El palacio del buen gusto

Joseba Zuazo trabaja las texturas y los contrastes de sabores para lograr una perfecta unión entre la vanguardia y la tradición

J. FIESTRAS

Destila glamour. Un palacete del siglo XVII, en pleno corazón del Valle de Ayala acoge este restaurante que cuida todos los detalles para que sus fieles sigan siéndolo y seducir a quienes los conocen por primera vez. Con prestancia, productos de primera, buena mano entre pucheros y una atención exquisita, Arcos de Quejanag mima a sus clientes aconsejándole entre recetas de postín, ayudándole en el maridaje con vinos de nivel y acomodándolo en un espacio amable.

Arcos de Quejana (Quejana)

Dirección:
Carretera de Beotegui s/n. Teléfono 945399320. No perderse La kokotxa a la parrilla sobre centollo desmigado.

Eso sí, del mismo modo que lo cortés no quita lo valiente, lo clásico no resta importancia al vanguardismo. «Texturas y contrastes de sabores que hacen la fusión de lo tradicional y lo moderno», aseveran. En su carta destacan propuestas como las alcachofas rellenas de Duxelle de setas e infusión de ibéricos, la kokotxa a la parrilla sobre centollo desmigado y su pilpil, el huevo a baja temperatura, corona de hongos y papada sobre cremoso de patata al tartufo o la sopa de pescados de la lonja y txangurro, por ejemplo. Y solo nos hemos metido con los entrantes.

Hay varias formas de gozar del buen yantar en este rincón. Los carnívoros gozarán con el solomillo de vaca con taco de foie a la plancha y pastel de patata, bacón y queso, la carrillera de ternera estofada al vino tinto y cremoso de patata y mantequilla, el chuletón a la brasa con patatas y ensalada o el magret de pato asado con compota de manzana ácida y peras al vino tinto. Y del mar llegan a sus fogones los chipirones a la plancha sobre cama de cebolla pochada, trufas de su propia tinta y toques dulces de cebolla morada de Zalla, el atún rojo a la plancha con verduras asadas a la llama y cherrys confitados a las finas hierbas y sal de Añana, la degustación de bacalao o sus pescados de temporada a la brasa. ¡Ojo a los postres! Si le priva el dulce, lo mejor es encargar antes de la comida la pantxineta con chocolate caliente, una tentación en la que cae cualquiera. Pero también están el coulant de chocolate con bombones de Mango y helado de cereza, la torrija caramelizada con helado de leche merengada o el mousse de yogurt y frutos rojos, entre otras ‘guindas’.

Sin prisas

Disponen de un menú degustación y un menú diario, en el que se puede elegir entre tres primeros, otros tantos segundos y varios postres e incluye vino tinto Rioja o rosado, agua y pan. También está su cocina a fuego lento. «No nos gustan las prisas y, a nuestro entender, la cocina necesita su tiempo. Si quiere probarla puede hacer su reserva de antemano para que le preparemos alubiadas, paellas, cordero asado…», nos cuentan. El joven pero experimentado chef Joseba Zuazo es el maestro que maneja con soltura los fogones del selecto comedor ubicado en la primera y la segunda planta del majestuoso caserío.

Y allí no solo se contentan con ofrecer el mejor producto, también quieren que todo case, el ambiente sea el idóneo y las bebidas, las oportunas. Así, está su ‘bodeguita’, habilitada con las condiciones más adecuadas para la perfecta conservación de los mejores vinos. El del valle es un entorno ideal para degustar un excelente caldo con un aperitivo o realizar una cata con sumiller en el mejor escenario. Y para los ‘peques’ tiene el Gazteleku, un espacio con castillo hinchable, manualidades, juegos, música y más actividades con animadores infantiles.

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