entre viñedos

Eneko Atxa
ENEKO ATXA

Durante mi pequeño viaje diario desde casa hasta Azurmendi puedo disfrutar del cambio continuo que sufre el paisaje de Bizkaia de acuerdo avanzan las estaciones. Estos días estoy empezando a ver en los diferentes viñedos que me encuentro por el camino que, con cierta antelación sobre otros años, se dispara el movimiento. Los pájaros comienzan a catar los pequeños granos de Hondarrabi Zuri, cobrándose así ese impuesto ecológico que pagan fielmente los viticultores y los viticultores vigilan, con más interés aun si cabe, los pequeños racimos que cuelgan de las cepas.

Las uvas van abandonando su color verde para tomar tonos amarillos y ambarinos, señal inequívoca de que hay que empezar e irse preparando para la vendimia, esos días al año mezcla de fiesta y agotador trabajo en la que las personas que han dedicado su día a día a los viñedos recogen el fruto de sus últimos 12 meses de trabajo para ¡por fin! ponerlo a resguardo en la bodega.

Esas doradas uvas concentran no solamente líquido, azúcar y aromas, sino lo que es más importante; miles de horas de sol, días de lluvia, vientos cambiantes, abejas polinizadoras y 12 meses de trabajo de las personas que las miman. En definitiva, ahí va, concentrado y guardado en botellas, un año de Bizkaia.

El txakoli, como todo lo que está vivo, ha evolucionado con el paso del tiempo y la adquisición de conocimiento por parte de todos los involucrados en su elaboración. Aquellos txakolis ligeros y de acidez superlativa han dejado paso a vinos más maduros, con un frescor perfectamente arropado por la crianza en lías o el paso por madera, nuevas técnicas de elaboración en nuestra zona que aplicadas a nuestras variedades autóctonas han llevado al txakoli de Bizkaia a ser uno de los grandes embajadores de nuestra tierra, conquistando mercados cada día en más países a lo largo y ancho del planeta.

No puedo dejar de reconocer que me embarga cierto orgullo de vizcaíno cada vez que en la sala de nuestro restaurante un comensal se sorprende catando nuestros txakolis. Ellos disfrutan del momento y yo también.

On egin!!