Las chicas son guerreras

Vikingas, aviadoras, arqueras… Las mujeres han demostrado a lo largo de la Historia que son tan capaces como los hombres para el combate

Legendarias. La serie ‘Vikingos’ describe la epopeya de mujeres guerreras, que el reciente hallazgo de una tumba parece confirmar. / R. C.
MIKEL FONSECA

Hace un milenio, en Birka, al sudeste de la actual Suecia, un grupo de soldados vikingos dio sepultura a su valiente líder, que los había guiado a la victoria en incontables batallas. Antes de continuar, un inciso. Si en su cabeza usted está imaginando a este jefe como un hombre barbudo y fornido, cambie la imagen mental de inmediato, porque era una mujer.

Así lo demuestra una reciente prueba de ADN realizada sobre el llamado «guerrero de Birka». Al inquilino de esta tumba, descubierta en 1880, se le había atribuido un sexo masculino en virtud de las armas y demás enseres con los que había sido enterrado. Sin embargo, el test genético publicado a principios de este mes en la Revista Americana de Antropología Física confirma que, en realidad, se trata de una mujer. «Este estudio contribuye a reescribir nuestra comprensión de la organización social en cuanto a género en sociedades pasadas», afirman sus autores.

Que las vikingas eran mujeres de armas tomar es algo que se suponía desde hace tiempo, y que ahora la ciencia ratifica. Las sagas escandinavas mencionan a unas ‘doncellas-escuderas’ que luchaban codo con codo con sus homólogos varones. El historiador del siglo XII Saxo Grammaticus hablaba de «comunidades de guerreras», y varias obras de arte de la época representan a mujeres blandiendo espadas, hachas y lanzas. Sin embargo, la veracidad de estas leyendas nunca había sido confirmada. Hasta ahora.

1 y 2. Imágenes de Baudica, líder de los britanos, y Juana de Arco. 3. Zenobia arengando a sus tropas, en un cuadro de Tiepolo.

«La imagen de los vikingos en la imaginación popular es la de hombres corpulentos, salvajes, sucios y irremediablemente violentos», explica Judith Jesch, autora de ‘Mujeres en la era vikinga’, «pero esta imagen es un mito histórico, y los mitos tienden a simplificar. La idea del vikingo san guinario ignora un patrón mucho más complejo». Esta representación del pueblo vikingo como bárbaros está fuertemente condicionada, según la profesora Birgit Sawyer, por los textos que han trascendido sobre su cultura, los cuales fueron escritos siglos después de su desaparición por estudiosos con una óptica marcadamente cristiana.

Investigaciones posteriores, usando técnicas arqueológicas más avanzadas como la que da pie a este reportaje, han demostrado lo contrario. Las mujeres vikingas gozaban de un estatus similar al de los hombres; tenían derecho a la propiedad privada, podían solicitar el divorcio libremente e incluso ostentar cargos de poder en la sociedad, como constata en sus memorias Al-Ghazal, explorador andalusí del siglo IX.

Un relieve muestra a las amazonas batallando.

Ahora bien, si las mujeres gozaban del mismo rango que los hombres en el campo de batalla es una cuestión no del todo esclarecida y que aún suscita debate. Para Leszek Gardeła, autor del más reciente estudio sobre mujeres vikingas guerreras, existen varios puntos ciegos. Para empezar, las tumbas de mujeres enterradas con armas representan un porcentaje muy pequeño, y las que han sido encontradas, principalmente, contenían hachas, que bien podrían haber sido usadas en el día a día y no necesariamente para rebanar las cabezas de sus enemigos. Por último, apostilla que las sepulturas no pueden ser consideradas como «espejos de la vida».

«La imagen de una mujer armada cabalgando a lomos de un corcel o sosteniendo un escudo junto a sus camaradas hombres es fascinante, pero es pronto para confirmarlo», reflexiona.

De armas tomar

Históricamente, el pueblo de mujeres guerreras por antonomasia han sido las amazonas de la Grecia clásica, aunque esta tribu mítica esté más cerca de la fantasía que de la realidad. Supuestamente, el nombre significaría ‘sin pecho’, y vendría de la costumbre de extirparse un seno para ser más diestras en combate con arco. Su agilidad como jinetes era excepcional, como también lo era su aversión hacia los hombres: los relatos de Homero, Virgilio y otros tantos historiadores clásicos hablan de una tribu que asesinaba a sus primogénitos masculinos. Pero la leyenda de las amazonas, sin pruebas arqueológicas fehacientes, queda en entredicho.

