El balón o la tablet, ¿qué prefieren los niños?

Los videojuegos «entretienen más a los chavales» pero no van a arrinconar al juguete tradicional, insisten los expertos. «Lo más demandado el año pasado fueron los juegos de construcciones», confirman en una importante cadena de jugueterías

Las construcciones son una de las alternativas más demandadas.
Yolanda Veiga
YOLANDA VEIGA

Sonia y Laura son hermanas, tienen 4 y 2 años y una habitación llena de juguetes: peluches, balones, puzzles, una casita de muñecas, hasta una piscina de bolas... ¡Y se aburren! La solución se la dio a sus padres una psicóloga: retirad todos los juguetes, que además no permiten ni andar por la habitación, y dejad a la vista solo tres. Al día siguiente, guardad esos tres y sacad otros diferentes... y funcionó. Porque el problema venía precisamente del exceso. «Tenían tantas cosas que las niñas no sabían a qué atender». El diagnóstico (y la receta) es de Silvia Álava, del gabinete psicológico Álava y Reyes y especializada en menores. A propósito de la quiebra de la cadena Toys 'R' Us Álava repasa los beneficios de los juguetes en el desarrollo de los niños.

Pero, ¿juguete tradicional o moderno artilugio tecnológico? «Un videojuego entretiene más a los niños porque proporciona estímulos constantes: colores, sonidos, imágenes que se suceden deprisa... pero una muñeca de las de siempre favorece más la creatividad y la imaginación porque al ser menor el estímulo obliga al niño a inventarse historias. Por eso no hay que arrinconar de ninguna manera los juguetes tradicionales», defiende la psicóloga.

Y eso mismo le van a decir detrás del mostrador de cualquier juguetería: «Las cocinitas de muñecas, los maletines de médicos, los disfraces... son los juguetes que mejor funcionan y nunca pasan de moda. Porque a los niños les gusta imaginar, imitar roles...», explica María Nalda, responsable de Marketing de Europa Sur de Imaginarium, cadena que lleva 25 años vendiendo juguetes -tiene 118 tiendas en España, 7 de ellas en Euskadi-. Y añade un dato que confirma la teoría: «Los juegos clásicos de construcción fueron los que mayor crecimiento esperimentaron el año pasado».

Los beneficios de cada juguete

Para favorecer la motricidad de los bebés:
Las mantitas de actividades, según se recoge en el libro 'Queremos hijos felices', de la psicóloga Silvia Álava.
Para estimular la vista y el tacto de los bebés:
Las marionetas. Además, cuando los niños son más mayores pueden jugar a crear sus propios cuentos sirviéndose de estos muñecos.
Para desarrolar la fuerza y la agilidad en los dedos de las manos:
Es adecuada la plastilina, los recortables y vestir y desvestir muñecas.
Para favorecer las destrezas finas:
Los juegos de ensartar cuentas o pinchitos.
Para la fuerza, la potencia, la resistencia, la elasticidad, el equilibrio y el control muscular:
Patinetes, patines, triciclos, bicicletas, camas elásticas...
Para aprender los roles:
Las cocinitas, los muñecos, los disfraces... Los niños simulan que van a la compra, cuidan de un bebé, son médicos o veterinarios, profesores...
Para la memoria y la coordinación visomanual:
Los puzzles, los encajables de formas geométricas...
Para la creatividad y la organización espacial:
Los juegos de construcciones
Para aprender las reglas, a respetar los turnos...:
Los juegos de mesa en los que intervienen varios participantes.

- ¿Los juguetes tecnológicos no van a acabar entonces nunca con el juguete tradicional?

- No, hay una perfecta convivencia. La idea es que la tecnología esté al servicio de los juegos de siempre. Por ejemplo, en Imaginarium tenemos una pelota que cuenta los toques que das con el pie a través de una pulsera que lleva incorporada un sensor. Tiene mucha demanda porque al balón de toda la vida la tecnología le ha dado ese plus de desafío. También tiene mucho éxito un globo del mundo interactivo en 3D. Es la clásica bola con el mapamundi, pero se puede conectar a una tablet o al móvil y si el niño señala África en el globo en la pantalla aparecen cuentos sobre países africanos, imágenes de sus paisajes, información sobre su Historia, su gastronomía...

