Las cinco cuentas pendientes del papa Francisco

El pontífice cumple su quinto aniversario al frente de la Iglesia consolidado como un gran líder internacional. Fiel a la sencillez y la coherencia, estos son sus grandes retos

El Papa visitó Jerusalén en 2014./Afp
El Papa visitó Jerusalén en 2014. / Afp
DARÍO MENOR

El 13 de marzo de 2013 Jorge Mario Bergoglio apareció por primera vez vestido de blanco en el balcón central de la basílica de San Pedro. «Va a ser un pontificado de transición», decían algunos, aduciendo a los 76 años que entonces tenía. «Un jesuita como Papa, imposible. ¡Eso no ha pasado nunca!», sostenían otros. Y hasta hubo algún miembro de la Curia romana que dijo creer más en el Espíritu Santo por conseguir que el elegido fuera un latinoamericano y no un italiano, como se temía. Cinco años después, Francisco se ha destapado como un Papa capaz de afrontar las dificultades que sufre hoy la Iglesia con un estilo propio. Combina la estrategia con la frescura, la firmeza con la ternura, la defensa dogmática con un gran poder de atracción. Todo ello, con un tono sencillo y una coherencia que le han convertido en uno de las grandes líderes internacionales.

Incluso para los no católicos, Bergoglio supone una potente referencia espiritual. Y eso que su pontificado «no es simpático, es dramático. Y profético tal vez», como dice Antonio Spadaro, director de ‘La Civiltà Cattolica’. Francisco provoca que salgan los «espíritus buenos y los malos. Asistimos a ataques y apoyos que llegan de todos sitios. Tenemos cardenales que traicionan al Papa y ateos que predican el Evangelio». En el lustro pasado desde su elección como obispo de Roma, Bergoglio ha demostrado con creces que el suyo no es un pontificado de transición. Y lo que le queda, pues parece haberse olvidado de su idea inicial de permanecer unos pocos años en el cargo. Sigue con un vigor admirable para una persona de 81 años y la voluntad firme de resolver las cuentas que le quedan pendientes.

Abusos sexuales: una herida abierta que no deja de supurar

«No hay una sola prueba en contra. Todo es calumnia, ¿está claro?». El pasado 18 de enero, el Papa se encontraba en el Campus Lobito de la ciudad de Iquique, última etapa de su visita a Chile. Antes de comenzar la misa en esta localidad situada al norte del país austral, Francisco dijo esas palabras a los periodistas que le preguntaron por el obispo de la diócesis chilena de Osorno, Juan Barros, supuesto encubridor del sacerdote pederasta Fernando Karadima. Aunque luego pidió perdón a las víctimas por haberles «herido» y envió a un experto a Chile para investigar a Osorno, lo sucedido en Chile muestra las dificultades que sigue teniendo la Iglesia para desterrar la pederastia. Y eso que, ya con Benedicto XVI como obispo de Roma, se empezaron a dar pasos para conseguir la anhelada ‘tolerancia cero’.

Bergoglio ha seguido el camino marcado por su antecesor en este campo: promete mano dura con los abusadores y procesos más rápidos para aclarar responsabilidades. Una de sus mejores ideas es la creación de la Comisión Pontificia para la Protección de los Menores (CPPM), el organismo llamado a intentar que el rechazo de la pederastia y la persecución a quienes la practican cale dentro de la jerarquía eclesiástica. La CPPM nació hace cuatro años y desde entonces ha realizado más de 140 conferencias episcopales o talleres en diferentes países, según explica uno de sus miembros, el jesuita argentino Humberto Miguel Yáñez, director del departamento de Teología Moral en la Pontificia Universidad Gregoriana. Yáñez considera que «está calando el cambio cultural» que propone Francisco respecto a la pederastia. Reconoce, no obstante, que la cultura católica tiene su «punto flaco» en la sexualidad. «El hecho de que faltara un estudio serio y constituyera una especie de tabú ha favorecido una gran ignorancia por parte de los mismos pastores a la hora de tratar esos casos». Aunque las dos víctimas que había en un principio en la CPPM dejaron el grupo de trabajo al considerar que su marcha era demasiado lenta, el pasado febrero entraron nuevos miembros, algunos de los cuales también sufrieron abusos sexuales durante su infancia.

