Un pregón a ritmo de verbena

A Joselu Anaiak se sumaron los dantzaris de Algara. /Blanca Castillo
A Joselu Anaiak se sumaron los dantzaris de Algara. / Blanca Castillo

Joselu Anaiak convoca «a todos los alaveses» a la fiesta en su musical preludio de San Prudencio oficiado en el Teatro Principal

JOSÉ ÁNGEL MARTÍNEZ VIGURI

Joselu Anaiak, el grupo musical más cantado y bailado de Álava y de parte de Euskadi, montó este lunes una de sus verbenas en el escenario del Teatro Principal con motivo del pregón de las Fiestas de San Prudencio y Nuestra Señora de Estíbaliz. Como si de una noche de verano se tratara, los cinco hicieron lo que siempre han hecho, llevar la alegría a los corazones de los alaveses. La platea fue un fiestón, al que se sumaron los dantzaris de Algara y los blusas de Okerrak con la interpretaron al unísono de la Retreta.

Como muchas veces se lo han preguntado, casi tantas como 'tournées' por los pueblos a los que han incitado a sus bailables, los protagonistas de la escena aprovecharon la gran ocasión, ante un auditorio entregado, para confirmar que, en efecto, son hermanos. Los cinco Ruiz de Gordoa: Javier, Andoni, Félix, Jesús y Joselu, quien llevó la voz cantante, «con nuestros más y nuestros menos, pero juntos. No concebimos la vida de otra manera». Sostenida por un pentagrama. «Música antes, ahora y después. Música, medicina para el alma», recetaron.

Los pregoneros reconocieron en su divertida y amena intervención que les sorprendió la llamada del diputado general, Ramiro González, para ofrecerles tan digno reconocimiento. «No entraba en nuestra agenda, llena de horas de ensayos, preparando repertorio para la temporada que llega», deslizaron en broma. El verano es su estación. Noches hasta altas horas de la madrugada amenizadas con ritmos pegadizos para disfrute de los vecinos y visitantes de las localidades en fiestas.

Joselu y sus cuatro hermanos mamaron lo que hoy son en una, en su Araia natal. «Descubrimos la música en nuestra familia, en casa. Esas tardes de domingo eran mágicas», añoran. «Mi padre, Félix, ponía las notas con su viejo acordeón y mi madre, Loreto, la armonía que lo envolvía todo». Con más de 90 años a cuestas, «como toda una campeona que es», la amama siguió, emocionada, el pregón. Con el tiempo, entre estudios, mili y currelo, surgió la feliz idea de crear el grupo. Cuarenta años después, ha sido un no parar, una vivencia ininterrumpida. «Es algo más que llegar a la plaza del pueblo», se sinceró Joselu. «Terminado el trabajo sobre el escenario, de regreso a casa, te llevas en tu mochila personal nuevos lazos de amistad». Y el amor. A las que hoy son sus «compañeras, cómplices desde el minuto uno, las madres de nuestros hijos», las fueron conociendo, por descontado, entre una jota y un 'arinarin', entre '¡Ay Anselma! o 'Ama maitea', dos de sus pizas más conocidas, cantadas y bailadas. «Ellas son alavesas y navarricas, con mucho carácter. Son lo mejor de nosotros», reconocieron a sus mujeres.

Los anaiak apostaron desde el principio de su aventura -el éxito está ahí- por «un estilo de música alegre y festiva» que invitara a saltar y bailar a todos los públicos. Su primer trabajo, 'Araiatik Jaliskora', les abrió mercados y con el último por ahora, el octavo, 'Beti eta betiko', festejaron su cuarenta aniversario. Los cinco se declararon, durante el acto, «defensores de nuestras raíces folclóricas». «La música transmite la sensibilidad de un pueblo, une diferentes culturas y anula fronteras», argumentó la voz. Y la danza, añadió, «es componente imprescindible de la fiesta». Ambas de la mano de la tradición y el folclore se constituyen en «verdadero tesoro», al que hay que «cuidar y proteger entre todos».

Pero no solo de las verbenas se alimentan los músicos. Joselu Anaiak compone, estudia, interpreta y dan clases. «Para que brote la chispa de la creatividad hay que estar motivado, ser curioso y perseverante». «Lo mejor es que la inspiración te llegue trabajando», aconsejó al portavoz el gran compositor Carmelo Bernaola. «A la musa hay que llamarla y mimarla muy a menudo», remarcó.

Tantos bailables, 'recenas' y 'gaupasas' han deparado «una trayectoria llena de anécdotas» para Joselu y los suyos, quienes ya peinan canas pero mantienen la voz y el ánimo intactos. Como aquella vez que se presentaron en Aia de Ataun cuando el concierto era en Aia de Zarautz o cuando a la casa de uno llamaron a las tres de la madrugada para resolver la duda de si son o no hermanos. Que lo son.

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