No acabaría con los ejemplos: un perrito que según cómo le acaricies camina, se sienta, ladra... una cocinita que gira 360 grados y que incluye una lavadora que da vueltas, un horno que se enciende pero no quema... Todo esto les encanta a los chavales pero ¿saben lo que van a pedir al Olentzero y a los Reyes Magos este año? «Pues lo mismo que todos los años, cocinitas de las de siempre y bicicletas», asegura la portavoz de Imaginarium. Así que no, «el juguete real, el tradicional, no va a desaparecer», insiste.

«Cuando los niños hablan solos»

Sería, de hecho, castastrófico para el desarrollo de los niños. «Los juguetes no son solo un entretenimiento, son una herramienta de aprendizaje. Cuando son bebés las mantitas o los muñecos blandos les ayudan a estimular los sentidos, echar a rodar una pelota favorece la psicomotricidad, cuando crecen los puzzles o los juegos de pinchitos son importantes para desarrollar las destrezas finas, las habilidades con las manos, y les van a ayudar incluso a la hora de aprender a escribir. A partir de los 6 años los juegos de mesa les enseñan a respetar y a entender reglas, los juegos en grupo favorecen la negociación con los amigos...», enumera Silvia Álava.

Y llama la atención, muy en positivo sobre un hecho común practicamente a todos los niños, especialmente si son pequeños: que hablen solos. «Lo hacen cuando se están inventando una historia y eso favorece su imaginación». Y muchas veces hablan a los muñecos, especialmente a esos muñecos que ni andan, ni cantan ni lloran ni llevan pilas. «Si la muñeca no hace nada el niño se verá obligado a trabajar más la creatividad. Es buenísimo que hablen con los juguetes».

Jugar sin juguetes

No siempre los niños necesitan un juguete para jugar. De hecho, cuando son pequeños y se quiere favorecer las habilidades, especialmente las de las manos, hay muchísimas alternativas que se pueden improvisar. Silvia Álava hace algunas propuestas: colocar pinzas en una cuerda, meter monedas en una hucha, hacer collares con macarrones, abrochar y desabrochar botones, hacer trenzas de lana, pintar con los dedos, tocarse el pulgar con todos los dedos de la mano, envolver objetos pequeños en papel, teclear, arrugar papel para formar pelotitas... ¿Y cuándo son bebés? Pues menos aún necesitan los juguetes. Solo alguien que juegue con ellos: a imitar la sonrisa y otros gestos, a imitar sonidos de animales, a hacer cosquillas, a poner muecas delante del espejo...

Y que lo hagan solos, sin un adulto detrás. «Hoy en día hay padres que parecen monitores de tiempo libre. Se aterran si ven que su hijo se aburre, pero es que el niño debe aprender a entretenerse solo y no a que el padre o la madre le entretenga continuamente». Ni los padres... ni las maquinitas. «Competir con un videojuego que tiene luces, sonidos, movimientos rápidos... es difícil. Pero no se trata tampoco de demonizar los juguetes electrónicos porque realmente entretienen mucho y el crío va a tardar más en cansarse de un juego en la tablet que de una muñeca. Pero hay que tratar de que esos juegos sean también educativos».

Una app para trabajar la inteligencia emocional

Y pone Silvia Álava algunos ejemplos: «Hay juegos de ordenador que ayudan a mejorar la lectura, incluso existe una app con la que se trabaja la inteligencia emocional. Es una especie de videojuego que mide la tolerancia a la frustración del niño. Registra su impulsividad, su capacidad para resolver problemas y para reconocer las emociones... y todos estos parámetros quedan anotados y los pueden consultar sus padres». Una alternativa, dice la experta, a «esos juegos de móvil que solo sirven para pasar el tiempo y que no aportan ninguna enseñanza».

Así que la clave, coinciden los expertos, es la convivencia entre estos modernos artilugios y los juguetes de siempre. Y otra cuestión fundamental que nos lleva de nuevo al inicio de este reportaje, al caso de Sonia y Laura: «Estamos desbordando a los menores con tantos juguetes. Cuando yo era niña te regalaban la Nancy o la Barbie y era lo más de lo más. Pero tenías una, ahora tienen ocho y eso no es bueno. Los padres deben aplicar el sentido común a la hora de comprar juguetes».

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