Crisis de ‘fake’

Crisis de ‘fake’

La proliferación de noticias falsas refuerza la confianza en los medios tradicionales, según revela un reciente estudio internacional

Antonio Paniagua
ANTONIO PANIAGUAMadrid

Ni Gabriel Rufián se ha afiliado a Ciudadanos ni de la fuente de Unamuno en Bilbao ha manado kalimotxo. Son dos noticias falsas, ‘fake news’, que se han propagado a la velocidad de la luz en las redes sociales durante las últimas semanas. Pese a lo inverosímil de estas primicias inciertas, son muchos los ciudadanos que han mordido el anzuelo. Los bulos no son exclusivos de la Administración Trump, también afloran en España. Al menos así lo cree la Moncloa. El Gobierno está convencido de que durante la crisis secesionista catalana el país ha sido blanco de una "avalancha de mensajes" en Twitter para propiciar el descrédito de la democracia española. Sin atribuir la culpa al Kremlin, Mariano Rajoy aseguró ayer en la Cope que un 55% de los perfiles falsos en las redes que difundían argumentos insidiosos provenía de Rusia y otro 30% de Venezuela.

Con todo, el público parece estar reaccionando. Un estudio titulado ‘Trust in news’, de la consultoría Kantar, revela que la credibilidad de las redes está erosionándose. La proliferación de falacias, en especial las que conciernen a la brega política diaria, ya empieza a cansar al respetable.

"Lo que hacen las noticias falsas no es otra cosa que reforzar el periodismo. Las redes sociales son un gran patio de vecinos donde cada uno dice lo que se le ocurre sin confirmar su veracidad. Si las redes sirven para comunicarse, la función de los medios es la de informar", asegura Elsa González, presidenta de la Federación de Asociaciones de la Prensa de España (FAPE).

La investigación de Kantar, para la que se han entrevistado a 8.000 personas de Brasil, Francia, Reino Unido y Estados Unidos, pone de relieve que, para seis de cada diez encuestados, las informaciones sobre política y campañas electorales publicadas en redes sociales y aplicaciones de mensajería instantánea adolecen de falta de credibilidad.

Medios tradicionales

Esta percepción es compartida por el estudio internacional del Instituto Reuters, perteneciente a la Universidad de Oxford, en cuya elaboración participan tres profesores de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra. Samuel Negredo, profesor de la citada facultad y miembro del equipo español, asegura que "los medios periodísticos tradicionales siguen siendo los más fiables para la audiencia digital española, pese al auge de las redes sociales". Así las cosas, la confianza que expresan los usuarios ha ido creciendo en los últimos años, de modo que el 51% de los españoles se fía de las noticias ‘online’ que recibe, frente al 24% que desconfía.

Cuando a los interrogados se les pregunta si los medios ayudan a distinguir entre lo que son noticias y bulos, un 46% cree que la prensa desempeña esta función de discernimiento, en contraste con un 21% que considera que no cumplen correctamente esta misión. "Tal porcentaje disminuye a un 36% cuando se pregunta a los internautas si las redes cumplen tal cometido", apunta Negredo.

La preocupación por la explosión de bulos es tal que la Comisión Europea (CE) se dispone a tomar cartas en el asunto. El organismo de la Unión Europea desea afianzar el acceso de los ciudadanos a las noticias fiables y verificadas e impedir la difusión de la desinformación en internet. En este sentido, Elsa González alega que el uso abusivo que hacen algunos políticos de Facebook y Twitter convierte en necesario el concurso del intermediario periodístico, "que es el que selecciona con criterio aquello que importa y el que jerarquiza la información, la confirma y coteja".

Marasmo informativo

Es verdad que las nuevas plataformas digitales han revolucionado el modelo de negocio de la prensa, pero aún no han conseguido la credibilidad de las grandes marcas periodísticas. Gracias, entre otras cosas, a que en el marasmo de informaciones sin confirmar, los medios no arrojan la toalla. Sin embargo, se aprecian diferencias en función de la edad. "Cuanto más jóvenes son los usuarios, menos creen que los medios ayuden a separar los hechos de la ficción", dice el profesor Negredo. De hecho, las personas entre 18 y 24 años conceden más veracidad a las redes que a la prensa.

Elsa González hace autocrítica. "En esta carrera que tenemos los medios por contar las cosas antes que nadie, la velocidad puede ir en detrimento de la calidad. El usuario debe reaccionar siendo más exigente", argumenta.

La proliferación de noticias falsas refuerza la confianza en los medios tradicionales. Así lo revela un reciente estudio internacional. "Las redes sociales son un gran patio de vecinos", advierte la presidenta de la FAPE

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