Atrapados

Atrapados
Manuel Alcántara
MANUEL ALCÁNTARA

Me había acostumbrado a escribir sin otra luz ni guía que la que el cielo envía, pero lo difícil es escribir sin luz eléctrica. En mi casa de Rincón de la Victoria no se ve ni torta mientras España anda a tortazos. Miles y miles de viajeros han tenido que ser socorridos por el Ejército, porque quedaron atrapados por la nieve, que es una mujer fatal, bonita y cruel, que queda mejor en las postales que en el trato íntimo. Cuando cae a destiempo, aunque sea el tiempo de su caída, nos damos cuenta de que los dioses neutrales no nos quieren, aunque las empresas expedienten a los concesionarios y el llamado ‘pancatalanismo’ siga conquistando espacio. El ministro de Fomento, Íñigo de la Serna, está muy bien educado y no le echa la culpa a nadie, ni siquiera a él. No es que le falten ideas, sino que las ideas le faltan el respeto a él.

¿Por qué decimos que el caos determinado por las nevadas es inadmisible? La nieve es un esfuerzo y ya se preguntó Villón, poeta y delincuente, dónde estaban las de antaño. Se suele decir que la lluvia nunca es a gusto de todos, pero las nevadas les gustan a los niños porque hacen esculturas fugitivas y a los alpinistas, que en Latinoamérica les llaman andinistas. Quizá estemos en lo cierto, aunque las certidumbres sean dudosas, los que creemos que la Madre Naturaleza es una madre desnaturalizada. Que se lo pregunten a los conductores de esos más de 3.500 atrapados y a la gente que iba dentro. ¿Cómo acarrear con la culpa? No es peso que le alegre a nadie. Fomento y la concesionaria se la echan unos a otros. Cuando la maniatada nieve se libere de sus ataduras volveremos a hablar de Inés Arrimadas, que es jerezana y que opta a formar Gobierno en Cataluña, a pesar de la mayoría absoluta que exhiben las formaciones separatistas. Tiempo habrá cuando cambie el tiempo.

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