La caída del cartel de Cali: lo que no cuenta la tercera temporada de 'Narcos'

El agente Peña, ante un esquema de la organización del cartel de Cali./Netflix
El agente Peña, ante un esquema de la organización del cartel de Cali. / Netflix

La organización criminal que heredó el trono de la cocaína tras la muerte de Pablo Escobar fue desmantelada gracias a la colaboración de su jefe de seguridad, Jorge Salcedo, y tras descubrirse que financió la campaña presidencial de Ernesto Samper

JON GARAY

Todo comenzó por un deseo de venganza. En concreto, por el deseo de Jorge Salcedo de matar a Pablo Escobar. El Patrón, el hombre que aterrorizaba Colombia y ocupaba el séptimo puesto de la lista Forbes de hombres más ricos del mundo, había asesinado en 1984 a su amigo y compañero de colegio, el ministro de Justicia Rodrigo Lara Bonilla. Por eso aceptó la oferta del cartel de Cali, la organización que rivalizaba con Escobar por el trono mundial del mercado de la cocaína. Corría el año 1989. Lo que no sabía entonces es que por el camino no solo caería su odiado enemigo, sino también sus jefes. Esta es la historia de Jorge Salcedo, el protagonista de la tercera temporada de 'Narcos', y también la historia del hundimiento de la organización criminal encabezada por los hermanos Rodríguez Orejuela.

Hijo de un general condecorado del ejército colombiano, Jorge Salcedo había estudiado ingeniería y economía en Estados Unidos cuando su padre estuvo destinado en Fort Lauderdale. Él mismo era capitán en la reserva, y sus contactos en el mundillo militar le llevaron a intervenir como mediador en un fracasado plan para asaltar el cuartel general de las FARC en la selva. Se trataba de que un grupo de mercenarios británicos, con la ayuda en secreto de los militares colombianos, atacara el corazón de la guerrilla. Salcedo era el responsable de alimentarlos, alojarlos y abastecerlos, así como de mantenerlos fuera de la atención pública. Finalmente, el ataque no se llevó a cabo, pero fueron esos contactos los que despertaron el interés del cartel de Cali hacia su persona.

El origen de la guerra con Escobar

La guerra con Pablo Escobar había estallado a finales de 1987, al parecer, por un asunto de faldas en Nueva York. La versión más extendida es que uno de los hombres de Escobar se había quejado ante su patrón de que un empleado de ‘Pacho’ Herrera, uno de los capos del cartel de Cali, había tenido una relación con su mujer mientras estaba en la cárcel. De inmediato, Escobar llamó a Gilberto Rodríguez Orejuela, el jefe máximo entre sus rivales. «Eso no puede quedar así. Mándemelo», espetó con su habitual estilo amenazante. Cuando Herrera se negó a entregar a su hombre, el de Medellín lanzó una de sus más famosas sentencias: «Quien no está conmigo está contra mí». La guerra había empezado.

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Dentro de la ola de ataques y contrataaques entre un bando y otro, los jefes de Cali urdieron un plan. Y ahí es donde entraban en juego Jorge Salcedo y los mercenarios británicos. La idea era sorprender a Escobar en una de sus estancias en la famosa Hacienda Nápoles, la fastuosa residencia de 20 kilómetros cuadrados con aeropuerto, helicóptero, gasolinera, red de carreteras, seis piscinas, varios lagos, diez casas, pista de motocross, un zoo que incluía hipopótamos y elefantes, y nada más y nada menos que 1.700 empleados. La ocasión la brindó la victoria del Independiente de Medellín en la Copa Libertadores de 1989. Escobar, gran amante del fútbol, iba a celebrar el triunfo a lo grande. Era el momento perfecto. Tras meses de entrenamiento, dos helicópteros se dirigieron hacia la hacienda. Sin embargo, durante el trayecto, uno de ellos se estrelló. El plan tuvo que ser abortado, pero a pesar de ello los servicios de Salcedo habían convencido a los patrones. A partir de entonces se ocuparía de la seguridad de los hermanos Gilberto y Miguel, los dos grandes jefes del cartel de Cali.

