«Me crucé con él después de la violación y se reía»

Víctima. La joven fue violada cuando tenía 17 años. Ha cumplido los 18 y sigue en tratamiento./IGNACIO PÉREZ
Víctima. La joven fue violada cuando tenía 17 años. Ha cumplido los 18 y sigue en tratamiento. / IGNACIO PÉREZ

Sufrió una agresión sexual siendo menor por parte de un chico de 16 años, que fue condenado a 2 años de internamiento

Ainhoa De las Heras
AINHOA DE LAS HERAS

Marta -nombre ficticio- ha conocido la cara más oscura del machismo con sólo 17 años. La joven, que ha cumplido ya la mayoría de edad, sufrió una agresión sexual por parte de un chico de 16 años, que ha sido condenado a dos años de internamiento en el centro de Zumarraga en aplicación de la Ley del Menor. Ella, que aún sigue en tratamiento psicológico, ofrece su valiente testimonio con la ilusión de que sirva para que no le ocurra a otra.

«Los primeros días fui muy fuerte, estaba en shock, pero luego caí. No podía dormir, en cuanto cerraba los ojos recordaba el momento. Me dieron pastillas, que después ya no me hacían efecto», explica. Además, tuvo que sufrir comentarios y sentir que su credibilidad estaba en duda, incluso por sus propias compañeras. «Estuve tres meses sin ir a clase. Al final me cambié al turno de tarde».

Todo sucedió el 22 de octubre de 2016 en las inmediaciones de una discoteca de la zona de Bolueta, en Bilbao. «Estaba de fiesta con gente de clase celebrando un cumpleaños. Bebí más de la cuenta y me empecé a encontrar mal», explica sin censuras. Primero le acompañó una amiga, pero como seguía mareada decidió subir a una plazoleta donde había una fuente para mojarse y lo hizo sola. Ése fue su error, aunque el primer consejo que le dio el psicólogo fue que evitara los sentimientos de culpabilidad del tipo «no tendría que haber bebido, no tendría que haber salido» y que hiciera «vida normal». El único culpable era él.

«Llorar por las noches»

«Me senté en un banco, estaba tranquila. De repente aparecieron tres personas y se me acercó uno de ellos. Le conocía de vista, me ofreció su ayuda y la acepté. Me llevó hacia un aparcamiento a vomitar y al principio bien, me retiraba el pelo». Lo que ella pensaba que era buena voluntad no era más que un acercamiento con intenciones perversas. «Empezó con los tocamientos, me abrazaba por detrás, hasta que me bajó las mallas». La adolescente le pedía que la dejara en paz, le decía que «no quería y que conocía a gente que sabía quién era él», pero eso no le frenó. La agresión sexual se consumó introduciéndole los dedos. Finalmente, logró zafarse.

«En un momento en el que noté que no estaba encima, que no me aplastaba, pensé: ‘Tengo que salir de aquí’. Le empujé y salí corriendo con los pantalones por las rodillas hacia el metro». Tras recoger sus cosas, llamó a un amigo, que la llevó a casa. «Al principio no quería contar nada», pero terminó derrumbándose con una de sus hermanas. La llevaron al hospital de Galdakao, donde se activó el protocolo para agresiones sexuales y una forense le tomó muestras. Al cabo de unos días, los agentes de investigación de la comisaría de la Ertzaintza en Bilbao detuvieron al presunto autor, que se había escondido en Vitoria. Se trataba de un menor de 16 años, con amplios antecedentes por robos pese a su corta edad. La víctima le reconoció en una fotografía. Tras ser puesto a disposición de la Fiscalía quedó en libertad, aunque con una orden de alejamiento de 300 metros. «Me crucé con él dos veces, la última en las fiestas de Bilbao, y se reía».

La joven contactó con la asociación feminista Clara Campoamor, que la derivó a una abogada de oficio. Tuvo que superar un test de credibilidad. El juicio se celebró once meses después, el 11 de septiembre, y pese a que el juzgado de menores intentó que víctima y agresor no coincidieran, finalmente se encontraron. Marta rompió a llorar. Para la madre de la joven, que ha vivido todo el proceso con «impotencia» y «rabia» por ver a su hija sufrir, la condena a dos años en un centro de internamiento y cuatro meses de arresto domiciliario, resulta «mínima». «Si es mayor para hacer lo que hizo, debería ser juzgado como un adulto», protesta. El agresor recurrió, pero la sentencia se confirmó e ingresó en Zumarraga el 10 de enero de 2017.

Marta sigue teniendo miedo de salir a la calle si no es acompañada, y su madre aún más. «La he visto llorar por las noches, no dormir...».

Más información

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos