¿A qué edad debe empezar tu hijo a estudiar un idioma?

Los críos tienen una enorme capacidad para aprender nuevas lenguas, por lo que los pedagogos recomiendan iniciarse «cuanto antes»

¿A qué edad debe empezar tu hijo a estudiar un idioma?
Virginia Melchor
VIRGINIA MELCHOR

«Ama, si yo soy más pequeño que tú, ¿por qué aprendo inglés más rápido?», le pregunta Mikel a su madre. Él, con cuatro años, ya sabe decir en el idioma anglosajón cómo se llama y los años que tiene. Los niños poseen una enorme capacidad para aprender otras lenguas, por lo que empezar a estudiarlas desde la infancia es, según los expertos, la clave. Pero, ¿cuándo es el momento de hacerlo? ¿Antes de saber hablar? ¿A los tres años cuando van al cole? ¿A los seis, cuando ya leen? Los pedagogos son rotundos: «Cuanto antes, mejor». Y eso quiere decir que conviene empezar desde la cuna. «El mejor momento es cuando tienen de 9 meses a 3 años. Los niños distinguen sonidos desde los 9 o 10 meses y con un año ya tienen todos los sentidos preparados para asimilar un idioma. A estas edades aprenden sin darse cuenta y por eso es recomendable comenzar a hablarles en las dos lenguas elegidas desde muy temprano», asegura la pedagoga Cristina Conde, autora del blog www.pedagogia.es.

Algunos padres tienen miedo de confundir a sus hijos si les hablan, por ejemplo, en euskera e inglés. Sin embargo, los expertos recomiendan que los progenitores que hablen lenguas diferentes interactúen con sus hijos en ambos idiomas. «Así, el niño aprenderá las dos lenguas de manera natural y simultánea», afirma Conde. Es decir, el pequeño sabrá reconocer los sonidos de cada idioma, lo que le servirá después para pronunciarlos naturalmente.

Hay que tener en cuenta que existen dos niveles en el aprendizaje de una lengua: el léxico y los sonidos (o fonemas). En cuanto al primero, relacionado con el vocabulario, «podemos aprender palabras a lo largo de toda nuestra vida con mayor o menor esfuerzo». Sin embargo, «la edad sí que juega en contra cuando se trata de diferenciar sonidos». «Los que no hayamos aprendido desde pequeños nos será casi imposible asimilarlos después. En francés, por ejemplo, existen al menos cinco tipos de 'e' diferentes. Para un adulto que intenta aprender este idioma es extremadamente difícil diferenciarlos y más aún pronunciarlos como un nativo», asegura la pedagoga.

Eso sí, el bilingüismo en niños tiene sus pros y sus contras. La parte buena es que los críos que hablan dos idiomas tienen «mayor capacidad para comunicarse y comprender a los demás». «Disponen de más recursos, más vocabulario y estructuras en su mente», afirma Cristina. Además, «tienen más facilidad para entender textos y extraer de ellos las ideas importantes». Saben separar el grano de la paja, distinguir entre lo principal y lo irrelevante porque su cerebro aprendió previamente a diferenciar los dos idiomas y decantarse por cada uno de ellos en el momento de hablarlos.

«Los niños bilingües tienen mayor capacidad para comunicarse y comprender a los demás» CRISTINA CONDE, PEDAGOGA

Por otra parte, los niños bilingües tienen «muchísima más facilidad» para aprender un tercer o cuarto idioma. Y no solo llevan ventaja en el estudio de una nueva lengua. «El esfuerzo mental que requiere aprender dos idiomas facilita que ese cerebro sea mucho más ágil y rápido para aprender conceptos de cualquier otra disciplina», afirma Conde.

Un cerebro bilingüe también tiene sus inconvenientes, aunque son los menos. «Ocurre algo gracioso en niños pequeñitos, de 3 a 5 años, y es que mezclan en una misma frase palabras de los dos idiomas». Pero esto no debe preocupar a los padres porque, según la experta, «con el tiempo aprenden a ubicar cada palabra en su lengua correspondiente y las diferencian perfectamente».

Otra desventaja es que los niños bilingües tardan más en empezar a hablar «porque tienen más información que procesar y estructurar en su cabeza», advierte Sheila Fernández, directora de la academia Kids&Us de Miribilla. «Cuantos más idiomas sepan, suelen tardar más en soltarse. Aunque cada caso es diferente, los niños que aprenden euskera, inglés y francés en vez de empezar a hablar al año y medio igual lo hacen a los dos años o dos años y medio. Les suele costar más arrancarse, pero una vez que lo hacen te hablan en tres idiomas», asegura Sheila.

Los 'dibus' en inglés no son suficiente

Poner a los niños delante de los dibujos en inglés sirve para que vayan haciendo oído. «Cuanto más expuestos estén a este idoma más fácil y rápido lo adquirirán», asegura Sheila. Y en cuanto a 'dibus' en inglés ganan por goleada los de 'Peppa Pig'. «El vocabulario es muy adecuado para los niños, es claro, preciso, se entiende muy bien», afirma la directora de Kids&Us Miribilla. Eso sí, la tele en inglés ayuda, pero no lo suficiente. «La interacción con otras personas resulta fundamental para aprender las estructuras de una manera correcta», asegura Sheila.

«Cuanto más expuestos estén a un idioma más fácil y rápido lo adquirirán» SHEILA FERNÁNDEZ, directora de la academia Kids&Us de Miribilla

Su academia se caracteriza por aplicar una metodología innovadora para alumnos a partir de un año que rompe con el sistema tradicional. En sus clases, los niños no aprenden el verbo 'to be' o el vocabulario de forma aislada, como ocurría anteriormente en los colegios, sino que adquieren el nuevo idioma de una manera natural, como sucede con la propia lengua materna. «No queremos que sepan responder 'rojo' cuando alguien les pregunte por el color de su jersey, sino que sean capaces de hablar con las estructuras completas», afirma Sheila. Así que las clases son totalmente orales, es decir, «hasta los ocho años los niños no tienen que leer ni escribir».

Los 'peques' a partir de un año -que asisten a las aulas acompañados de sus padres- se divierten a través de juegos, canciones, cuentos... Hacen hasta dieciseis actividades en una hora y siempre acompañados por simpáticos personajes adaptados a cada etapa educativa. Y desde que entran por la puerta no escuchan el castellano. «Se creen que las profes solo saben inglés, porque sino bajan la guardia». Y la guardia es precisamente lo que no hay que bajar. «Porque a partir de los ocho o diez años se hace más difícil de manera progresiva aprender una lengua», asegura Sheila. El motivo es que «a esa edad las bases de los idiomas que dominan ya están asentadas y al aprender uno nuevo tienen que hacer espacio en su mente para que tenga cabida», afirma Cristina. Eso sí, con motivación y contacto activo con la nueva lengua no hay ninguna que se resista.

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