Mundaka: La mejor vista del mundo

En la desembocadura de la ría de Gernika, frente al islote de Izaro y el peñón de Ogoño, la villa invita a pasear antes de sentarse a la mesa

La ermita de Santa Catalina es la imagen emblemática de la localidad, pues se abre al mar con la isla de Izaro al fondo.
Elena Sierra
ELENA SIERRA

Los cruces de caminos tenían, hace mucho, mucho tiempo, su mala fama. Eran los lugares en los que se encontraban las personas que venían desde distintos puntos y por lo tanto espacio de reunión, pero eran, también y sobre todo, ese punto del camino en el que al personal le podía pasar de todo. De todo, y nada bueno, se entiende: perderse, toparse con algún ser extraño, caer en el lado oscuro de la vida. Los griegos creían que ahí se aparecía Hécate, la diosa del averno; los romanos aprovechaban los cruces para ponerse a bien con Mercurio y Diana, respectivamente el mensajero alado y la diosa de la caza, es decir, de lo salvaje.

Mundaka

Cómo llegar
La localidad se encuentra a medio camino entre Gernika y Bermeo por la BI-2235, a 80 kilómetros de Vitoria (por Urkiola) y a 40 de Bilbao (por Mungia).
Web
www.mundakaturismo.com / www.turismourdaibai.com.

En Euskadi, cuando un cortejo fúnebre llegaba a esta intersección de caminos, se rezaba un responso y a veces hasta se quemaba el jergón del muerto. La Iglesia católica pronto comenzó a construir, allí donde se cruzaban los senderos, los cruceros, esos pequeños monumentos de piedra sobre los que hay una cruz. La gente solía detenerse a rezar y a encomendarse a los santos antes de continuar su camino.

Todo esto lo explica una placa situada junto al Palacio Kurutziaga, en Mundaka. Situado en el centro de la localidad marinera, la que es mundialmente conocida entre los surfers por su ola de izquierda, sigue siendo un buen lugar para detenerse y tomar decisiones. Hoy por hoy, cualquiera será correcta, la verdad: hacia la ermita de Santa Catalina, hacia el parque, hacia la playa o, por qué no, hacia el monte Katillotxu. Puede que esta sea la mejor si se empieza la visita de buena mañana, porque si los pies se dirigen hacia el monte, no habrá excusas para no disfrutar más tarde de la gastronomía de Mundaka.

Restos megalíticos

Hacia Katillotxu, lejos ya de las viejas leyendas y peligros, lo que hay es un paseo de unas tres horas y poco más de 8 kilómetros desde los que verde y azul se dan la mano todo el tiempo. El camino va subiendo a un cordal que está a 336 metros sobre el nivel del mar y se adentra en antiguos misterios, los de los restos megalíticos. La ruta es circular y puede comenzarse también desde Sukarrieta; si se empieza por Mundaka, que es el caso, las señales parten desde la iglesia de Andra Mari y llevan hasta Goitiz (con sus caseríos, huertos y pequeños bosques), dejan atrás el depósito de aguas (y la fuente) y entonces hay que hacer un esfuercito para alcanzar la cima.

Desde allí, las vistas de la margen derecha de Urdaibai, la playa de Laida, el peñón de Ogoño, la isla de Izaro, la cima de Atxarre y el encinar de las laderas son espectaculares. Y allí están los dos dólmenes excavados y restaurados hace poco más de una década, además de tres túmulos. Todos ellos son construcciones funerarias que hablan de la presencia humana en la zona en los periodos Neolítico y Calcolítico. Vamos, que se levantaron entre el 3.640 y el 2.880 a.C. Se puede reflexionar sobre ello tranquilamente mirando al mar, a ver a qué conclusiones se llega.

