Una estrella sobre el tablao flamenco

David García muestra un plato. / Marta Jara
DAVID DE JORGE

Con más de 60 años de andadura y convertido en uno de los símbolos de Madrid desde su inauguración en 1956, ofrece cada noche una experiencia única gracias a su apuesta por la máxima calidad tanto en la programación artística como en su renovada oferta gastronómica. Los americanos, que son muy listos y se beben nuestro Vega-Sicilia Único a morro, incluyeron el establecimiento en el libro ‘1.000 sitios que ver antes de morir’. Ubicado en Las Vistillas, en La Latina, por sus tablas pasaron desde Pastora Imperio a Blanca del Rey, lanzando a figuras de relumbrón como Antonio Gades, La Chunga, La Paquera de Jerez, Lola Greco, Diego el Cigala, José Mercé o Antonio Canales entre otros.

Su escenario, además, protagonizó algunas de las páginas más memorables de la historia del arte flamenco, hitos como la presentación de ‘Entre dos aguas’ de Paco de Lucía, el despegue profesional de Isabel Pantoja o las noches con duende del gran Sabicas. El Corral ha proyectado internacionalmente el mejor flamenco, manteniendo su espíritu de empresa familiar gracias a la singular figura de Manuel del Rey, fundador del tablao, proveniente de una familia dedicada al oficio de restaurantero, que llegado el momento ideó la fórmula del éxito al combinar el mejor flamenco con una mesa arreglada y mejor atendida.

Un gran cocinero

Hoy son sus hijos Juan Manuel y Armando los encargados de dirigir y renovar la institución, proyectándola hacia el futuro y armando una cocina de competición con el gran David García al timón del buque insignia. A lo largo de su historia, albergaron entre su clientela a destacadas personalidades internacionales de la política, el arte o el deporte, y no es raro encontrar entre sus mesas a estrellas de la música de incógnito, actores de Hollywood ocultos bajo gorras de beisbol, presidentes de Gobierno con ganas de mambo, empresarios de relumbrón o miembros de familias reales.

Fotos de famosos asiduos al local. / Marta Jara

Y les hablaba del gran David, pedazo de cocinero al que conozco hace muchos años, que mamó el oficio desde crío, pues su familia capitaneó el Támesis mientras de chaval lidiaba con los pucheros en la escuela de hostelería de Santurtzi. Por las ganas que ponía en la confección de los sofritos, lo mandó su padre a ver a Martín Berasategui para que le diera su bendición y le tomara las medidas para su traje de luces, y el obispo de Lasarte lo adoctrinó enseñándole a torear becerras y a manejar el capote. Aprendiendo oficio, disciplina, técnica y temple, se echó el macuto a la espalda aterrizando en la capital del reino, listo para lidiar en las Ventas con el paquete más prieto que el de Manolete, consiguiendo en poco tiempo su estrella Michelin.

Muchos recuerdan con emoción los tuteos de Blanca del Rey con Nureyev, Maya Plisetskaya, Mikhail Baryshnikov o Maurice Bejart, la visita secreta del comandante Ché Guevara, las andanzas de Ava Gardner con Frank Sinatra y Luis Miguel Dominguín, las bulerías de Ronald Reagan con Lucero, la juerga de John Lennon o el intento de Dalí de asistir con su mascota, que no era gatito manso sino pantera negra

Si a semejante farra le suman una cocina perfectamente ejecutada y una bodega con especial querencia hacia los vinos del marco de Jerez, el asunto se convierte en la mejor oferta lúdica del Madrid de los madriles. En resumiendo, pónganse hasta el gollete cenando mientras escuchan a los grandes o reserven una mesa en el coqueto comedor si lo que necesitan es concentración para el ligoteo o el ejercicio de cualquier arte que quieran poner en práctica sin la molestia de un taconeo, aunque sobre decir que ustedes se lo perderán.

El arte de los tomates

En el Corral de la Morería podrán gozar de un buen jamón o de unas almejas en salsa verde, percebes o producto en bruto, pero no olviden que el chef tiene oficio y se recrea con los tomates cosa fina, guarneciéndolos con dátiles, espárragos y ajoblanco. O no se corta un pelo pringando sus raviolis con bogavante o rellenando los tomates de chipirones o rociando los huevos escalfados con una sopa untuosa de cocido madrileño, con su morcillo, su hueso de jamón y su cañada.

Y así suena y sabe todo, no se andan con chiquitas y los pichones bailan a lo ‘agarrao’ con el trigo sarraceno estofado, las patatas rustidas le hacen palmas al cordero o el parmentier y un jugo de vino oloroso hacen lo propio con un pollo de corral. Aquí es todo bravo, valiente, genuino, de verdad. Ya les gustaría tener semejante despliegue de arte y emoción a tantos garitos de plexiglás que se abren con abundancia en la billetera y tanta chorrada, pero a los que les falta esa sabia y esa raza que el Corral atesora con pasmosa naturalidad.

Datos de interés

Dirección
Morería, 17.
Teléfono
913658446
Web
www.corraldelamoreria.com
No perderse
Raviolis con bogavante.

Temas

Madrid