«Cuando alguien cercano se suicida uno se pregunta dónde estaba yo»

Cecilia Borràs, ayer tras el curso ‘Sobrevivir a la muerte por suicidio, una realidad silenciada’ en el Palacio Miramar / LUIS MICHELENA

Cecilia Borràs Murcia, presidenta de la asociación de Supervivientes Después del Suicidio, compara el estrés que provoca un suceso de ese tipo con el de “una situación bélica”

PABLO GUILLENEASAN SEBASTIÁN

Cecilia Borràs Murcia perdió a su hijo Miquel hace más de ocho años. Hoy dirige la Asociación Después del Suicidio, asociación de supervivientes que presta ayuda a las familias y personas afectadas por los muertos por suicidio. «Hay 21.000 casos de suicidio al año, pero cada uno afecta a una media de seis personas», ha recordado durante una charla pronunciada en San Sebastián.

–¿Hasta qué punto son importantes los testimonios directos?

–No son importantes, son esenciales. Es así como podemos llegar emocionalmente a las personas que son víctima, pero también acercarnos a aquellas personas que aún no han tenido la oportunidad de escucharlos. Es algo esencial.

–¿A usted le incomoda hablar de su caso?

–No. Yo tengo la desgracia –o tal vez la fortuna, no lo sé– de que no. El hecho es que es un caso que ocurrió hace mucho. No me molesta porque no tengo nada de lo que avergonzarme.

–¿Es difícil para el resto de las familias hablar de sus casos particulares?

–Sí, puede llegar a ser muy difícil. Incomoda y se tiene que respetar. Lo que yo creo es que no incomoda cuando ellos se puedan encontrar muy mal y sientan esa necesidad de compartir.

–¿Pueden influir los medios en la estigmatización de las familias?

–Por hablar del suicidio en medios de comunicación nadie se suicida. Los medios de comunicación nos deberíais ayudar a crear una nueva opinión entorno al suicidio, a poder romper ciertas creencias –arcaicas y antiguas– que no responden a la realidad. Los medios de comunicación habéis de hablar del suicidio, pero hablarlo bien. Y lo haréis correctamente siempre y cuando sea desde el máximo respeto al suceso dramático. Las descripciones detalladas de lo ocurrido, por ejemplo, no aportan nada. Son éstas, precisamente, las que acaban por acaparar la atención y las que pueden llegar a provocar un efecto contagio.

«Sobrevives día a día»

–¿Por qué superviviente?

–Mira, no lo sé. Las asociaciones americanas ya se autodenominaban supervivientes. Yo creo que proviene de la definición que hace la Asociación de Psicología Americana al hablar del rango de estrés que pueden llegar a soportar estas otras víctimas, comparable al que se sufría al estar en un campo de concentración o al soportado en situaciones bélicas. Pienso que las personas afectadas por casos de suicidio vivimos en un estado crónico de supervivencia. Realmente sientes que sobrevives día a día, con una incertidumbre total respecto al futuro. Has visto lo terriblemente frágil y débil que es la vida.

–Es un duelo eterno.

–Es un duelo largo. Uno que debe concluirse, pero cuyos tiempos se tienen que respetar. Todas las personas deberán necesitar su tiempo y tendrán sus necesidades, pero no todo el mundo va a reaccionar igual, por lo que fijar un tiempo de recuperación o las frases del tipo ‘en un año estarás mejor’ y ‘el tiempo todo lo cura’ pueden ser contraproducentes.

–Y es un error compararlo al duelo por otro tipo de pérdidas inesperadas.

–Todas las pérdidas inesperadas son, básicamente, igual de trágicas. Pero a la persona a la que pierde un ser cercano por suicidio le queda la incógnita irresoluble del por qué. ¿Cómo nos lo comemos? ¿Cómo podemos entender que esa haya sido su decisión? Es una diferencia sustancial. ¿Qué ha llevado a esa persona a tomar una decisión tan dramática? Es un gran peso sobre el que vamos reflexionando día tras día en nuestro duelo. Y es que a estas preguntas se les suma un sentimiento de culpa. ¿Dónde he estado yo? ¿Cómo he actuado? ¿Qué le he dicho para poderlo evitar? Son preguntas que en última instancia no aportan nada.

–¿Falla quien se intenta suicidar y no lo consigue?

–Depende. Depende de si estamos hablando de una persona que tiene una crisis vital determinada, que surge a raíz de una circunstancia externa, o si se trata de una persona que, desgraciadamente, tiene un trastorno mental grave. Estas dos circunstancias son determinantes en la valoración que él haga de su propio intento.

–¿Cómo surge la asociación de supervivientes?

–La asociación nació hace cinco años, durante los que hemos atendido llamadas y correos electrónicos de más de 1.300 supervivientes y hemos dado asistencia personal, de grupos y de acogidas, a casi 500 personas. Nace por necesidad, porque hasta entonces no había ningún sitio donde compartir y hablar de nuestras vivencias, algo de lo que la doctora Carmen Tejedor se dio cuenta.

¿Y se percibe esta ayuda?

–Sí. Se percibe y las personas a las que afortunadamente hemos podido ayudar han podido llegar a reconstruir sus vidas.

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