Un asunto de democracia

El siglo XX, «el siglo de las mujeres». Así de claro lo tuvo el gran historiador Eric Hobsbawm. Lo logramos tras competir con el resto de causas nacidas de la Ilustración

Un asunto de democracia
KATY GUTIÉRREZ MUÑOZ

El siglo XX, «el siglo de las mujeres». Así de claro lo tuvo el gran historiador Eric Hobsbawm. Lo logramos tras competir con el resto de causas nacidas de la Ilustración: movimiento obrero, anticolonialismo, luchas antirracistas y por los derechos civiles, ... Todos ellos con muchas luces. También con muchas sombras, que oscurecían su lucha por la libertad y la igualdad. El feminismo era justo; minoritario, a pesar de ser las mujeres la mitad de la población de todos los países, clases sociales, nacionalidades y etnias. Las sufragistas, denostadas por los hombres e incomprendidas por la mayoría de las mujeres, levantaron una bandera que ha llegado hasta hoy. Muchos de quienes vislumbraban su justeza, hombres y mujeres, anteponían otros intereses a los de las mujeres. Clara Campoamor fue un vivo ejemplo de lucha feminista y aislamiento político.

En el siglo XXI, a pesar de los enormes avances en igualdad, el feminismo continúa. Cuando parecía que en los países democráticos ya estaba casi todo conseguido, los problemas reales de las mujeres han estallado en la calle y en los media: Millones de mujeres movilizadas y denuncias que alcanzan al mundo del espectáculo, de la política y del asociacionismo. La violencia machista, el acoso sexual, las discriminaciones laborales, la brecha salarial, las desigualdades en materia de corresponsabilidad, la escasez de servicios sociales para favorecer la conciliación, los vergonzosos estereotipos en los medios de comunicación, el machismo imperante entre muchos y muchas jóvenes … Se podrá objetar que esos problemas no son exclusivos de las mujeres. El acoso sexual en Hollywood se produjo también hacia jóvenes actores. La cuestión de fondo es la dignidad de cada ser humano. Las discriminaciones por género, etnia, nacionalidad, orientación sexual, pobreza, … son incompatibles con la democracia. Pero lo que es inadmisible es que se agraven ¡por el mero hecho de ser mujeres!

¿Qué es el feminismo hoy? Desde los años 60 se produjeron cambios sociales y políticos a escala mundial que también cuestionaban la subordinación de las mujeres. El feminismo se expandió entre la juventud. Frente al feminismo de la diferencia y la teoría del patriarcado (organizaciones sólo de mujeres), el nuevo feminismo de la igualdad se marcó el objetivo de incardinarse en la política, movimientos sindicales y sociales para cambiar la sociedad. Su mensaje era muy poderoso por ser integrador de mujeres y hombres y los organismos internacionales lo asumieron. Desde 1975, la ONU organizó Conferencias Mundiales y la de Pekín (1995) se convirtió en el paradigma mundial del feminismo: «Mirar el mundo (también) con ojos de mujer». Para lograr la igualdad real de oportunidades y de trato entre mujeres y hombres hay que cambiar los roles sociales, las relaciones de género. El género, mal usado y denostado (a veces como reacción, a veces por machismo), es lo que nos permite superar la «guerra de sexos». Mientras no consigamos la equiparación de los roles sociales, la corresponsabilidad en las tareas de cuidado familiar entre hombres, mujeres y servicios sociales, las mujeres tendremos una ‘igualdad’ de segunda. O bien las jóvenes deberán adoptar el rol social del hombre-competidor. Está pasando. También hay cada vez más hombres que desechan ese modelo y asumen la corresponsabilidad. La necesidad del cambio de horarios no es menor.

La UE es el otro referente en feminismo de la igualdad. El ‘Compromiso estratégico para la igualdad de género 2016-2019’ plantea como objetivos: igual independencia económica, igual salario por trabajo del mismo valor, igualdad en la toma de decisiones, la dignidad, la integridad y la eliminación de la violencia basada en el género, y la promoción de la igualdad de género más allá de la UE.

Esos son los retos del feminismo actual. El supeditar el feminismo al partidismo le perjudica mucho. Sobran los ‘palabros’ que ridiculizan el uso de un lenguaje inclusivo que tiene como objetivo hacer visibles a las mujeres. Tampoco es admisible que se produzcan impunemente ataques machistas contra mujeres por ser de otra ideología, o que el oportunismo rija las políticas feministas. Por el contrario, sí es feminismo educar a nuestra juventud en la igualdad y el respeto. Es inadmisible el caldo de cultivo que se desborda en borracheras de fines de semana, graves disturbios en torno al deporte, violencia de género, acoso escolar, entre otros. También es feminismo el pedir que en las movilizaciones de pensionistas se priorice reivindicar una pensión digna para las viudas, injusticia flagrante que preocupa tanto a los partidos y sindicatos que incluso han barajado sacarlas de las pensiones contributivas, como si ellas no hubiesen servido de soporte necesario para el trabajo de sus maridos.

Me ha parecido alentador el reciente testimonio de Santiago Segura, que se declara feminista desde niño, por su madre. Otros se han hecho feministas por sus hijas. Muchos ni siquiera saben que lo son. El 8 de marzo es de todas las mujeres, pero también de los hombres que aspiran a un mundo más justo, de relaciones en igualdad. Esperemos que disminuyan quienes siguen recalcitrantes en el machismo y otros ismos denigrantes ... El feminismo es esencial para la democracia y los derechos humanos. Destinado a la humanidad, esa es su grandeza.

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