El Bierzo, el cocido maragato ruge en León

Y la cecina, y el botillo, y la sopa de ajo... bienvenido a esta comarca leonesa

El puente de los Peregrinos de Molinaseca con la Iglesia de San Nicolás de Bari/RAMÓN GÓMEZ
El puente de los Peregrinos de Molinaseca con la Iglesia de San Nicolás de Bari / RAMÓN GÓMEZ
ANE ONTOSO

Es el único cocido que se come al revés. Sí, han leído bien, un guiso que se come en orden inverso al habitual. Empezamos con las carnes y continuamos con el repollo y los garbanzos para terminar con la sopa de fideo. Cuentan los parroquianos de Castrillo de los Polvazares, la tierra de la Maragatería, que cuando los maragatos arrieros recorrían las tierras de España guardaban en su fiambrera porciones de carne de cerdo cocida que era lo primero que comían al llegar a las posadas. No llegaba caliente por lo que, para entonar el estómago, pedían al posadero una sopa o caldo caliente. Otras lenguas manifiestan, en cambio, que cuando los franceses andaban por estos lares en el siglo XIX, ante una inminente batalla priorizaron tomar las carnes, de modo que si algo sobrase fuera la sopa. De lo que no hay duda es que, con motivo del paso por estas tierras del Camino de Santiago (el francés), es sabido que cuando llegaban los peregrinos, muertos de frío, se les daba este preciado e impetuoso cocido que resucitaba hasta a un muerto.

Molinaseca (León)

Cómo llegar
Molinaseca se encuentra a 6 kilómetros de Ponferrada, a cuatro horas de Bilbao y a 3,40 horas de Vitoria, por la autopista de Burgos A-231. Después, dirección Astorga-Ponferrada.
Web
molinaseca.es y turismoleon.org.

Comencemos pues esta propuesta por la comarca de El Bierzo, inmersa donde antaño bullera el reino de León. Nuestro recorrido parte hacia Astorga, la que será la primera parada ‘in itinere’ antes de entrar en territorio berciano. Merece la pena apearnos para admirar el Palacio Episcopal, obra del arquitecto Antoni Gaudí en su periodo neogótico, que alberga la sede del Museo de los Caminos. Una construcción que, sin duda, nos transportará a una dimensión fantástica, de cuentos sobre castillos, encantamientos y dragones. Que el viajero no olvide comprar las golosas mantecadas de Astorga antes de proseguir.

El famoso cocido maragato.
El famoso cocido maragato. / RAMÓN GÓMEZ

Herrería operativa

Continuaremos hacia Castrillo de Los Polvazares, del que ya hemos mencionado sus antecesores arrieros y su famoso cocido que ruge en la provincia leonesa, amén de su preciado botillo -tripa gruesa en la que se embuten diversos tipos de carne de cerdo adobada-. Considerado como Conjunto Histórico-Artístico, el pueblo es bien conocido también por su suelo enmoquetado de piedra. Los caminantes hacia Santiago suelen bajar desde este pueblo rumbo a Molinaseca, nuestra siguiente parada, no sin antes depositar como es costumbre una piedra en la Cruz del Hierro, que hoy rebosa de una pila importante.

Recomendamos pasear por estos pagos pese a no ser peregrino, más si el manto blanco de invierno ha cubierto su tez para disfrutar de una bucólica (y fresca) caminata. En la bajada a nuestro destino se halla el pueblo de Acebo, jalonado por auténticas casas de montaña con gatos en sus cornisas que desafían la ley de la gravedad, fieles a su dogma de las vidas en septeto, y más abajo podemos encontrar la aún operativa Herrería de Compludo (para visitas hay que contactar con Oficina de Turismo 987424236), cuyo sistema se remonta a épocas romanas. Cerca se ubica el pueblo de Compludo, donde degustar buena cecina, un pequeño escarceo en nuestro obediente e indiscutible hábito de dieta sana.

