¿Por qué se equivocan los termómetros de la calle?

Termómetro en Sevilla / EFE

La mayoría de las mediciones que se realizan en las ciudades están desvirtuadas por su exposición directa al sol

E.C.

Cada verano se repite la misma imagen. Con la llegada del calor, los termómetros suben hasta temperaturas inimaginables y los turistas deciden sacarse una memorable fotografía con marcadores que advierten de 46º, 48º e incluso 50º. Pero ¿es acertada esa medición?

Las mediciones meteorológicas registran la temperatura del aire. «El sol calienta la tierra y todo lo que hay en ella: plantas, edificios, asfalto..., y son estos elementos los que, a su vez, calientan el aire», explica el meteorólogo de la AEMET Modesto Sánchez. Sin embargo, no ocurre lo mismo con los termómetros de las ciudades. Sánchez añade que «el problema es que estos medidores, como cualquier otro objeto, elevan su temperatura cuando están expuestos a la luz solar. Las temperaturas que muestran muchos de esos aparatos no son las del aire, sino las del termómetro, que ha podido estar expuesto al sol (con el calor, basta un momento) y se ha recalentado».

Termómetros con sistemas de refrigeración

Por ello, los termómetros necesitan lo que los técnicos denominan un «abrigo meteorológico». Es decir, una protección que los rodee y lo aísle del sol; como una garita, por ejemplo. Curiosamente, muchas de las estaciones meteorológicas siguen usando los clásicos termómetros de mercurio. Los técnicos son los encargados de vigilarlos y de comprobar que están bien calibrados y que no se hayan deformado por el calor.

Por otro lado, tampoco ayuda que dichos termómetros se encuentren cerca de los focos de tráfico y sobre soportes publicitarios aislados. Dichas mediciones podrían asemejarse más a la temperatura real si los dispositivos tuvieran una mejor ubicación por ejemplo, a la sombra. «Es posible contar con un termómetro casero que, siempre que respete condiciones de ubicación y abrigo, se acerque más a las mediciones oficiales», señala Sánchez.

Otros termómetros

Ni siquiera los modernos sensores de temperatura, como los que se usan en los aeropuertos, son inmunes al sol. En estos caso, al ubicarse en plena pista, los termómetros no pueden estar protegidos por garitas. Estos dispositivos están cubiertos por un sistema de refrigeración cuyos equipos suelen superar los 100,000 euros por unidad. Además, estos equipos exigen un mantenimiento constante, cada dos meses hay que verificarlos y comprobar que estén bien calibrados.

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