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Un repaso a la historia de la Semana Santa bilbaína
Actualizado: 19:58

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Un repaso a la historia de la Semana Santa bilbaína

Los años cuarenta fueron fundamentales para la configuración de las procesiones y las hermandades tal y como las conocemos hoy

22.03.13 - 20:53 -
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Un repaso a la historia de la Semana Santa bilbaína
Fotografía de la Semana Santa de 1894 cedida por Juan Antonio Arbaiza.

Las primeras procesiones en Bilbao se remontan a 1.553, fecha en la que se fundó la Cofradía de la Vera Cruz, la hermandad más veterana de la capital vizcaína, tras unas inundaciones. Desde de esa fecha, la celebración religiosa ha sufrido los embistes de la marea del tiempo, pero siempre ha sabido mantener a flote su espiritualidad.

En el siglo XVII, la Cofradía de la Vera Cruz se dividió en dos ramas, los blancos y los negros, que se repartían las procesiones de la época. De todas formas, la unidad de la hermandad nunca estuvo en peligro y su distinción no tenía otra función que la puramente ornamental.

En aquellos tiempos, todos los habitantes de Bilbao, sin excepción, participaban en las procesiones. De hecho, se cuenta que la hermandad de la Vera Cruz tuvo auténticos problemas para pagar todas las velas que los feligreses encendían al paso de las comitivas religiosas.

Si nos trasladamos a fechas más recientes, podemos observar como los años cuarenta fueron fundamentales para la configuración de la Semana Santa bilbaína tal y como la conocemos hoy. Durante esa década, se fundaron la mayor parte de las cofradías en las que participan actualmente unas 3.000 personas en las nueve procesiones que tienen lugar en la capital vizcaína.

Personalidad propia

Su esfuerzo y dedicación fueron forjando una celebración religiosa con identidad propia haciendo suyos ritos y costumbres presentes en otras ciudades. Un ejemplo de ello es que en la Semana Santa bilbaína todas las cofradías participan en las procesiones, algo inusual en el resto de las ciudades.

Tampoco hay que olvidar que la capital vizcaína cuenta con sus propios personajes dentro de su rica y bella imaginería. Es el caso del Cacanarru de Anachu, que se burla de Jesús en el paso de La Coronación de Espinas. Tampoco nos olvidemos del odioso Fracagorri, que es el que toca el cuerno en el paso de La Cruz a Cuestas.

Y respecto a las procesiones, hay que destacar la del Nazareno, donde las saetas entonadas por los habitantes de San Francisco rasgan los corazones con la misma fuerza y emotividad que en Sevilla o Valladolid. También hay que destacar la impresionante Procesión del Silencio, en la que las trompetas y tambores callan en las calles del Casco Viejo durante la madrugada del Viernes Santo.

Pero la Semana Santa bilbaína también ha vivido momentos en los que la pasión ha ido más allá de las procesiones. Fue el caso de la rebelión gestada en la última década de los 70 por varias cofradías. Ellas resistían a que la hermandad de Vera Cruz mantuviera un control absoluto sobre las procesiones que recorrían la ciudad pese a ser la congregación más antigua. La situación era tan mala que culminó con una auténtica desbandada de centenares de cofrades que portaban los pasos.

Protestas

Se rozó el cisma, ya que Vera Cruz nunca tomó en consideración las procesiones que organizaban el resto de hermandades pese al número de sus cofrades. Pero las diferencias explotaron un Jueves Santo que amaneció lluvioso. Viendo que las tormentas no cesaban, Vera Cruz suspendió las procesiones. Esta decisión fue pasada por alto por cuatro congregaciones: Santa Eucaristía, Apóstol Santiago, Pasión y Merced. La marcha finalizó en medio de protestas que amenazaron con llevarse por delante la Semana Santa bilbaína.

Tras aquel episodio, las cofradías decidieron, en 1989, limar diferencias en reuniones a puerta cerrada y crear una Junta que aglutinara a todas. Vera Cruz puso una condición: el presidente de la Hermandad de Cofradías de Bilbao siempre sería uno de sus miembros. Las demás aceptaron. Los logros de aquella conciliación saltan a la vista. Se creó el Museo de Pasos y la lectura del pregón. Asimismo, se permitió la entrada de mujeres en las hermandades y la marcha del Domingo de Resurrección logró una enorme relevancia.

En definitiva, la Semana Santa bilbaína ha demostrado saber adaptarse a los tiempos. Su objetivo es convertirse en uno de los grandes reclamos turísticos de un Bilbao que es capaz de mirar a la modernidad del Guggenheim sin perder de vista sus más hondas tradiciones.

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