Restaurantes

Mesón Puente Romano (Molinaseca)
Bajo las faldas del Puente de los Peregrinos desde hace medio siglo, el Mesón Puente Romano enamora al visitante, le clama un encuentro obligado para degustar sus delicias. Por encargo la paella de marisco o el botillo, y en carta las setas -a la plancha, en revuelto...-, las ancas de rana o su exquisito (palabra) caldo berciano preparado a la antigua son algunas de las propuestas que confecciona el premiado y televisivo chef Juan Carlos Aldonza. La cocina permanece abierta todo el día, por lo que se puede comer a cualquier hora hasta las once de la noche. Dónde: La Presa, 1. Cierre Lunes. Teléfono 987453154. Web mesonpuenteromano.com.
Palacio de Canedo (Arganza)
José Luis Prada apostó en los 90 por el Palacio de Canedo donde hoy radica su industria artesana de conservas, bodega, alojamiento y restaurante. Un complejo enoturístico bajo la marca Prada A Tope que también ofrece visitas guiadas por los viñedos. Destacan su botillo con patatas cocidas, repollo y garbanzos, el bacalao sobre crema de puerros y pilpil de sus pimientos asados, la morcilla de León, costillas adobadas de matanza, revuelto de cecina y pimientos asados y la empanada batallón (patatas, cebolla y carne adobada). Dónde: La Iglesia, s/n. Web pradaatope.es. Teléfono 987563366.
Cuca La Vaina (Castrillo de los Polvazares)
En esta coqueta hostería de siete habitaciones el plato estrella es el cocido maragato (20 €) de la cocinera Anita Coque, que lleva desde que abrió sus puertas en 1993. La receta triunfa por la lenta cocción de los garbanzos junto con el curado y ahumado de las carnes y el desgrasado de las mismas así como el de la sopa. Disponen de platos de cocina tradicional como gallo de corral, bacalao, cecina, pimientos asados, croquetas, ensaladas... Pese a contar con un reducido número de dormitorios, en Cuca La Vaina caben hasta 170 comensales. Dónde Jardín s/n. Cierra Lunes (salvo festivos). Web cucalavaina.es. Teléfono 987691034.
De Floriana (Molinaseca)
De Floriana es un hotel-restaurante con mucho encanto que ofrece cocina de mercado y una carta para diseñar al gusto que cambia cada mes. El jefe de cocina Juan de Dios Merino se encarga de elaborar con mimo el dumpling de langostinos y verduras con salsa Unagi, el carpaccio de vieira y salmón, el rodaballo confitado o la pluma ibérica con salsa chipotle. Hasta el 8 de enero solo abrirán de viernes a domingo; después, todos los días de la semana. Dónde Avenida Fraga Iribarne s/n. Web defloriana.com. Teléfono 987453146.

Llegamos entonces a Molinaseca. En este pueblo pintoresco declarado Conjunto Histórico (Bien de Interés Cultural) destacan la iglesia de San Nicolás de Bari y, por supuesto, el Puente de los Peregrinos, una construcción de planta románica que sobrevuela el río Meruelo. En épocas de frío no habrá un bar que no ofrezca una sabrosa sopa de ajo calentita para afinar el cuerpo.

El Valle del Silencio

La ventaja de pernoctar en Molinaseca es que desde allí nos podemos desplazar en todas direcciones. Ponferrada, donde descolla el castillo templario y sus callejuelas medievales, se encuentra a seis kilómetros. También podemos movernos a Las Médulas, tierra de color ocre Patrimonio de la Humanidad y antigua explotación minera de oro romana. O subir hasta Peñalba de Santiago -la carretera es dura pero quienes lo han visto aseguran que merece la pena el esfuerzo-, el pueblo más alto del Valle del Silencio, repleto de robles milenarios, donde se retiraban los monjes a rezar. Está considerado Bien de Interés Cultural con categoría de Conjunto Etnológico y en él se puede contemplar la iglesia califal o la cueva de San Genadio, así como sentarse en la taberna para tomar un Tilenus (uva Mencía) con jamón, cecina, chorizo y genuino pan de pueblo.

Cerca aparece el monasterio de San Pedro de Montes o el de Santa María de Carracedo, una antigua abadía (siglo X), algo derruida pero que aún se puede visitar. Para los amantes del enoturismo, no pueden dejar de conocer el Palacio de Canedo (Arganza), en el que realizan visitas guiadas por los viñedos de 32 hectáreas de Mencía y Godello en carroviñas, un carro eléctrico y respetuoso con el medio ambiente. Y esto es solo el principio...