Esta lacra ha golpeado incluso a uno de los más estrechos colaboradores del Papa, el cardenal australiano George Pell, al que Francisco le encomendó la reforma de los aspectos económicos vaticanos. El pasado mes de junio, Pell se despidió de Roma al tener que retornar a su país, donde está imputado por presuntos delitos de pederastia. Según las autoridades judiciales, habría abusado sexualmente de menores en varias ocasiones en los años 70, aunque él defiende su inocencia.

China, la última barrera

Si nada se tuerce a última hora, la Santa Sede y China firmarán en breve un acuerdo que permita desatascar el nombramiento de obispos para la Iglesia de ese país, principal escollo a la hora de comenzar una normalización en las relaciones entre ambos estados. Roma y Pekín llevan con las vías diplomáticas rotas desde 1951, tras el ascenso al poder de Mao Zedong. Desde entonces, los cristianos han sufrido diversas persecuciones hasta dar lugar a la existencia de dos comunidades católicas: una clandestina y otra reconocida por las autoridades, la llamada Asociación Patriótica Católica China. Ante el riesgo de que se agrave el cisma (en el pasado, el Gobierno nombró obispos por su cuenta), el Vaticano se ha volcado en la consecución de un acuerdo que permita que sea el Papa quien tenga la última palabra a la hora de consagrar a los futuros prelados. Para ello ha sido necesario hacer entender a los altos funcionarios chinos que la Iglesia no pretende acabar con el régimen.

La Santa Sede espera que el acuerdo sea renovable cada dos o tres años para evaluar el camino recorrido hasta entonces y tratar de gozar cada vez de mayor libertad religiosa. «No es perfecto, pues pone límites a la libertad de la Iglesia, pero es el mejor acuerdo que podíamos conseguir hoy», explica una fuente vaticana que ha seguido de cerca las negociaciones. Que Roma y Pekín vayan a suscribir su entendimiento en este campo no significa que las relaciones diplomáticas entre ambos estados se vayan a retomar. Es uno de los grandes retos a nivel internacional en el que Francisco tendrá que seguir trabajando. «Se trata de dos planos diferentes: uno en el terreno religioso y otro en el político. Si se siguen dando pasos, todo llegará, pero todavía falta tiempo», aclara otro eclesiástico que ha seguido la negociación. Parece por tanto aún lejano el día en que Bergoglio pueda cumplir su sueño de viajar a China. Ganas no le faltan. Cuando un periodista le preguntó si querría visitar el gigante asiático, comentó emocionado: «¿Que si me gustaría ir? Por supuesto. ¡Mañana!».

Reforma de la Iglesia: un proyecto difícil y a medio plazo

«¿Usted quiere hacer la reforma de la Iglesia?». La pregunta que Antonio Spadaro le hizo al Papa Francisco fue tan directa como la respuesta que recibió: «No». A continuación, el Pontífice aclaró su postura. «Solo quiero poner a Cristo cada vez más en el centro de la Iglesia. Luego será Él quien haga las reformas necesarias». En estos cinco años como líder católico, Bergoglio ha acompañado su voluntad por poner a «Cristo en el centro» con una serie de decisiones prácticas encaminadas a modernizar y simplificar la forma en que se trabaja en el Estado más pequeño del mundo. Un ejemplo del ambiente que encontró el argentino a su llegada a Roma era el uso generalizado de una herramienta obsoleta como el fax. Luego estaba la actitud de parte de los trabajadores de la curia, que tienden a escaquearse en cuanto pueden. Hacen todavía hoy pertinente aquella broma de Juan XXIII, que, cuando le preguntaban acerca de cuántas personas trabajaban en el Vaticano, respondía con sorna: «Más o menos la mitad».

En el último lustro, Francisco ha dado pasos adelante para conseguir que el Vaticano funcione de manera más ágil y sencilla, pero aún queda trabajo por hacer. Para apoyarse en esta tarea creó el Consejo de Cardenales, un grupo de nueve purpurados que le ayudan en el gobierno de la Iglesia y en la reorganización de la Curia. La última de sus reuniones tuvo lugar la semana pasada. Llevan ya 23 tandas de encuentros y no se presume que vayan a cumplir en breve su objetivo. Este vendrá cuando se apruebe la constitución apostólica destinada a renovar la ‘Pastor Bonus’, el texto de Juan Pablo II de 1988 que explica cómo deben organizarse los dicasterios vaticanos. Hay luces y sombras en el camino recorrido hasta ahora por Francisco. Se han dado pasos adelante en ámbitos como la comunicación, mientras que los intentos por dotar de una mayor transparencia a la gestión del dinero están encontrando una gran resistencia, como se ve en la incapacidad para que el Instituto para las Obras de Religión (IOR, la banca vaticana) deje de estar en el centro de sucesivas polémicas.

