Una bodega de gran solera

Ubicado en un caserón malagueño del siglo XVIII, El Pimpi es una de las bodegas con más solera de la ciudad. De la mano de Antonio Gala y gracias a las lecturas poéticas de Gloria Fuertes, se convirtió en el lugar de tapas emblemático de Málaga, por el que han pasado ilustres de la cultura, flamenco, cine, música y política, que han dejado su firma en las barricas

El salón de los barriles. / JORGE ZAPATA
DAVID DE JORGE

El Pimpi es una de las bodegas más castizas de toda Málaga y en sus casi 50 años de farras y de servicio al respetable se ha convertido por méritos propios en lugar de encuentro de vecinos y guiris. Está localizada en pleno corazón de la ciudad y a muy pocos pasos de la catedral, junto al Museo Picasso y la plaza de la Merced, frente a la alcazaba y el imponente teatro romano. Según reza el diccionario de malagueñismos de Juan Cepas, el Pimpi era un tipo muy popular que solía dejarse ver por el puerto para ayudar a las tripulaciones en los desembarcos o para acompañar a los viajeros por las callejuelas de Málaga. Debió de ser un avispado buscavidas que improvisó un atento y simpático servicio de guía turístico. Así que los ‘pimpis’, si nos atenemos a las crónicas de la época, fueron los primeros guías de la ciudad de Málaga. Aquellos ‘pimpis’ llevaban antes a los turistas primerizos por todos los rinconcillos y andarían lidiando con tapitas, tragos y tablaos.

La tasca que hoy nos ocupa, fundada por los cordobeses Paco Campos y Pepe Cobos en agosto de 1971 en una vieja casa de larga historia e intachable pedigrí, es una venerable institución por la que pasó todo mosca y el lugar en el mundo en el que se siguen celebrando festejos tan antiguos como las Cruces de Mayo, los Belenes, la Semana Santa, la Feria de Agosto y la gran fiesta de la patrona de la ciudad, Nuestra Señora de la Victoria.

Patio de La Repompa

Pero vayamos al grano. La solera del establecimiento que hoy nos entretiene, pringada de aserrín, vino generoso y grasa de jamón, se levanta sobre una antigua calzada romana y, mucho antes de convertirse en ilustre taberna, fue caballeriza del cercano Palacio de los Condes de Buenavista, convento de monjas de clausura y, ya entrado el siglo XX, tablao flamenco y cabaret, como los de París pero sin tanta cursilada y floripondio.

Si entran por la hermoseada puerta principal de la calle Granada tropezarán con el florido patio de La Repompa, una de las más celebres y populares cantaoras malagueñas, nacida en el Perchel y fallecida muy joven en 1959. Si lo atraviesan, santígüense, pues pasarán por la sala de las tertulias, que toma el nombre de Antonio Gala, buen amigo de la casa y cuyas fotografías cuelgan de las paredes. Y por fin se tropezarán con la inmensa barra, sus cañeros de cerveza y los camareros uniformados listos para despacharles lo que les venga en gana.

Datos de interés

Dirección
Granada 62 y Jardines Alcazabilla.
Teléfono
952228990 / 952225403.
Web
www.elpimpi.com
No perderse
Camarones fritos sobre pisto malagueño.

En las paredes, todas las fotografías que dan testimonio de los artistas, escritores, políticos y personajes ilustres que pasaron por allá antes que ustedes. Si ya tienen la copa en la mano o la cervecita helada, avancen unos metros para darse de bruces con un nuevo patio cerrado en el que encontrarán al cortador de jamón, así que sírvanse una ración del que más les plazca, pues la selección suele ser de órdago: Jabugo, Pedroches y Extremadura. Miren a su alrededor y admiren la hermosa fuente barroca que antaño fue abrevadero y que hoy llaman patio de Gloria Fuertes. Y desde allá, podrán acceder por unas empinadas escaleras al palomar de Picasso, un hermoso y austero salón en el que se alcanzan unas vistas majestuosas sobre el teatro romano y la alcazaba.

Vinos de las serranías

Se les habrá vaciado la copa y no sentirán ya el saborcillo del jamón, así que bajen de nuevo al piso y accedan al salón de los Barriles, que es la bodega propiamente dicha. En todas sus soleras se criaban los vinos malagueños vendimiados en las serranías que rodean la ciudad, un vergel de uva moscatel de la que se obtenían por exposición al sol las celebres pasas y los no menos reputados vinazos que se manufacturan con ellas y que dan fama a Málaga en el mundo entero. Si levantan la vista verán unos barcos que penden del techo que recuerdan el comercio marítimo y vinatero de otros tiempos, cuando aquellos vinazos viajaban hasta Norteamérica, Inglaterra o la corte de los mismísimos zares.

Temas

Málaga