Restaurantes

El Bodegón
La sopa de pescado, receta de la abuela de la actual responsable del restaurante, es un clásico que se sirve todo el año y con mucho éxito. El pescado fresco y la carne se trabajan a la brasa en este local y ahora es época de «mucho bonito, no hay nada como una ijada a la brasa», dice. Cocido se lo echan a las ensaladas. Tienen vivero de langostas y bogavantes que hacen también a la parrilla. Y entre los postres -caseros, claro-, llama la atención una tarta de queso con frutos rojos que está triunfando entre la clientela. En verano no hay menú y comer a la carta sale por unos 40 euros. Cierran los jueves. Dónde: Kepa Deunaren Kalea, 1. 946876353.
La Fonda
En una placita entre callejas, este local tiene menú del día a 12,50 los días de labor y a 15 los fines de semana. No hay carta. Entre los platos más demandados, las croquetas y las rabas para pedir en compañía y como ración, y ya más contundentes, las carrilleras y los chiripones. También y por supuesto, según los que saben, los postres caseros. Cierra los lunes excepto si es fiesta. Dónde: Plaza Olazabal. 946876543.
Casino de Mundaka
Es famoso el arroz con txirlas, y ya si se puede comer en el comedor con vistas al mar, mejor que mejor. Deberían cobrar el doble en ese sitio... aunque las vistas hacia el parque de la iglesia tampoco son malas. Dispone de dos comedores y pedir a la carta puede costar unos 35 euros mientras que los menús del día son de 12 de lunes a viernes y de 30 los fines de semana. El rape con almejas y el bonito con tomate y piperrada son otras dos especialidades del Casino. Dónde: Kepa Deunaren Kalea, 1. 946177056.
Portuondo
Pescados y carnes a la brasa con productos de temporada priman en este establecimiento. De primero, una ensalada con tomates de Arteaga, pimientos rojos asados y bonito cocido, por ejemplo. Y luego unas kokotxas de merluza a la brasa con un punto de pilpil y vizcaína. De postre, canutillos de crema con chocolate (50/60 €). Cierra los lunes, si no es fiesta. En el mismo recinto del camping hay una pollería que abre de viernes a domingo, y allí se puede comer por entre 15-20 euros un buen pollo asado. Dónde: Camping Portuondo 946876050. Web: www.campingportuondo.com.
Hotel El Puerto
En el mismo puerto, en un rincón privilegiado, se encuentra este pintoresco hotel que también tiene bar y una hermosa terraza con vistas a las embarcaciones amarradas. En el establecimiento no hay ni menú ni carta, sino pintxos. Para un primer contacto con la gastronomía local, entonces. Dónde: Portu Kalea, 1. 946876725. Web: www.hotelelpuerto.com.

El sendero comienza después a bajar y pasa por la casa torre de Munitiz (de un mucho más cercano siglo XVI, pero tampoco está mal la cosa) y llega hasta Sukarrieta para volver a Mundaka por Portuondo, desde cuyo mirador se tiene una de las mejores panorámicas de la ría. Una vez de vuelta en el núcleo urbano, después de haber pasado sobre la playa de Laidatxu y haber echado un ojo al jugueteo de los surfistas, que nunca faltan, merece la pena ir siempre lo más cerca posible del agua: por Txorrokopunta hasta la iglesia de Andra Mari (que data del siglo XI, aunque las luchas banderizas la dejaron en la ruina y fue reconstruida en el XVI), el mirador de la Atalaya, el puerto con sus coloridas casas de estilo vasco y locales para tomar algo... No es extraño encontrarse a personas tomando el sol en las inmediaciones.

Y así, paso a paso, hasta la península de Santa Catalina. Dicen que este lugar, donde está la ermita del mismo nombre, tiene algo especial, que es uno de esos sitios donde hay buena vibra. Será. Lo cierto es que las vistas son alucinantes desde allí, que las murallas que rodean la ermita son antiguos restos de un fortín y que debido a su lejanía del núcleo urbano ha tenido usos diversos a lo largo del tiempo: fue lugar de reuniones de la cofradía de pescadores y el improvisado lazareto al que llevaban a los enfermos contagiosos en época de epidemias.

Ahora que para eso último ya existen los hospitales, en el entorno de la ermita se celebra cada julio el Mundaka Festival, que marida lo mejor de la escena musical y gastronómica nacional e internacional en un entorno único. Y hablando de gastronomía, ya va siendo hora de buscar dónde degustar un buen pescadito a la parrilla, ¿no?

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