Euskadi arranca el año con 1.000 vascos más

La población se incrementó ligeramente en Euskadi durante el año pasado. /Iñaki Andrés
La población se incrementó ligeramente en Euskadi durante el año pasado. / Iñaki Andrés

La inmigración al alza equilibra el descenso de la natalidad y el aumento de las defunciones

JOSÉ DOMÍNGUEZ

«La inmigración es el mejor termómetro del Producto Interior Bruto de un país. Sube o baja al ritmo de la coyuntura económica». Y, para el director del observatorio vasco Ikuspegi, Gorka Moreno, la bonanza que atraviesa Euskadi y que incluso corrobora el siempre prudente sector empresarial -prevé que el paro baje al 8% en 2019-, justifica el fuerte incremento de extranjeros que experimenta la comunidad. Tanto que, por tercer año consecutivo, ha logrado que suba la población a pesar de que el crecimiento vegetativo acentúa su caída: cada vez nacen menos niños y mueren más personas. Así que las tres provincias estrenan 2018 con al menos un millar de vascos más en su seno. Superamos ya los 2.176.000.

Esa es la última previsión realizada por el Eustat en noviembre, aunque podría verse superada en el apenas mes y medio transcurrido. Porque los últimos datos publicados por el propio Instituto Vasco de Estadística confirman que en el primer semestre del año pasado los nacimientos siguieron descendiendo: 675 menos que en el mismo periodo de 2016. Así, una proyección de todo el ejercicio realizada por este diario según la evolución media de los últimos cinco ejercicios revela que ha habido 17.800 nuevos bebés, un 2,5% menos.

En su contexto

0,8
Es la relación de personas nacidas en Euskadi por cada jubilación que se produce. La cifra todavía puede bajar al 0,6 y, según el sociólogo Unai Martín, no bastará con la juventud vasca para paliar este déficit.
Mal ejemplo
Los expertos abogan por la integración de la población inmigrante a nivel económico y sociocultural. Según Gorka Moreno y Unai Martín, «lo que no se debe hacer» son políticas como las registradas en Francia «para concentrarles en la periferia, sin recursos públicos ni transporte».
Oportunidades
El hecho de que muchos extranjeros ocupen trabajos precarios no solo obedece a una cuestión de bagaje formativo, sino también a las oportunidades de empleo o a la exigencia del euskera, «aunque sus hijos superarán esa barrera porque ya estudian la lengua vasca», dice Moreno.
¿'Efecto llamada'?
El director de Ikuspegi relativiza el 'efecto llamada' vasco y pone como ejemplo el muro que se construye en el Superpuerto de Santurtzi para evitar el acceso ilegal de inmigrantes al ferry con destino a Reino Unido. «Los que quieren subir están de paso hacia sociedades que creen mejores».

La mortalidad sigue el mismo camino, pero a la inversa. Hacia arriba. En el primer semestre murieron 11.274 personas, 553 más que entre enero y junio de 2016. Y, como según la estadística, la segunda mitad del año esta cifra baja siempre, un cálculo medio de los 12 meses los sitúa en torno a los 21.800. En definitiva, un 2,7% más de defunciones.

La conjunción de ambos datos confirma un desfase a la baja de 4.000 habitantes que, en cualquier caso, se ve duplicado por la llegada de gente nacida en otros países. Porque el director de Ikuspegi recuerda que ya 2016 registró 8.871 nuevos vascos por esta vía. Hoy son ya más de 200.000 los residentes extranjeros en Euskadi. Cifra que, en su opinión, seguirá al alza al menos dos años más para superar los «220.000 inmigrantes».

Lo que sí tiene claro es que, por muchos que se afinquen en este territorio, no van a solucionar el problema de envejecimiento que soporta la población vasca porque «sólo representan el 8,9% del censo», mientras que el 22% supera ya los 65 años. Así lo considera también el sociólogo de la UPV y experto en demografía Unai Martín, que resta trascendencia a «si subimos o bajamos de población», pero pone el acento en la necesidad de cuidar a las personas que lleguen de fuera «porque ni la mejor política para fomentar los nacimientos conseguiría ya equilibrar la balanza sin su ayuda».

«La gente vive mucho y bien y eso no es malo, tiene otras necesidades»

Lo afirma por una mera cuestión de número: «Los jóvenes hoy son la mitad de hace 30 años». Y lo asevera en que, a su juicio, la sociedad vasca en las últimas décadas se ha caracterizado por su perfil «antinatalista». «En 1994 se alcanzó el índice de natalidad más bajo en Euskadi, 0,89 hijos, y, aunque desde entonces hemos aumentado al 1,4, poseemos la tasa más alta de Europa en la edad de tener hijos. Ya, las madres de 40 a 44 años superan a las menores de 24». Aunque ve puntos positivos, como una tibia recuperación de las familias que «apuestan por el tercer hijo».

«Mejor que nunca»

En cualquier caso, Martín huye de las tesis catastrofistas «de que vivimos una crisis demográfica». Porque considera que en Euskadi «estamos mejor que nunca, con una natalidad baja, pero una mortalidad muy baja». Y remarca que el hecho de que la esperanza media de vida se haya disparado a los 82 años, «no es malo; la gente vive mucho y bien y tiene otras necesidades». «El envejecimiento es más activo y los 65 ahora serían los 55 de 1990», subraya. Además, asegura que la edad no tiene tanta repercusión en el coste sanitario «que sólo sube realmente, igual que antes, en los últimos meses de vida de una persona» y que achaca más a que «las tecnologías son más caras y a un mayor nivel de exigencia, también de los jóvenes».

«En dos años se pueden superar los 220.000 inmigrantes asentados en el País Vasco» Gorka Moreno - Ikuspegi

Respecto al futuro de las pensiones, tampoco ve determinante la edad, sino la economía: «Que se generen puestos de trabajo para financiarlas». Aquí sí ve un problema y vuelve a mirar hacia la inmigración porque no hay relevo generacional con la juventud autóctona. «En los 90 había 1,6 personas por jubilación y hoy sólo 0,80», advierte. Las instituciones «deberían planificar ya» cómo cubrir la cercana retirada del mercado laboral de los nacidos en los 60 y 70. Y recuerda que hoy los inmigrantes ocupan sobre todo empleos precarios, en tareas domésticas y asistenciales (28%), hostelería y comercio, pese a que muchos poseen una buena formación académica y laboral. «Hay que ir pensando en el cualificado», concluye.

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