Cocina de exposición

Apuestan por sorprender al personal con una cocina joven y fresca, una atención cordial y un decorado casi mágico

BLANCA CASTILLO
JOSEBA FIESTRAS

El vanguardismo se caracteriza por ir más allá de su época, por la exploración de nuevas técnicas artísticas y materiales que antes no habían sido explorados. Y el escenario en el que habita el Cube propicia este viaje al futuro gastronómico. Los platos, el entorno y los profesionales que allí trabajan apuestan por sorprender al personal con una cocina joven y fresca, una atención mimosa y un decorado casi mágico. Allí se levantan temprano para comenzar el día con buen pie. Sus desayunos son míticos. Lo mismo te ponen una tostada con aceite o mermelada, un pintxo de tortilla o bollería casera como que te ofrecen un zumo de naranja recién exprimido. Todo a gusto del cliente, que pica algo mientras hojea la prensa del día o se conecta a internet para arrancar la jornada.

A mediodía las comidas son de aúpa. Tienen un menú diario (16,50 euros) con tres primeros y otros tantos segundos para elegir, con viandas como el risotto de hongos, champis y setas con lascas de Idiazabal, las verduritas en tempura con sweet chili, las lágrimas ibéricas con chips y cremoso de foie, el revuelto de bacalao, el atún rojo a la plancha con parrillada de verduras y su refrito, el salmorejo cordobés con picadillo de jamón y huevo duro o la merluza asada con espinacas al ajillo, chips y refrito de cherrys, por ejemplo.

El bacalao confitado a baja temperatura con trigueros y una fina salsa de alioli es una de las recetas de Monir Elgarouanil. La propuesta, degustada con uno de los vinos de su bodega, resulta fantástica. Para los carnívoros, proponen esta chuleta con pastel de panceta ibérica, higos confitados y piquillos al Oporto.

La carta es también amplia y está repleta de tentaciones, y viene encabezada por una cita de Gabriel García Márquez que dice: «El amor es tan importante como la comida, pero no alimenta». Se puede comenzar degustando sus famosas croquetas caseras de jamón ibérico y morcilla, las gambas blancas de Huelva, las anchoas del Cantábrico con rúcula y tomate confitado, unos calamares a la andaluza, ensaladas variadas o el wok de verduritas de temporada al estilo Thai con jamón. De sus pescados destaca el tataki de salmón, que lo hacen exquisito, aunque también suelen proponer al visitante el pescado del día al horno o a la plancha.

Ternera o potro

Para los amantes de la carne sugieren solomillo de ternera con crema de foie, chalotas confitadas y crema de patata o secreto ibérico de bellota con patatas a lo especial. También tienen hamburguesas artesanas de ternera o pollo, torta de Aranda con pollo o el bocadillo vegetal de pan de multicereales con verduras asadas y crema de queso.

El Cube dispone de una de las terrazas más atractivas de la ciudad. El comedor y el museo comparten edificio y se nota a tenor del interiorismo. Arte, cultura y gastronomía caminan de la mano con la organización de eventos en espacios alternativos dentro del museo como cócteles, conciertos o actuaciones de cualquier formato.

Un buen final siempre alimenta el espíritu, y aquí se consuma con arte. Su tarta de queso casera con frutos rojos y helado de caramelo es un buen ejemplo, aunque no descarten endulzarse con el pastel crujiente de vainilla o el brownie de chocolate blanco con helado de violeta. Y si prefieren el salado, nada mejor para culminar una pitanza que el surtido de quesos del país con dulce de membrillo y nueces.

«Nos gusta la gastronomía cercana, imaginativa, relajada, accesible. Así somos nosotros y así queremos que se sientan nuestros clientes», advierte Pablo Grimaldi, alma mater del restaurante, un joven emprendedor que un buen día se enamoró de ese espacio y decidió dotarlo de vida y dinamismo. Cuentan, además, con una amplia bodega provista de diferentes denominaciones de vinos tintos, blancos y rosados, y varios cavas y champanes.

Cube Artium (Vitoria)

Dirección
Francia, 24.
Teléfono
945203728.
Web
www.cubeartium.com.
No perderse
El tataki de salmón.