Arriba, el papa Francisco con los presos en la ceremonia del lavado de pies en la cárcel romana de Rebibbia en 2015 (Afp). Debajo a la izquierda, saluda desde el balcón de San Pedro el día de su npmbramiento (Reuters). Al lado, hablando en la ONU en 2015 (Reuters)

Mujeres: buenas palabras pero pocos avances

«Donde las mujeres son marginadas es un mundo estéril, porque no solo portan la vida, sino que también nos trasmiten la capacidad de ver más allá, de sentir las cosas con un corazón más creativo, más paciente, más tierno». Es lo que dijo el Papa Francisco durante el rezo del Ángelus del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, de hace tres años. Bonitas palabras que van en la línea de lo expresado en otras ocasiones: «A mí me gusta pensar que la Iglesia no es ‘el’ Iglesia, es la Iglesia. La Iglesia es mujer, es madre. Eso es bonito, ¿eh?». Pese al reconocimiento del valor femenino tanto en la sociedad en general como dentro de la Iglesia en particular, pocos pasos se han dado hasta ahora en el pontificado para otorgar mayor visibilidad y responsabilidad a las mujeres.

El más llamativo es la creación de una comisión destinada a estudiar el eventual acceso de las mujeres al diaconado permanente. Bergoglio lo decidió después de que se lo pidiera una religiosa durante un encuentro con superioras generales en mayo de 2016. El Papa dijo ‘sí’ tras reconocer que existe una «exclusión» femenina dentro de la toma de decisiones en la Iglesia, aunque pidió «no caer en el feminismo», que, a su juicio, reduce la importancia de la mujer. «Tiene una noción negativa del feminismo. Es algo que se da en general en la jerarquía eclesiástica. Feminismo y género son dos palabras que no suelen gustar», recuerda la japonesa Filo Shizue Hirota, superiora general de las Misioneras Mercedarias de Berriz, que participó en aquel encuentro.

La apertura del Papa a crear la comisión para estudiar el diaconado permanente para las mujeres, de la que, de momento, no se han tenido más noticias, levantó grandes expectativas en un sector de la Iglesia. Rápidamente surgieron voces pidiendo a Francisco que considerara también la opción de una apertura hacia el sacerdocio femenino. En ese punto Bergoglio se ha mostrado siempre firme. «La Iglesia se pronunció y dijo ‘no’. Lo dijo Juan Pablo II con una formulación definitiva. Esa puerta está cerrada», comentó el Papa en el vuelo de vuelta a Roma desde Río de Janeiro en julio de 2013. Cuando algún periodista le ha vuelto a preguntar sobre esta cuestión se ha expresado siempre en términos similares, dejando no obstante claro que, para él, «la mujer, en la Iglesia, es más importante que los obispos y los sacerdotes». Insiste en que hay que desarrollar una «teología de la mujer», pero nadie tiene muy claro cómo hacerlo.

Simplificación de la fe: más misericordia y alegría y menos ‘caras de vinagre’

El lunes 19 de marzo, fiesta de San José y quinto aniversario de la inauguración oficial del pontificado, será el día en que Francisco probablemente firmará su nueva exhortación apostólica. Será más breve que las anteriores ('Evangelii gaudium' y 'Amoris laetitia') y estará dedicada a la santidad. Fue el cardenal Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga el que informó del próximo texto. «Estamos todos llamados a la santidad, si no escuchamos esta llamada la reforma no va», comentó el purpurado hondureño, uno de los hombres más cercanos al Papa y coordinador del Consejo de Cardenales. Aunque poco más se sabe de la nueva exhortación apostólica, que no será publicada hasta dentro de unas semanas, cuando se concluyan las traducciones a los distintos idiomas, el documento se enmarca en los intentos de Francisco porque los creyentes liberen la fe católica de todo lo superfluo que la contamine y se centren en su esencia. «Un cristiano, si no es revolucionario en este tiempo, no es cristiano», ha comentado en ocasiones.

