Aquellos días de mayo

Las revoluciones terminan cuando se convierten en simple recuerdo nostálgico, algo evidente 50 años después del 68

Directores piden la supresión del festival de Cannes en 1968./
Directores piden la supresión del festival de Cannes en 1968.
ENRIQUE PORTOCARRERO

Las revoluciones solo son revoluciones hasta que se convierten en historia. Algo bien evidente en este 50 aniversario de Mayo del 68, cuyo revisionismo ha sido poco más que estético. Nada que ver con lo acontecido en aquellos días en muchos ámbitos culturales. Por ejemplo en el Festival de Cannes, donde la 'nouvelle vague' forzó la supresión del certamen. Fue el 18 de mayo del 68, cinco días después de la huelga general que paralizó Francia. Lelouch, Godard, Truffaut, Louis Malle y Polanski llegaron a Cannes con su posición intelectual crítica y con el pensamiento abonado por Barthes, Foucault o Lacan. En la sección oficial se iba a proyectar 'Pippermint frappé' de Carlos Saura, asimilado a esa vanguardia cinematográfica. Justo antes de la proyección, algunos realizadores subieron al escenario para protestar por el cese de Henri Langlois, el director de la Cinemateca Francesa. De la bronca posterior con puñetazos y de la suspensión del certamen no se ha hablado mucho estos días, como tampoco de la influencia de esa generación de cineastas en la modernidad cinematográfica. De los protagonistas de aquellos días de mayo quedan Lelouch y Godard, mientras que a Polanski le persigue su pasado y de Carlos Saura se habla más en la calle de su piropo a Penélope Cruz en los Goya que de la genial vanguardia de su cine en aquellos años finales del franquismo. Las revoluciones terminan, ya digo, cuando se convierten en simple recuerdo nostálgico.

Moda: un nuevo género

En esta contemporaneidad las alfombras rojas, los festivales de música y el reflejo de ambos en las redes sociales se han convertido en la principal influencia creativa de la industria de la moda y en su mejor publicidad. El enorme impacto logrado por la estética del reciente Festival de Coachella y las repetidísimas imágenes de los 'outfits' de fantasía en la última gala del Met neoyorquino también certifican una visión festiva y adornada con el mejor ropaje de la cultura pop. Otro tanto se puede decir de la puesta en escena y de la coreografía musical y bailable que hace ya tiempo se emplea en muchos de los desfiles de las principales pasarelas. Uno de los más decididos impulsores de este 'show alegre' de la moda ha sido siempre Jean Paul Gaultier, quien ahora ha decidido dar otro paso más en esa dirección, algo que ha levantado una extraordinaria expectación. Se trata de un espectáculo que lleva el título de 'Fashion Freak Show', cuyo estreno está previsto para el próximo octubre en el Folies Bergère parisino. Será un nuevo género a medias entre la revista, el cabaret burlesque y el desfile de moda, con espíritu excéntrico, provocador y escandaloso, en el que participarán actores, cantantes, bailarines y modelos, todos ellos al son de la música disco, funk, pop, rock y new wave. Conociendo las inspiraciones estéticas y visuales de Gaultier o ese universo a medio camino entre Almodóvar, Luc Besson y Madonna, el espectáculo será un éxito.

Subastas: colecciones de éxito

El éxito logrado esta semana por Christie's Nueva York en la venta de la colección Rockefeller refleja con claridad la actual estrategia seguida por las casas de subastas, al concentrarse en el segmento más alto del mercado y en el logro de colecciones completas de gran valor o de indudable atractivo comercial. Para demostrar la importancia que tienen las piezas de máxima cotización baste decir que la venta del cuadro de Leonardo da Vinci 'Salvator Mundi', que se remató por 450,3 millones de dólares el pasado mes de noviembre, supuso el 37,5% del aumento de la facturación alcanzada por Christie's en 2017.

Por otra parte, la búsqueda de colecciones completas de alta calidad o de tirón comercial sigue siendo un objetivo codiciado por Christie's o Sotheby's. Si ahora la primera ha vuelto a conseguir que la subasta Rockefeller reciba la denominación de «venta del siglo» con el mismo entusiasmo que el mercado recibió en 2009 la subasta de la colección privada de Saint Laurent, también el año pasado se remató con éxito la colección de la actriz Audrey Hepburn o incluso la de Vivien Leigh, esta última realizada por Sotheby's. Unas veces por la altísima calidad de muchas piezas que integran estos conjuntos o también por el hecho de haber pertenecido a iconos culturales del cine, el caso es que las colecciones privadas al completo se han convertido en el mejor aliciente para el mercado.

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