Los cazadores de edificios abandonados

Un almacén de autobuses abandonado en Bélgica./
Un almacén de autobuses abandonado en Bélgica.

La exploración urbana atrae a aficionados en todo el mundo que se encargan de proteger e inmortalizar la memoria

OLATZ HERNÁNDEZ

«No hagas ruido, evita ser visto, deja todo tal y como lo encontraste; y nunca reveles dónde has estado». Son las normas que rigen el mundo de la exploración urbana o ‘Urbex’, acrónimo del inglés ‘Urban Exploration’. Casas, fábricas, hoteles, escuelas e incluso sanatorios. Cualquier lugar es bueno para sentir la adrenalina que acompaña a los lugares abandonados. «La incógnita de no saber qué te vas a encontrar al girar el pasillo, al pasar tras una puerta o al abrir un cajón y el silencio... Es fascinante», asegura Daniel Gil, explorador.

Este barcelonés, autor del blog Última Visita , empezó a explorar lugares abandonados casi por casualidad. Sabía que existía un club de exploradores y había mirado alguna web, pero no fue hasta septiembre de 2007 que se animó a dar el paso. «Estaba en casa de unos amigos y decidimos ir a ver una fábrica abandonada en Teruel». La experiencia fue tan impactante que al volver a Barcelona buscó más y más webs y acudió a sus primeras salidas. Así hasta crear su blog.

Y es que basta una sola visita para engancharse a la exploración urbana. Marc Graell tuvo su primera experiencia Urbex hace un año. «Un amigo me dijo que en su pueblo había una colonia textil abandonada y me invitó a ir por la noche». Aceptó, con una mezcla de curiosidad y miedo, que lo invade cada vez que pisa un edificio abandonado. «Lo que me atrae es su historia, saber que entre esas paredes se han vivido muchas cosas», reflexiona.

«Hay lugares espectaculares en Euskadi»

También se explora en Euskadi. Aitor Arana , fotógrafo de Gernika, quedó prendado de un balneario abandonado en 2011: «Me atrapó». Desde entonces, ha explorado por toda España y por Bizkaia, donde asegura que hay «muchos sitios increíbles» esperando a ser descubiertos. Decidió juntar esta pasión con su profesión y desde hace un tiempo utiliza lugares abandonados como escenario para sus fotografías. «La magia reside en la unión con el pasado, se trata de capturar el espíritu del lugar».

Internet ha sido un medio que ha propiciado el boom de aficionados al Urbex. Una de las webs más exitosas es Urbex Sessions . «Marie y Raphael son dos conejos que exploran lugares abandonados», reza la página. Sus artífices son, en realidad, una pareja de jóvenes de Burdeos, que usa máscaras de animales en sus vídeos. «Al principio era por diversión. Ahora nos gusta nuestro anonimato y el estilo de las fotos con ellas», explica Raphael. Como la mayoría, empezaron atraídos por el aura de misterio que envuelve los abandonos y actualmente viajan por el mundo en busca de nuevos lugares que explorar.

Pero ellos no son los únicos que tratan de localizar este tipo de edificios. «Hay gente que solo quiere entrar a romper y desvalijar todo», asegura Aitor Arana. Hay robos, grafitis y hasta sesiones de espiritismo que «acaban deteriorando aún más el lugar». La mejor época de un edificio es «uno o dos años después del abandono», sostienen.

Daniel Gil fue testigo directo de este tipo de vandalismo cuando su grupo sorprendió a unos adolescentes destrozando un edificio de oficinas. En el mundo de la exploración urbana la información es un arma de doble filo, ya que los enclaves más conocidos acaban arrasados o tapiados. «Es una pena que esos lugares se pierdan, ya que son documentos maravillosos de cómo vivía la gente en otra época», valora Arana. Por todo ello, los exploradores nunca revelan la localización del lugar que visitan. «Somos los encargados de mantener viva la memoria», ya sea protegiendo el lugar o inmortalizándolo en una fotografía.

La exploración urbana no está libre de riesgos, ya sea por las malas condiciones del edificio o por la seguridad. La policía estuvo a punto de detener a Daniel Gil y a sus amigos en Londres, cuando trataban de entrar en un edificio que formaba parte de una operación antiterrorista. «Hablamos con los agentes y les enseñamos las fotos que hacíamos. Al final nos dejaron marchar».

Fue en una de esas escapadas en la que Marc vivió su mejor experiencia de exploración: «Fue en una fábrica textil de Vic. El lugar es enorme y hay mucho que explorar, he ido bastante a hacer sesiones de fotos con amigos. Es espectacular», reconoce.

Los problemas de la masificación

En 2005 un pequeño grupo de usuarios pertenecientes a un conocido foro de coches se reunió en una antigua fábrica textil de Sabadell. Allí formaron el Club de Exploradores de Lugares Abandonados (CELA). «En las quedadas usuarios experimentados proponían un sitio y la gente se apuntaba», cuenta Daniel Gil, que llegó a ser uno de sus administradores. Sin embargo, en 2009 la exploración urbana se masificó: «Cuando un lugar se hacía famoso se daba a conocer su localización. Muchos desaparecieron». Debido a diversos problemas, la página finalmente desapareció. A pesar de ello, siguen existiendo muchos puntos de encuentro para exploradores en redes sociales. «Urbexspain en Facebook, Oblivion y varios grupos en Flick. Pero son para compartir fotografías, ya no se publicitan las quedadas. Solo se hacen entre amigos», explica.

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