De ejércitos formados exclusivamente por mujeres sí existe constancia. En la Segunda Guerra Mundial, el 588.º Regimiento de Bombardeo Nocturno de la Unión Soviética se ganó el apodo de ‘Brujas de la Noche’ por parte de los alemanes. Cerca de un millón de mujeres se alistaron en el Ejército Rojo, ocupando los mismos papeles que los hombres; las aviadoras, comandadas por Marina Raskova, gozaron de especial aprecio por los descalabros que causaron en las filas nazis, a las que bombardeaban por sorpresa durante la noche.

En la actualidad, un batallón de mujeres ha sobresalido en su lucha contra el Daesh. Ellas forman las Unidades kurdas de Protección Popular (YPG), formadas originalmente en 2012 para defender la ciudad de Serekaniye, en territorio sirio reclamado por Kurdistán. Lo componen mujeres que luchan por mantener unas libertades que el fundamentalismo islámico quiere quitarles. «Nos hemos criado en una sociedad que obliga a la mujer a dedicarse únicamente a las tareas de la casa y en la que los hombres consideran a las mujeres como su propiedad, como un adorno, y no les permiten salir de casa. Para una mujer casarse es como caer prisionera», sostiene la miliciana Gulán, una joven kurda de 18 años, en el documental ‘Su guerra: mujeres contra el ISIS’. Su líder, la carismática Asia Ramazan Antar, fue abatida en el frente hace aproximadamente un año.

A título individual

Desde Cleopatra a Rosa Parks, muchas mujeres se han ganado a pulso un puesto en la Historia, y otras, en cambio, lo han conseguido por la fuerza y las armas. Juana de Arco es una de las más emblemáticas. En plena Guerra de los Cien Años, el conflicto que enfrentó en el siglo XIV a Francia e Inglaterra, una joven gala de apenas trece primaveras escuchó una voz, presuntamente divina, que la encomendaba a alzarse contra las tropas británicas y liberar a Francia en nombre de Dios.

La primera campaña militar de la joven la llevó a liberar la ciudad sitiada de Orleans, con el apoyo del delfín -y futuro rey de Francia- Carlos VII. Fue un éxito rotundo, que confirmó su valía como estratega y asentó la corona sobre la cabeza del monarca que había confiado en ella. Sin embargo, Juana ansiaba recuperar toda Francia, mientras que el nuevo rey era más prudente. Así, la ‘doncella de Orleans’, confiando en el favor divino, se lanzó a la conquista de París sin el respaldo del ejército real. Fue capturada por los ingleses y condenada a la hoguera el 30 de mayo de 1431, con tan sólo 19 años.

Y eso que los británicos también tuvieron, 15 siglos antes, a una auténtica líder que fue capaz de desafiar al Imperio Romano de Nerón. En el siglo I, Inglaterra estaba en una suerte de ‘impasse’ con Roma; los acuerdos de las distintas tribus con el emperador les otorgaban cierta autonomía y paz a cambio de un diezmo. Al morir sin descendencia masculina el rey de los icenos, uno de los pueblos más fuertes de la isla, los romanos vieron la oportunidad perfecta para terminar su conquista. Craso error, ya que, según la ley celta, la mujer era igual de capaz que el hombre para liderar a un pueblo.

Boudica, esposa del difunto, estaba dispuesta a demostrárselo. Fue capaz de acabar con las rencillas entre varias tribus de Britania y unificar un ejército que rondaba los 200.000 soldados; niños, mujeres y ancianos se dispusieron para la batalla. Superaban en numero a la legión romana -las fuentes clásicas, Tácito y Dion Casio, estiman que 5 a 1- y les arropaba el odio hacia Roma. Fueron capaces de causar estragos en las filas de legionarios en sucesivas incursiones y llegaron incluso a arrasar Londres, pero en última instancia sucumbieron ante la eficacia bélica de los romanos y Boudica acabó suicidándose.

El nombre de esta guerrera, en lengua celta, significa ‘victoria’. La historia de Boudica cayó en el olvido durante casi 20 siglos, hasta que otra mujer, fascinada por semejante hazaña, decidió revivir su legado y elevarlo hasta lo legendario. Una mujer con la que curiosamente compartía nombre y origen: la reina Victoria I de Reino Unido.

Destacó también en el arte de guerrear Zenobia, la reina de Palmira, que extendió los límites de su imperio hasta los confines de Asia Menor e incluso logró tomar Egipto en el año 269.

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