También quiere el Papa feligreses felices y «sin cara de vinagre». Esa cuestión, la de la alegría de vivir, que, en su opinión, transmite el Evangelio, está presente en ‘Evangelii gaudium’, el documento que le sirve como base programática de su pontificado. «Francisco nos pide que respondamos cada uno a nuestra propia vocación y que nos convirtamos en sentido misionero», dice el obispo italiano Marcello Semeraro, secretario del Consejo de Cardenales. Esa «revolución de la ternura» y hacia la misericordia que el Pontífice quiere provocar en los creyentes a través de los valores del Evangelio constituye una ardua tarea, que tendrán que continuar sus sucesores.

CINCO OBJETIVOS CONSEGUIDOS

Acuerdo de paz entre las FARC y el Gobierno de Colombia

«Usted es la persona por la que más he rezado. Y he rezado mucho, mucho, por el proceso de paz. Pido por ello». No sólo fue oraciones lo que le brindó Francisco al presidente colombiano, Juan Manuel Santos. En el proceso de paz entre el Gobierno de Santos y las FARC, ejerció un papel mediador tanto la Iglesia católica local como el propio Jorge Mario Bergoglio. El Papa hizo de intermediario entre el presidente y el líder guerrillero Rodrigo Londoño, alias ‘Timoshenko’, e intervino para evitar que descarrilasen las negociaciones. Para eso citó en Roma a Santos con su antecesor, Álvaro Uribe, gran enemigo del proceso.

Normalización de relaciones entre Cuba y Estados Unidos

Es una historia que bien merece ser el argumento de una película: el Papa ofreció el Vaticano como escenario para que Estados Unidos y Cuba negociaran la normalización de sus relaciones a finales de 2014. Francisco escribió a Barack Obama y a Raúl Castro para que resolvieran el principal escollo que impedía el diálogo, la cuestión de los reclusos retenidos en las dos naciones. La Santa Sede ejerció un papel crucial en la liberación de Alan Gross, el estadounidense encarcelado en Cuba bajo cargos de espionaje. La luz verde a su excarcelación y a la de otro agente permitió a su vez que Washington pusiera en libertad a tres espías cubanos.

Primer encuentro de un Papa con el Patriarca ruso

Jorge Bergoglio ha sido el primer obispo de Roma en reunirse con un Patriarca ruso. Fue el 11 de febrero de 2016 en una sala del aeropuerto internacional José Martí de La Habana cuando Francisco se vio con Cirilo, líder espiritual de la más numerosa de las comunidades ortodoxas, formada por unos 200 millones de personas. La particularidad del escenario obedecía tanto a la coincidencia de los viajes a América Latina de Bergoglio y de Cirilo como a la cintura diplomática del presidente cubano. Aquella cita entre el Papa y el Patriarca en La Habana constituye uno de los hitos del diálogo ecuménico.

Consuelo a los divorciados que se vuelven a casar

Los católicos que se han vuelto a casar tras pasar por un divorcio no han tenido nunca un Papa que se ocupe tanto de ellos como Francisco. Tras convocar dos sínodos sobre la familia, en los que la atención se centró en la situación de estas personas, Bergoglio abrió la puerta para que, en algunos supuestos, pudieran volver a comulgar tras realizar un camino de reflexión y penitencia. Fue el bombazo que contenía la exhortación apostólica ‘Amoris laetitia’ en una perdida nota a pie de página. Aquella decisión soliviantó al sector eclesiástico más conservador, al considerar que pisotea la indisolubilidad del matrimonio.

Volcado con los más débiles desde el primer momento

«¡Cómo querría una Iglesia pobre y para los pobres!». El 16 de marzo de 2013, tres días después de su elección como obispo de Roma, Bergoglio explicaba con estas palabras cuál iba a ser uno de los grandes objetivos de su pontificado. Desde entonces ha cumplido su palabra con continuos gestos hacia los más débiles y, en particular, hacia los refugiados e inmigrantes. Están siendo una de sus prioridades. Francisco considera que las migraciones forzadas constituyen hoy el mayor desafío que afronta la humanidad, junto a la crisis medioambiental. Con sus gestos y palabras, trata de dejar claro quiénes son los más débiles y propiciar un cambio social que mejore sus vidas.

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