1.000 dólares al mes

La organización de los hermanos Rodríguez Orejuela era un eficiente entramado criminal que llegó a controlar el 80% del mercado mundial de la cocaína y a obtener beneficios de 7.000 millones de dólares de la época -Fortune calculó la fortuna de su archirrival Escobar en 3.000 millones-. El gran estratega era Gilberto, apodado ‘el Ajedrecista’ por su frialdad y capacidad de estrategia -su habilidad no le evitó pasar dos años de cárcel en España, entre 1984 y 1986-. El día a día quedaba en manos de su hermano menor, Miguel, ‘el Señor’, que atendía una media de 200 llamadas al día y podía tener 50 reuniones. Esos detalles se recogen en el libro de William C. Rempel 'En la boca del lobo. La historia jamás contada del hombre que derrotó al cartel de Cali’, fruto de las conversaciones del autor con Jorge Salcedo. Su jornada empezaba a mediodía y acababa sobre las 2 o 3 de la mañana. En esto se parecía a Escobar, que también solía trasnochar. En todo lo demás, ambos cárteles no podían ser más diferentes. Los de Cali siempre apostaron por la discreción y el soborno frente a un Escobar que llegó a entrar en el mundo de la política y usaba la violencia con toda su crudeza.

De arriba a abajo y de izquierda a derecha, Gilberto Rodríguez, su hermano Miguel, ‘Chepe’ Santacruz y 'Pacho Herrera.
De arriba a abajo y de izquierda a derecha, Gilberto Rodríguez, su hermano Miguel, ‘Chepe’ Santacruz y 'Pacho Herrera.

Las dos patas restantes del cartel de Cali eran José Santacruz Londoño, alias ‘Chepe’, que fue quien introdujo a la organización en el lucrativo negocio de la cocaína, y el ya mencionado ‘Pacho’ Herrera, el capo homosexual que entró en la cúpula por la mediación de este último y puso a su disposición su capacidad para el blanqueo de ingentes sumas de dinero y su red en Nueva York. Los tres primeros conformaron originalmente la banda de ‘los Chemas’, que durante los años 70 se dedicaron a la extorsión, el secuestro y los robos. Hasta que vieron que el negocio no estaba ahí.

A sus órdenes estaba Jorge Salcedo, que se ocupaba sobre todo de labores de inteligencia. Apodado ‘McGyver’ por su habilidad con la tecnología, tejió toda una red de escuchas que hizo que prácticamente nada en Cali le pasara inadvertido. Además, gracias a los numerosos sobornos, el cartel tenía en nómina a un tercio de los policías y militares de Cali, Medellín y Bogotá. Sus jornadas duraban lo que la de sus jefes, especialmente de Miguel, con el que estaba más ligado. A cambio, cobraba 1.000 dólares al mes, un sueldo de clase media-alta.

Los intentos por acabar con Pablo Escobar no terminaron con el fracasado asalto a la Hacienda Nápoles. Si aquel parecía alocado, su siguiente plan lo era aún más: se trataba de bombardear literalmente La Catedral, la lujosa cárcel donde su gran rival se había auto encerrado y desde donde seguía dirigiendo su imperio. Para ello se hicieron con tres bombas con las que arrasarían la guarida de su enemigo. Finalmente, el plan fue descubierto y Salcedo, identificado ya como trabajador del cartel.

Los últimos días del cartel

Cuando finalmente cayó Escobar el 2 de diciembre de 1993 -«A mí nunca en la gran puta vida me van a atrapar vivo», le había dicho a su hijo-, la misión de Jorge Salcedo había tocado a su fin. O eso creía él. En sus planes estaba dejar el cartel y montar su propia empresa de seguridad. Nada más lejos de la realidad. Era un empleado demasiado valioso para dejarlo marchar. «Soy ingeniero. No pertenezco a este mundo, pero estoy atrapado en él», se defendía años después en sus conversaciones con el escritor William C. Rempel.

