Juanjo San Pedro: «Nuestro paisaje es más bello que el de la Toscana»

El autor de ‘Rioja Alta’, el Mejor Libro de Vino del Mundo 2013, propone pintar de color siena tostado los pabellones agrícolas y las construcciones que afean el horizonte. «Nos haría reconocibles y traslada al mundo una imagen de unidad», subraya

Juanjo San Pedro: «Nuestro paisaje es más bello que el de la Toscana»
Julián Méndez
JULIÁN MÉNDEZ

Estos días de otoño el pintor Juanjo San Pedro (Laguardia, 1945) anda entre los renques recién vendimiados, tomando apuntes a la acuarela de las viñas junto a sus alumnos. Los pinceles de San Pedro han sabido atrapar como nadie la majestuosa belleza natural (y humana) que se despliega a los pies de Sierra Cantabria. Un esplendor que San Pedro siente amenazado.

En un puro ejercicio de selección, el pintor debe sacar de su encuadre líneas eléctricas, pabellones agrícolas, construcciones mastodónticas, coloridos engendros, urbanizaciones de adosados, chalets faraónicos y grúas que quiebran tanto atractivo. «El paisaje es testigo de la evolución del ser humano, es un calificador de nuestro nivel cultural y económico... Aquí, en Rioja Alavesa, la llegada del dinero ha hecho que se tiren muchas edificaciones. Con ellas han desaparecido pedazos de nuestra historia, gran parte de ese trabajo manual realizado por el hombre para embellecer su entorno: esos chopos tan altos y elegantes, los ritmos con las hiladas en las viñas, las manchas oscuras de las encinas, las terrazas que sujetan la tierra», sostiene este buscador de belleza.

Él sabe cómo encontrarla y llevarla al papel: Su obra ‘Rioja Alta’, en la que muestra viñedos, chozos, pueblos, choperas junto al Ebro y los cambiantes colores de la omnipresente Sierra Cantabria, recibió en Pekín el premio al Mejor Libro de Vino del Mundo. «Como artista, idealizo el paisaje. Para mí, como lo pinto es como debería estar», asegura. «Pero a la velocidad que lo destruimos, en unos pocos años habremos transformado totalmente estos parajes. Ya hay hasta bodegas en las laderas. Todo es una cuestión de sensibilidad, de luchar por la preservación de un paisaje que es un legado y del que vienen a disfrutar las miles de personas que nos visitan. No tengo dudas de que nuestro paisaje es tan bello, o más, que el de la Toscana», suspira.

Pabellón gigante para un tractor

San Pedro, que vivió y trabajó en Lanzarote, tuvo en su colega César Manrique a un referente. Un artista que convirtió el atractivo natural (y el fruto de la actividad humana) así como su preservación en un plus de singularidad (y también de ingresos). «Debemos crear conciencia, orgullo sobre esta herencia. Entender la belleza que encierra el rigor de lo pétreo, el valor de la vetustez que parece agredir el mal gusto del momento. ¿Qué sentido tiene edificar al lado de un viñedo un pabellón de doce metros de altura donde solo se guardan un tractor y cuatro sacos de abono? Pues esa es la norma. La viña, el almacén, la casa tienen un dueño, pero el paisaje es de todos. Hoy hay pueblos milenarios que parecen Port Aventura», protesta el artista.

Su propuesta es «retirar de Rioja Alta todo lo que no aporte belleza y no transmita una imagen amable». «Un polígono industrial no es nada bello y en Laguardia hay cuatro, pero eso ya no tiene remedio... La solución sería plantear un foro para debatir estos asuntos con criterios variados y sin intereses individuales», dice San Pedro, que se ha dedicado a fotografiar los adefesios urbanísticos que encontraba a su paso. Con ellos elaboró un catálogo que entregó en su día a la Diputación.

Hoy, después de que se perdiera la batalla para que la Unesco incluyera en su listado de bienes Patrimonio de la Humanidad el paisaje y la cultura del vino y el viñedo riojano, San Pedro propugna retomar la idea en un clima de consenso. El primer paso sería pintar pabellones y demás engendros de siena tostado, «un color luminoso, muy absorbente y amoroso que no roba luz a la Naturaleza». «Además, daríamos imagen de unidad y un sentido comunitario a nuestro paisaje», dice el artista mientras vuelve a mojar en agua su pincel para construir el color del cresterío y los barrancos de Sierra Cantabria, telón de fondo de este embriagador escenario.