. Si son las instituciones las que lo proponen se corre el riesgo de manipulación y perversión y, desgraciadamente, es algo que ha pasado con frecuencia en este país.

– ¿Qué papel juegan los profesionales como usted ante atentados como los de la semana pasada?

– Una cosa es acompañar, otra asesorar y otra intervenir. Para los familiares y amigos, en el momento de las tragedias, lo primero es acompañar. Luego más adelante habrá que asesorar, para lo que es necesario tener unos conocimientos técnicos y científicos. Pero no significa que lo tengan que hacer los profesionales, porque, sobre todo en niños y adolescentes, es conveniente que lo realicen los familiares o personas de importancia en su vida como sus maestros, tutores, entrenadores y demás. Cuando el duelo se complica, sobre todo si hay familiaridad directa, como suele suceder en homicidios o asesinatos, se hace patológicos y entonces hace falta una intervención profesional muy especializada en este tipo de temas. No vale cualquier psiquiatra o psicólogo.

– ¿Existe el duelo colectivo?

– Sí. Es fundamental y ahora lo vamos a vivir. Me decía una persona que trabaja en el campo sanitario y que ha estado muy en contacto con los servicios de atención a las víctimas, que viendo los destrozos de seres humanos que se han encontrado en los hospitales, lo ha pasado muy mal. Pero esa sensación se acrecentó porque estaba a diez minutos del lugar y no ayudó porque no pensaba que era necesaria su presencia. Ya ha empezado el duelo colectivo que debe cambiar la conciencia colectiva de la ciudadanía y ojalá lo haga porque si no volverá a pasar como el 11-M que pasó y allí se quedó.

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