'El Chicle' se queda sin celda por el asesino de una bilbaína

Fabricio J. S., durante el juicio por la muerte del preso José Márquez, en Córdoba./E.C.
Fabricio J. S., durante el juicio por la muerte del preso José Márquez, en Córdoba. / E.C.

El recluso tendría que estar en aislamiento, pero el módulo está copado por un preso que está considerado extremadamente peligroso

Josu García
JOSU GARCÍA

José Enrique Abuín Gey, alias 'El Chicle', el presunto responsable de la desaparición y muerte de Diana Quer se encuentra ingresado en el centro penitenciario coruñés de Teixeiro. El recluso tendría que estar en aislamiento, pero el módulo está copado por un preso que está considerado extremadamente peligroso. Y, por este motivo, el presunto asesino de la joven madrileña se halla aún en la zona de Ingresos, según ha informado este miércoles Antena 3. Se da la circunstancia de que el interno que ocupa el espacio en el que tendría que instalarse 'El Chicle' es Fabricio J. S., un joven que mató brutalmente a su novia en Bilbao, el 27 de septiembre de 2004.

Fabricio se pasa casi todo el día encerrado en una celda que tiene apenas diez metros cuadrados. Es probablemente el recluso más conflictivo de España. Además del asesinato cometido en la capital vizcaína, este guineano acabó con la vida de otro preso en Córdoba y a punto estuvo de matar a seis funcionarios a los que atacó hace un par de años de manera muy violenta. A uno le provocó un corte en el cuello y otros cuatro acabaron en el hospital.

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El compañero de presidio de 'El Chicle' asesinó a Adama Aua Bari de ocho puñaladas en Otxarkoaga, hace 13 años. La primera se la dio mientras dormía y las otras siete fueron por la espalda, cuando trataba de huir. La mujer, con la que había mantenido una relación sentimental, no tuvo posibilidad alguna de defenderse. La Audiencia de Bizkaia le impuso un castigo de 22 años y medio de cárcel. En junio de 2014, Fabricio J. S. volvió a matar. Esta vez acabó con la vida del colombiano José Márquez, en el interior de un baño de la prisión de Córdoba. La emprendió a puñetazos y le pateó mortalmente mientras se encontraba en uno de los pocos lugares del penal donde no graban las cámaras de seguridad.

Por este último crimen fue condenado el pasado verano a otros 18 años de privación de libertad. Y aún tiene pendiente el juicio por atacar con un cuchillo a seis vigilantes. Nacido en octubre de 1982 en Guinea-Bissau, la historia de este joven africano es la de un hombre extraordinariamente violento y temido. Desde que ingresara en prisión preventiva, hace más de una década, ha permanecido siempre en módulos de alta seguridad. La mayor parte del tiempo, en aislamiento. Hoy en día se encuentra en una celda solo y únicamente sale al patio tres horas bajo la atenta mirada de cuatro funcionarios de prisiones. Acumula más de 40 sanciones por mal comportamiento y en el centro penitenciario de Alcolea, en la ciudad andaluza, todo el mundo le tenía miedo. Así lo declararon varios presos (algunos de ellos de ETA), en el transcurso del juicio celebrado por el asesinato del interno sudamericano.

Maltrataba a su expareja

Tras su último crimen fue trasladado al Puerto de Santa María, donde siguió protagonizando altercados. Posteriormente, fue enviado a Teixeiro.

Fabricio J. S. llegó a Bilbao hará unos 15 años. Se movía entre Madrid, Portugal y la capital vizcaína. Su expareja, a la que maltrataba habitualmente y acabó asesinando, se dedicaba a la venta ambulante y viajaba mucho. No tenía una residencia fija. Pasaba temporadas en la villa, pero también en Lisboa, donde residían sus padres. El 26 de septiembre de 2004, ambos acudieron, junto a una amiga, a un pub del Casco Viejo. Luego, los tres fueron a dormir a un piso de Otxarkoaga.

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Según la sentencia que le condenó entonces a 22 años de prisión, Fabricio mató a Adama porque la mujer se negó a mantener relaciones sexuales. Fue un crimen horrible. La acuchilló en un brazo mientras dormía. Ella trató de escapar. Logró salir al rellano de la escalera, pero su exnovio la agarró y la introdujo en la vivienda a la fuerza. La golpeó y la lanzó contra el sofá para después apuñalarla siete veces cuando se encontraba inmovilizada boca abajo. Los jueces consideraron como hecho probado que las heridas de arma blanca "se realizaron directa e inhumanamente para aumentar el dolor de la víctima".

El fallo recoge que, mientras la golpeaba y acuchillaba, el joven gritó: «Muérete puta; si no te acuestas conmigo no te acuestas con nadie». El asesinato de Adama tuvo un notable impacto en la sociedad vizcaína, pese a que la mujer no estaba muy arraigada en Bilbao. El año 2004 fue especialmente duro en lo que a violencia machista se refiere. El Ayuntamiento de Bilbao se personó en el juicio como acusación particular. Era la segunda vez que lo hacía en su historia.

Policías y empleados llevan el féretro de Adama.
Policías y empleados llevan el féretro de Adama. / Luis Calabor

El jurado fue contundente y declaró a Fabricio culpable de asesinato en marzo de 2006. El juez le impuso una pena de 22 años y medio de cárcel. Su nombre desaparece de los medios de comunicación hasta que vuelve a matar en Córdoba, en 2014. El caso es especialmente sangrante porque se supone que el sistema de alta seguridad de la prisión tendría que haber funcionado y prevenido la mortal paliza. Al ser insolvente, el Estado tendrá que asumir ahora su responsabilidad e indemnizar a los familiares del joven colombiano.

«Viendo su comportamiento y la evolución, es muy probable que cumpla las penas de forma íntegra», asegura una de las personas que participó en el último juicio. Fabricio ha purgado 12 de los 22 años y medio a los que fue castigado por el crimen de Adama. Después tendrá que encarar otros 18 por la muerte del interno sudamericano. Y podría caerle un tercer castigo, ya que tiene pendiente un juicio por atacar de forma brutal a seis funcionarios con un 'pincho'.

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