Los cuatro capos llevaban meses negociando con las autoridades colombianas su salida del negocio del narcotráfico a cambio de aceptar una condena de cárcel corta y empezar de cero con un patrimonio de miles de millones. Incluso llegaron a contactar con el FBI para estudiar un posible acuerdo para evitar las temidas extradiciones a modo de recompensa por su ayuda en la caza de Escobar. Todo se fue al traste cuando se descubrió que el cartel había contribuido de forma más que generosa a la candidatura del nuevo presidente colombiano, Ernesto Samper. Ya no había posibilidad alguna de cambalache.

El primero en caer fue Gilberto. Era el 9 de junio de 1995. Le seguirían ‘Chepe’ Santacruz, (fue detenido en un restaurante, no se entregó, como se dice en la serie) el 4 de julio; Miguel, el 6 de agosto. El último fue ‘Pacho’ Herrera, que se entregó el 1 de septiembre de 1996.

Jorge Salcedo fue la clave en la caída de Miguel por su colaboración con las autoridades estadounidenses. A cambio, le incluyeron en su programa de protección de testigos y pudo comenzar una nueva vida con los 1,5 millones de dólares que le entregaron. Una nueva vida anónima no exenta de peligros. El hijo de Miguel, Walter, un violento abogado que heredó el mando de la organización criminal, llegó a ofrecer dos millones de dólares a una amiga de la familia para que le proporcionara su dirección en EEUU. Pero Salcedo ha sobrevivido a todos los intentos de acabar con él y sigue viviendo bajo protección en Estados Unidos.

¿Qué fue de los capos de Cali?

Como ocurriera con Escobar, los hermanos Rodríguez Orejuela siguieron dirigiendo su imperio desde la cárcel y convirtieron sus celdas en apartamentos de lujo: televisión por cable, equipos de sonido, alfombras, vinos franceses… Las visitas se sucedían. Gilberto llegó a recibir en una semana a 123 personas que dijeron ser parte de su equipo de abogados. Su ocaso definitivo llegaría en 1997. Ese año, Colombia volvió a aprobar el tratado de extradición con Estados Unidos, si bien solo para delitos de narcotráfico cometidos después del 17 de diciembre de dicho año. Así, ambos fueron extraditados. En 2006, ya ambos con más de sesenta años, aceptaron entregar activos por más de 2.000 millones de dólares y fueron condenados a 30 años de prisión. Por buena conducta, podrían quedar libres en 2030. En 2010, la familia reveló que Gilberto sufre problemas de colon y Miguel estaba perdiendo audición por su trabajo en la lavandería de la cárcel.

‘Chepe’ Santacruz aguantó poco en la cárcel. Se fugó en 1996, a plena luz del día, al parecer fingiendo formar parte de un grupo de fiscales que habían ido a interrogarlo. Murió dos meses después. La versión oficial relata que ocurrió en una emboscada de la Policía. La de los estadounidenses apunta más a una venganza de otros narcotraficantes por una supuesta alianza con las FARC.

‘Pacho’ Herrera cayó en la cárcel mientras jugaba un partido de fútbol. Un sicario del cártel del Norte del Valle que se había hecho pasar por su abogado se le acercó y le descerrajó cinco disparos en la cara.

Finalmente queda William, el heredero del imperio. Nueve meses después del arresto de Miguel, resultó gravemente herido tras recibir ochos disparos. En 2006 fue extraditado a Estados Unidos y accedió a testificar contra su padre y su tío. Fue condenado a 21 años de prisión, que quedaron en ocho tras ayudar a identificar más de 1.000 millones en activos del cartel. Salió en libertad en 2010 y escribió un libro ofreciendo su versión de lo ocurrido durante todos esos años. Actualmente vive en Miami dedicado a la construcción

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